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AMÉRICA LATINA
La antesala del infierno
Columna de Manuel R. Villacorta O.
Guatemala vive momentos de angustia y dolor. Hace pocos días fueron masacrados 27 humildes campesinos que buscaban vender su fuerza de trabajo para agenciarse de algunos recursos, y con ello asistir por un tiempo las agobiantes necesidades de sus familias. Pese a que organismos internacionales habían comunicado al Gobierno de Guatemala el inminente riesgo que corren las familias campesinas asentadas en todo el territorio de Petén, como de costumbre, no se hizo absolutamente nada. Hubo que esperar la ejecución de la matanza para que el Presidente reaccionara y en junta de gabinete declarara el Estado de Sitio en ese departamento. Una vez más se revela la incompetencia gubernamental.
Es evidente que el poder militar que poseen los delincuentes organizados en muchas ocasiones supera con creces los recursos de nuestras escuálidas fuerzas públicas. Pero esto no implica que debamos arrodillarnos ante el crimen y que aceptemos como corderos en holocausto el trágico final. Esta condenable masacre no debe quedar impune. Porque precisamente la fragilidad de nuestras fuerzas públicas y la ausencia del Estado de Derecho en Guatemala, son los carburantes que permiten el auge y consolidación del crimen organizado en el país.
Considerar las acciones del gobierno de Colom implica pérdida de tiempo. En pocos meses él y su gestión serán historia. Pero obliga la situación a preguntarnos respecto a la posición que habrían de tomar la docena y media de candidatos a la Presidencia, dado el caso alguno de éstos se convierta en el primer mandatario nacional, respecto al auge de la violencia y la constante pérdida de vidas humanas. Seguramente recurrirán al lenguaje confuso y pastoso para confundir. Recurrirán a la exposición de sus fantasiosos programas haciendo referencias a experiencias ajenas de resultados exitosos. Nos ofrecerán copy-pastes y nada más. Lo mismo en materia de educación, salud pública, reactivación económica y empleo. Impostura, nada más.
Hablemos claro y directo: esta masacre anuncia lo que todos temíamos hemos llegado a la antesala del infierno. Si la guerra interna pasada generó genocidios y hasta etnocidios, si la guerra pasada destruyó mucha de nuestra endeble infraestructura nacional, esta otra, la que se anuncia, será mucho peor. Se inició en el área rural, teniendo como víctimas a los campesinos expoliados de Guatemala, pero fácilmente podrá llegar a las áreas urbanas, como ocurrió en Colombia y ocurre hoy en México. Nuestra posición geográfica, la topografía nacional, la ausencia de un Estado de Derecho y la inminencia de gobiernos incapaces de cumplir con sus obligaciones en materia de seguridad, apuntalan la hipótesis de que el crimen organizado llegó para quedarse.
Una vez más el único recurso que posee Guatemala en esta coyuntura son las organizaciones de la sociedad civil, aquellas que han luchado en condiciones adversas en contra de la violencia y la impunidad. Y por supuesto, los medios de comunicación, que hoy están asumiendo con valor todos los riesgos sin evadir su compromiso histórico con Guatemala.
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