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Qué temprano se nos hizo tarde
Por José Carlos García Fajardo - Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid
Qué temprano se nos hizo tarde. Es la sensación que nos invade ante las mutaciones de la vejez. De la actitud que adoptemos depende seguir siendo nosotros mismos hasta la culminación de la vida. Ser felices sabiéndonos adaptar como agua al terreno sin dejar de ser agua. ¿Le preocupa envejecer? ¿O su papel en la sociedad cuando tenga 60, 70 u 80 años?
Muchas personas se preocupan por si hay vida después de la muerte. Lo que es evidente es que hay vida antes de la muerte. Y es necesario vivirla con dignidad, con la mayor autonomía posible, con salud y en buena forma física, relacionándose con los demás, participando en actividades apropiadas a la riqueza del tiempo con el que ahora vivimos.
Hay mucha vida después de los 60, y la sociedad aprecia cada vez más la contribución de las personas mayores. Aprovechar más de la vida, no menos, cuando se envejece, tanto en el trabajo como en casa o en la comunidad.
Con un control médico regular y programado, con un plan de vida al igual que hacíamos en nuestros años de formación, con alimentación adecuada a nuestras necesidades, con ejercicio físico diario, consultado por su médico, y en casi todas las situaciones, con una caminata diaria al aire libre. Poniendo en activo y ejercitando las capacidades para hacer cosas que no hemos podido durante lo años en los que teníamos otras responsabilidades: cuidar plantas, juegos, lecturas, paseos, viajar, escribir, asistir a conferencias, museos, hobbies, y a disfrutar lo más posible de las facilidades que nos permiten los nuevos medios de comunicación social. En Internet, Facebook, Twitter, blogs, chats, Skype, etc.
Con demasiada frecuencia, tanto las personas como las sociedades creen que hacerse mayor es un engorro y no un triunfo. Un desafío lleno de oportunidades adecuadas a nuestra edad y capacitaciones. Nuestra experiencia personal, familiar, académica, profesional, laboral y de toda índole puede ayudar a muchas personas de todas las edades. A los mayores, para hacerles comprender que son necesarios y que es preciso que se mantengan activos, que pueden y deben participar en actividades sociales.
A las personas de edad media, porque aliviaremos sus preocupaciones de envejecimiento y porque podremos mostrarles cómo es posible mantenerse con autonomía con una vida llena de posibilidades. Con humor y con libertad, con alegría y con disponibilidad, responsables de nosotros mismos y de nuestro entorno, cooperando con organizaciones de la sociedad civil y siéndonos útiles y necesarios para otras personas, ambientes y comunidades. A los jóvenes, porque comprenderán que los mayores llevamos dentro al niño que fuimos o al joven que pudimos haber sido.
No se trata de añadir años a la vida sino de vivir el tiempo que tenemos ante nosotros con plenitud y satisfacción. Claro que no podemos tirar de un carro o hacer esfuerzos propios de otras edades. Pero sí podremos mantenernos activos, despiertos y capaces de compartir conocimientos y habilidades. Pero, sobre todo, prevenir situaciones de dependencia, que llegarán o no, pero que nos encontrarán más capacitados y mejor dispuestos. Esto es posible y somos muchos los que nos hemos puesto en camino. Porque, en nuestras sociedades, cada vez somos más los mayores de 65 años que los menores de 25, y no queremos ser una carga para nadie sino disfrutar de ese capital vital y existencial que hemos ido acumulando durante toda una vida.
Aquí entra la imperiosa necesidad de la Solidaridad intergeneracional. No son pocas las personas mayores que viven solas ni menos los jóvenes que no han podido desarrollar esa riqueza de una vida familiar plena. Matrimonios separados, familias desestructuradas, hijos con vida independizada, migraciones, separaciones físicas que hoy pueden ser superadas con esta maravilla de los nuevos medios de comunicación que nos permiten en tiempo real establecer contacto con nuestros seres queridos, amigos y nuevos conocidos. La soledad querida, vivida, enriquecida es algo muy distinto al aislamiento impuesto o soportado. Tenemos una tarea, nosotros, los viejos, que no se puede improvisar y que podemos compartir.
El aumento del número de personas mayores se percibe como una carga para las más jóvenes en activo. Sin embargo, hoy vamos cumpliendo años con mejor salud que las generaciones anteriores. Y los mayores tienen unos conocimientos y unas experiencias válidos que los más jóvenes pueden aprovechar. A mis 75 años me siento dichoso y activo relacionándome a diario con miles de personas con las que compartir experiencias, lecturas, viajes, conocimientos, sabiduría gracias a Internet.
El Año Europeo quiere concienciar sobre los distintos problemas y las mejores maneras de abordarlos. Pero más que nada, quiere animar a los responsables a establecer objetivos por sí mismos y actuar para alcanzarlos.
Redes de encuentro y afectos
Por José Carlos García Fajardo - Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid
Después de treinta años de enseñanza en la universidad, cada vez me impresiona más la sensación de orfandad, de desamparo y de fragilidad que muestran los jóvenes universitarios, tan provocadores y descarados por fuera, pero en realidad tan necesitados de ser escuchados. Hemos convertido la universidad en una guardería de adultos para atiborrarlos de conocimientos en una demencial tarea impropia de su ser auténtico, de ese compartir saberes, como la definiera el rey Alfonso X El Sabio, hace casi mil años.
Siempre he recibido a cada alumno en mi despacho para conocerlos y escucharlos, y tratar de comprender su situación personal. No pocas veces me he sorprendido al escucharles, entre tímidos y ruborizados, que era la primera vez que alguien les preguntaba lo que pensaban, lo que sentían, lo que anhelaban.
Han aprendido a hacer lo que quieren porque quieren lo que hacen. Saberse queridos y necesitados en una relación de inter-independencia conforma la plenitud de una existencia. Porque los animales existen, pero las personas existen para. Somos seres de encuentro, nudo de relaciones, redes de solidaridad que se comunican por la palabra.
Desde que eran niños los hemos tratado como almacén de seguridades, como corredores para conseguir un título, para tener cultura, virtudes, poder; pues para eso les hemos dado a entender que servían los conocimientos. “No seas vago, haz algo útil, no pierdas el tiempo, tienes que prepararte para ocupar un puesto en la vida, para trabajar”. Como si viviéramos para trabajar, en lugar de trabajar para vivir. Como si el trabajo fuera un castigo, en lugar de un quehacer que tiene que ver con la creación, con la techné que libera en vez de la imposición que esclaviza. De la hermosa expresión “faena” o quehacer, hemos llegado a la corrupción de su significado como castigo.
Y todo arranca de una soledad impuesta por una sociedad de consumo, de prisas y de competitividad regida por la funesta máxima de “cuanto más, mejor”, en vez de “cuanto mejor, más”. Es la nueva moral que proclama que no tener es pecado. Es la enajenación por las cosas que nos encadenan y poseen, en vez de liberarnos.
Mi experiencia
personal, la más dura de mi extensa vida de docente es percibir la creciente
soledad de los jóvenes, la ausencia de los abuelos, de esas personas que hacían
la familia más rica que el mero matrimonio y el cada vez menor número de hijos.
La casa cada vez es menos un hogar, espacio de encuentro y de relaciones, de
solidaridad y de afectos, que un aparcamiento o una posada en un incierto
camino. Se multiplican los electrodomésticos y se incrementa la soledad en un
ruido que cada cual lleva a su celda. Por supuesto, con los cascos de los mp3
conectados a sus orejas.
Tengo para mí
que se ha perdido la palabra, el acoger y saberse parte de una tradición en
marcha. Ya no hay lugar para los abuelos, para aquella tía que se quedó soltera
o para esas personas de las familias que nos visitan, nos atienden y nos
cuentan.
El grado de civilización de una sociedad se percibe por el modo de tratar a los
niños, a las mujeres y a las personas mayores. El creciente desarraigo, perder
las raíces y con ellas las señas de identidad, arranca de haber olvidado que la
educación es el arte de saber adaptarse a las circunstancias. Que educar
proviene de educere, no conducir sino sacar lo mejor de cada uno para que pueda
ser él mismo, para que sea capaz de alcanzar su plenitud y de quererse en una
relación de afecto y de creatividad.
La alarmante soledad de las muchedumbres solitarias conduce a la violencia, a la angustia y a la evasión por medio de otras drogas que las de diseño: las adicciones a sucedáneos de una vida humana en la que necesitamos sabernos queridos y compartir nuestra búsqueda. Quizá, como intuyó Albert Camus, todo consista en cambiar solitario por solidario. No es más que una letra, pero a algunos parece que les cuesta.
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Aprender a querer
Por María Guerrero - Psicóloga
Amarnos a nosotros mismos significa darnos la oportunidad de descubrir nuestro propio potencial; ser honestos con nosotros mismos y como tener en cuenta nuestras necesidades; respetarnos, aceptarnos y querernos por ser solo quienes somos. Significa dejar de juzgarnos, de criticarnos, de compararnos con los demás, de exigirnos ser diferentes de quienes somos y romper con la idea aprendida que tenemos respecto a nosotros mismos. Ésta condiciona nuestra vida y nos lleva a vivir desconociendo una parte importante y valiosa de quiénes somos. Significa atrevernos a ser quienes somos, abrazando nuestra realidad aunque a veces no nos guste o no se acerque a lo que queremos que sea, porque acogiéndola podemos atravesarla y trascenderla.
El amor por uno mismo comienza a desarrollarse en la primera infancia en el seno de nuestra familia. Con los mensajes que recibimos y los comportamientos que vimos, nos hemos formado un concepto de nosotros mismos.
La relaciones disfuncionales distorsionan los patrones de relación que establecemos con nosotros mismos y con los demás. Si todo lo que conocimos fue un modelo poco coherente, asumimos que es así cómo tiene que ser y lo incorporamos, formando un repertorio de comportamientos y actitudes que reproducimos a lo largo de nuestra vida.
Somos herederos de historias y, si las mantenemos inconscientes, repetiremos los patrones que nos dañaron. Nuestras relaciones se construyen a partir de una elección de la persona que nos complementa y con la que podemos seguir manteniendo el rol que aprendimos en nuestra infancia.
Cuando no tuvimos la oportunidad de satisfacer nuestras necesidades básicas, llegamos a la conclusión de que nuestras necesidades no son importantes; entonces crece en nosotros un sentimiento íntimo de vergüenza e indignidad que nos impide sentirnos dignos de ser queridos por ser quienes somos, por lo que terminamos creyendo que necesitamos depender de los demás.
Formamos creencias limitadoras de nosotros y nos escondemos tras máscaras de mil colores para mostrar una imagen que consideramos aceptable de nosotros y así conseguir la valoración y el afecto que necesitamos.
Estas creencias, avaladas con nuestras experiencias, suponen un obstáculo en el camino de nuestro potencial como ser humano. Terminamos volviéndonos dependientes del afecto de los demás, lo cual constituye el origen de nuestro sufrimiento emocional.
En el inicio de las relaciones aparece el “príncipe azul” o la “princesa encantada”. Me gusta llamar “NO-VIO” a esta fase del noviazgo porque en esta etapa tan solo vemos lo que deseamos ver y que se ajusta a nuestra fantasía. Si vislumbramos una característica que nos disgusta, fantaseamos con la idea de que cambiará o incluso, con la prepotencia del “yo lo cambiaré”, cosa que no ocurre nunca. Nadie cambia por otro aunque se lo haga creer con promesas y nosotros decidamos ponernos la venda en los ojos para creerle.
Desde esta ceguera emocional que llamamos enamoramiento y que a mí me gusta llamar atontamiento mental transitorio, buscamos satisfacer nuestras carencias afectivas.
La falta de suficiente amor generó en nosotros un agujero emocional que nos lleva a vivirnos a medias. Mi Y/O (partido) buscará un T/Ú (partido) para complementarse y lograr la unión fantaseada. Realmente lo que se logra es un NOS/OTROS cuya dinámica se alimenta de manipulación y competitividad.
Los conflictos son frecuentes porque cada uno se coloca en la espera de que el otro satisfaga su propia necesidad, haciéndole responsable de su bienestar.
Desde la carencia, solo podemos establecer relaciones enfermizas en las que anulamos una parte importante de nosotros. Nos creemos que amamos mucho cuando en realidad necesitamos mucho. Este tipo de pareja mantiene un baile arrítmico pero con ciclos predecibles: rompen y vuelven una y mil veces, porque no se desvinculan. Si están juntos, se pelean; si están separados, aparece la angustia y el miedo.
El proceso de salida de ese Y/O constituye la esencia del trabajo que nos lleva a conformarnos como un YO entero que buscará para relacionarse no con un T/Ú sino con un TÚ completo.
Hoy, aquí y ahora podemos comenzar a creer en nosotros, dándonos permiso para mirarnos de un modo diferente que nos permita sentirnos personas valiosas y dignas de amor, que nos posibilite para amarnos y amar a los otros sin tantos juicios y deberías. Solo así, poniendo conciencia en quiénes somos, podemos descubrir a la persona maravillosa que llevamos dentro y ver al otro en toda su dimensión.
Limpia tus ojos de ayer y estrena una mirada nueva, deja que resuene en tu interior con toda su fuerza: “Este soy yo y así está bien”.
No sólo la ciencia lucha contra el cáncer
Por Teodoro Martínez Arán - Médico
Uno de los peores asesinos en serie del mundo es el cáncer. En el año 2008 fue responsable de un 13% de la mortalidad mundial. El término cáncer agrupa a un conjunto de enfermedades que tienen en común la proliferación inoportuna e incontrolada de una célula del organismo, lo que provoca una alteración progresiva del normal equilibrio del cuerpo hasta producir el fracaso del sistema en su conjunto.
Cada cáncer es un mundo en sí mismo: el tipo de célula que se altera, el tejido en el que está insertada, el tipo de órgano que la contiene, la genética del individuo que lo padece, la fortaleza del sistema inmunológico, el ambiente en el que se mueve… Son tantos los factores que influyen en el desarrollo de la enfermedad que cada caso es diferente al anterior, condiciona un tratamiento concreto y una respuesta individual.
Si bien la enfermedad es personal y única, el miedo a que nos induce es irracional y generalizado. Su capacidad destructiva, que en su mayor parte se debe a los casos no tratados o muy avanzados, nos parece ineludible. Se diría que el diagnóstico es sinónimo de sentencia de muerte. Y los tratamientos nos asustan: la cirugía radical, la quimioterapia con todos los efectos secundarios, la molesta radioterapia y sus quemaduras… Todo nos induce al temor, y el miedo nos priva de la capacidad de pensar con claridad, de entenderlo, de afrontarlo y luchar para vencerlo.
El miedo al cáncer es nuestro peor enemigo. Es un miedo irracional porque, afortunadamente, cada día sabemos más del cáncer. La quimioterapia y la radioterapia son tratamientos indiscriminados y brutales (los médicos los llamamos venenos). Pero cada vez son más los tumores para los que se están desarrollando tratamientos selectivos contra esas células anómalas (ya sea con cebos envenenados, terapia con virus antitumorales…). Eso reduce mucho la toxicidad de los tratamientos y la efectividad de los mismos.
No sólo la ciencia lucha contra el cáncer. Todos los seres vivos desarrollan células tumorales diariamente, y nuestro sistema inmune controla la mayoría de esos brotes. La aparición de estos tumores aumenta con la edad, coincidiendo con el envejecimiento de las células sanguíneas y una disminución paulatina de la efectividad de dicho sistema inmune. La alimentación equilibrada, el ejercicio físico, o la dieta rica en frutas y verduras disminuyen nuestras posibilidades de padecer un cáncer. También eliminar tóxicos, como el tabaco, reduce el número de toxinas cancerígenas que dañan a nuestras células, y por tanto el sistema inmune tiene que ocuparse de menos “revueltas”.
De todas las cosas que podemos hacer, la más simple es tratar de mantener el buen humor. La relación entre la risa y la buena salud, entre el pensamiento positivo y el buen pronóstico de un tumor hace tiempo que dejó de ser una impresión de los sanitarios que atendían a estos pacientes. Reírse, pensar en positivo, creer en la recuperación, confiar en el futuro MEJORA el pronóstico de los pacientes con un tumor. Los pacientes que se ríen tienen un sistema inmune más fuerte, más eficaz, y se curan mejor.
Tratemos de poner al cáncer en su sitio. Existe, pero a nosotros corresponde manejarlo. Es como las cartas, la vida las reparte pero a nosotros nos toca jugarlas. Confiemos y pongámonos en manos de los profesionales, que los hay muy buenos y todos pueden tener acceso a los últimos adelantos de la medicina. Las nuevas tecnologías nos permiten compartir los avances. Procuremos que no sea el pensamiento dominante durante el día. Es preciso abrirnos a los demás, a la familia, a los amigos, a la naturaleza, que también existen. Pensar en los demás, sobre todo en los más próximos, es una de las terapias más seguras y gratificantes. Tú tienes derecho a estar aquí, aprovecha cada instante y esfuérzate por ser feliz. Te lo manda el médico.
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Aprender español ayuda a conservar nuestra herencia cultural
Por Juan Carlos Morales, The College Board
Era 1993 y acababa de regresar de una estancia de un año en Japón, donde impartí clases de inglés a estudiantes de segundo y tercer año de universidad como becario de postgrado en la Universidad Doshisha, en Kioto. Cuando regresé a Miami, sabía que deseaba seguir dando clases y pronto encontré empleo impartiendo cuatro niveles de japonés y una clase de Nivel 1 de español para hispanoparlantes. Como nací en Nicaragua, supuse que dar clases de español sería facilísimo, y que mis clases de japonés serían un reto. Después del primer día de clases, sin embargo, me di cuenta que estaba en problemas con mi clase de español. ¿Cómo podía ser eso? ¿Qué acaso un hablante nativo no debe ser el maestro ideal para este curso? Alrededor de una semana después, le rogué a mi jefe de departamento que me permitiera dar clases de Español 1 para no nativos, podía explicar la diferencia entre ser y estar mucho mejor de lo que podía explicar las reglas de acentuación en español.
Cuando tenía nueve años, mi familia se marchó de Nicaragua, y lo que iban a ser unas cortas vacaciones en Estados Unidos se convirtieron rápidamente en una nueva vida llena de los retos de una nueva cultura, una nueva escuela, nuevos amigos y, sobre todo, un idioma nuevo. Fui muy afortunado de contar con el apoyo de amigos y familiares, y mi asimilación a los Estados Unidos transcurrió relativamente bien. Mis padres se divorciaron cuando yo era adolescente y, poco después, mi madre, mi hermano y yo dejamos gradualmente de hablar en español en casa, y nos empezamos a comunicar sólo en inglés. Mi padre, por otro lado, siempre insistía en hablarnos en español, a pesar del hecho de que, en cuanto más tiempo pasaba en Estados Unidos, más se me trababa la lengua. Llevaba dando clases unos 10 años cuando escuché hablar por primera vez del fenómeno del "español de cocina". Muchos inmigrantes recientes conservan el español en casa, mientras que, por lo demás, viven en un mundo dominado por el inglés. Por consiguiente, aunque muchos de nosotros todavía podemos pedir nuestro cafecito y quejarnos del calor en español, podríamos tener dificultades para integrarnos a una conversación sobre las próximas elecciones presidenciales. Sin embargo, está claro que tenemos la necesidad de conservar nuestra herencia lingüística y cultural. Es esta herencia lo que nos convierte en mejores ciudadanos globales, capaces de abarcar fácilmente dos culturas e idiomas. También nos convertimos en mejores ciudadanos locales y más valiosos para nuestras comunidades.
Una de las mejores formas de conservar el don del bilingüismo es mejorando nuestras aptitudes en nuestra lengua materna. No es suficiente comunicarnos en nuestras cocinas. Debemos refinar nuestros conocimientos y recordarnos a nosotros mismos que el aprendizaje del idioma, incluso para los hablantes nativos y para aquellos que lo tienen como herencia, es un proceso que nunca termina. Por todo el país, hay miles de escuelas que ofrecen cursos del idioma español y de literatura española de AP®, no sólo para estudiantes cuya lengua dominante es el inglés, sino también para los que tienen el español como primera lengua. En el 2011, el College Board administró más de 130,000 exámenes de idioma español en Estados Unidos y en el extranjero, y más de 80,000 de los que tomaron el examen AP dijeron tener mucho contacto con el idioma fuera del salón de clases, por ejemplo, al vivir en un país hispanoparlante o hablar el idioma en casa. En los últimos años, hemos sido testigos del enorme aumento en el número de tales examinados, pues cada vez somos más los que nos damos cuenta de la importancia de conservar nuestras aptitudes lingüísticas en un país que valora cada vez más la versatilidad lingüística. Conservar nuestro idioma requiere tiempo y esfuerzo, pero no olvidemos que también es una parte de invertir en nosotros mismos. Al animar a nuestros jóvenes a conservar o mejorar sus aptitudes en el idioma español, indudablemente estamos invirtiendo en el futuro de toda la comunidad latina.
Retrato del desempleado con luz de fondo
Por Alejandro Rocamora - Psiquiatra
“Tener trabajo” o “estar sin empleo” son las dos condiciones que definen a la población activa de un país; la primera es sinónimo de bienestar y de seguridad, la segunda implica angustia, malestar y agobio.
El trabajo tiene una doble función: satisfacer las necesidades primarias (alimentos, hábitat, etc.) y las necesidades de autorrealización. Hoy se evita la explotación directa del trabajador, pero todavía no hemos llegado a relacionarnos con el trabajo como una forma de crecimiento personal y de felicidad.
Estar desempleado es siempre una situación frustrante y, por tanto, negativa en sí misma. En cierta ocasión le preguntaron a Freud cómo definiría a una persona sana mentalmente y contestó: “Aquella que es capaz de amar y trabajar”.
Para Erich Fromm, la forma positiva de relacionarse el hombre con el mundo se establece a través del trabajo, el amor y el pensamiento. Actuando, amando y comprendiendo, el hombre se interrelaciona con el entorno, incorporando a su propia personalidad aspectos de ese ambiente, al mismo tiempo que intenta influir en los demás.
El trabajo productivo no se realiza para vivir, sino que es el medio que tiene el ser humano para expresar su poder sobre la materia. El trabajo más productivo es el que es capaz de favorecer el crecimiento personal del individuo, es decir el creativo, donde la persona transforma la materia prima. El trabajo más alienante será la actividad rutinaria, donde nada o casi nada aporta el trabajador.
Desde niños se nos prepara para el mundo laboral. Es como el fin último de nuestra existencia. Se ha pasado de considerar el trabajo como una maldición e incluso como una opresión, a constituir una fuente de bienestar psicológico y social. Trabajar es sinónimo de felicidad; no trabajar es sinónimo de pena y aflicción. Por esto, la entrada en el mundo laboral, a través del primer empleo, es como la puesta de largo e indicador de un nuevo status social: “soy trabajador”. La ausencia de trabajo siempre se considera un fracaso y por esto mina la autoestima del sujeto. El desempleo no es solamente origen de patología psíquica por el mero hecho de “ganar menos”, sino también porque supone una ruptura del propio yo y de sus proyectos e ideales.
Según algunos datos, quienes no tienen trabajo van al médico diez veces más que los que lo tienen. Más del 26% de desempleados tienen alguna crisis de ansiedad, frente al 14% de los que tienen empleo. En los desempleados podemos encontrar insomnio, ansiedad, depresión, irritabilidad y pérdida de la autoestima.
Este paréntesis en la actividad laboral puede ser motivo para replantearse la propia acción profesional, buscar otras opciones o fomentar la formación. A veces, sin embargo, el desempleo se vive con gran ansiedad, acompañado de un sentimiento de inutilidad, de culpa, de vergüenza y de miedo al futuro, que refuerza un gran sentimiento de minusvalía. El desempleado llega a esta falsa conclusión: “la crisis no es la causante de mi situación de falta de empleo, sino que la razón última es que soy un inútil”.
La adaptación creativa constituye la manera más sana de salir del torbellino degradador de la persona sin empleo y encender una luz en la oscuridad de la situación del desempleado. Entendemos, pues, la adaptación creativa como la toma de conciencia del desempleado de sus dificultades reales y concretas, con sus posibilidades y desventajas, que provoca la puesta en práctica de acciones para reconducir la situación. Además, es muy importante que el desempleado se sienta arropado por la familia, que debe manifestar una actitud acogedora y no culpabilizadora.
El desempleado debe hacer un ejercicio de comprensión real de la situación, tanto de sus “reservas económicas” como de sus posibilidades profesionales. No puede caer en generalizaciones (“el país está fatal”, “no existe ningún empleo para mí”) pues, de esta manera, lo único que consigue es entrar en un “círculo pesimista” que le puede llevar a la desesperación. Tampoco es aconsejable atormentarse con el futuro: angustia ante la fantasía de que el otro cónyuge se quede sin trabajo o que un hijo enferme gravemente. Como dice el dicho, “cada día tiene su afán”. La tortura por el futuro es inútil y estéril. Los futuribles nunca tienen solución. La solución se encuentra cuando se produce el problema y no antes.
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Hay vida antes de la muerte
Por José Carlos García Fajardo - Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid
No existe ni destino ni fatalismo alguno ni designio providencial o de condena. Somos como somos y con estos medios alumbraremos lo mejor de nuestras capacidades. La felicidad es lo que nos sucede mientras la estamos buscando.
Cuenta La Bruyère que para el hombre sólo hay tres sucesos importantes: nacer, vivir y morir. No se da cuenta de que nace, se espanta de la muerte y se olvida de vivir. De que hay vida antes de la muerte y lo lógico sería que este pensamiento fuera el que presidiera nuestras acciones, en lugar de seguir angustiados por si hay vida después de la muerte. ¿Alguien echa de menos o sufre por lo que “fuera” antes de nacer?
De que podríamos transformar nuestra mente y constatar que la felicidad es ausencia de miedo así como la belleza es ausencia del dolor, se ocupa Eduardo Punset en su delicioso libro Excusas para no pensar. Cómo nos enfrentamos a las incertidumbres de nuestra vida. Reflexiona acerca de lo que les pasa a los demás por dentro: las causas del desamor y sus efectos. Es un recorrido apasionante por diferentes itinerarios de la vida: las emociones, el cerebro, los cambios, el aprendizaje, el origen del universo, el poder… Bucea en las claves que mueven el mundo, y nos aporta reflexiones claras, amenas y al alcance de todos. Porque no hay excusas para no pensar y para no cambiar de opinión y de actitud sin ser esclavos de la educación y de la costumbre.
En estos tiempos de conmoción, de pérdida de referentes y de desesperanza; en este cambio de Era que exige sacrificios insoportables a los dioses que nos hemos inventado para que nos hicieran desdichados; las nuevas tecnologías de la información y la expansión del conocimiento nos han hecho testigos de un nuevo mundo que exige instrumentos adecuados para su expresión pero del que todavía no sabemos el nombre. Y las cosas no son hasta que les damos nombre. Carlomagno no sabía que vivía en la Edad Media.
Comprobar que los antiguos sistemas, las hegemonías que se adueñaron durante siglos de mentes, de tierras y de vidas, se desmoronan y nadie se atrevía a alzarse desenmascarando su falacia y su tiranía, ha despertado la indignación de millones de personas. Y se han lanzado a las calles, no para tomarlas, sino para transformar las plazas en espacios de encuentro y de reflexión compartida. Alzaron la enseña de la paz como fruto de la justicia, se produjeron con la no violencia y han atraído la atención y el respeto de millones de personas.
Es demasiado hermoso para que esquiroles nos lo revienten.
De ahí que pensadores y analistas nos animen a reflexionar y a romper con los sistemas inoperantes, con dogmas e ideologías que decían poder explicarlo todo.
Es preciso atrevernos a pensar, a dialogar, a conocernos.
¿Cómo se toma una decisión, realmente?, ¿de qué manera gestionamos nuestras emociones?, se pregunta Punset, ¿por qué van a disminuir los índices de violencia en el planeta y aumentar los de altruismo?
No existe ni destino ni fatalismo ni designio providencial o de condena. Los otros no son el infierno, ni somos un error de la computadora. Somos como somos y con estos medios alumbraremos lo mejor de nuestras capacidades.
Podemos cambiar de vida para explorar mejor las incertidumbres que nos acosan
Que estamos programados genética y cerebralmente, dice el autor, es cierto, pero programado para ser únicos, porque nos habíamos olvidado del impacto neuronal de la experiencia individual. Nosotros podemos influir en nuestra mente. No están el presente ni el mañana escritos.
Que la felicidad es lo que nos sucede mientras la estamos buscando. Está en nosotros mismos y en relaciones personales, control de la propia vida, saber sumergirse y disfrutar del flujo de la vida. No podemos ignorar el bienestar oculto en los senderos que llevan a ella. El cerebro, más que buscar la verdad, lo que quiere es sobrevivir; por eso nos resistimos ante cualquier suceso inesperado, la disonancia cognoscitiva, porque nos atemoriza.
Hemos considerado que la inteligencia era patrimonio de los seres humanos, no de los animales. Pero depende de estas tres condiciones: flexibilidad que les permita cambiar de opinión, capacidad para diseñar representaciones mentales que permiten intuir lo que va a ocurrir y si son o no innovadores.
No es tanto la disponibilidad de recursos como el conocimiento necesario para progresar. Que la capacidad de concentración, la vocación de resolver problemas, la voluntad de trabajar en equipo, desarrollar la inteligencia social y aprender a gestionar emociones son los instrumentos de la nueva educación.
“Que el cerebro tiene sexo y que los varones irrumpen en la pubertad más tarde que las mujeres...”, y alerta Punset que sólo en la prevención inteligente podremos superar el colapso de las prestaciones sanitaria, educativas y de seguridad ciudadana en un mundo cada vez más globalizado, y lleno de esperanzas.
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La racionalidad como rara avis
Por Adela Cortina - Catedrática de Ética de la Universidad de Valencia, España
¿Por qué los ciudadanos votan a unos partidos u otros, en blanco o se abstienen? Cabe pensar que son sus intereses los que mandan, pero la pregunta es entonces qué son los intereses, y parece ser que a menudo tienen poco que ver con “intereses racionales”. Puede suceder que un ciudadano vote en un sentido y no en otro para que su mujer le deje en paz o porque sus amigos van en esa dirección. La fría racionalidad es una rara avis, las cálidas emociones y los sentimientos deciden mucho más de lo que nos creemos.
Esta enseñanza ancestral es la que pone de nuevo sobre el tapete la neuropolítica, una disciplina preocupada por descubrir cómo funciona el cerebro de los ciudadanos, sobre todo de los ciudadanos como electores. Esa “neuropolítica” es bien útil a políticos y asesores para organizar los discursos de modo que sea posible captar votos.
Según George Lakoff y otros investigadores del ramo, no votamos teniendo en cuenta los hechos concretos, como cabría pensar de seres presuntamente racionales, sino que en realidad votamos desde nuestros valores, estrechamente ligados a las emociones. A lo largo de nuestra historia personal nos vamos identificando con un marco de valores y, una vez configurado el esquema, nos resistimos como gato panza arriba a renunciar a él.
Lo más curioso es que esos marcos están presentes en las sinapsis del cerebro, e influyen en nuestras decisiones de forma inconsciente. Con lo cual, nos impresionan poco las informaciones concretas sobre la conducta de los políticos o sobre la situación del país: cuando los hechos no encajan en nuestros marcos, mantenemos los marcos e ignoramos los hechos, apagamos el interruptor del aparato por el que nos llegan y seguimos aferrados a nuestros esquemas. Así se explica que las informaciones concretas sobre que los políticos del propio partido mienten, que son ignorantes, que no saben resolver los problemas, que más bien forman parte de los problemas, que hacen trampas o que son corruptos, no cambien la intención de nuestro voto.
Teníamos razón cuando decíamos en broma aquello de que “si los hechos no concuerdan con la teoría, peor para los hechos”. En realidad, no hacíamos sino describir lo que ocurre, que en las elecciones un aluvión de datos fehacientes que perjudican al propio partido lleva a votar in extremis al ideológicamente más próximo y, en el peor de los casos, a votar en blanco o abstenerse, pero solo en contadas ocasiones a votar al partido contrario.
¿Cómo puede un partido conseguir adhesiones casi inquebrantables y conquistar los votos de los indecisos? Aquí la neuropolítica resulta de nuevo de utilidad: conocemos esos marcos de valores a través del lenguaje, las palabras se definen en relación con los marcos y, cuando se oye una palabra, el marco se activa en el cerebro. Se trata entonces de crear un lenguaje propio del partido, que caracterice su posición y sintonice con los ciudadanos. Ganar a las gentes por la emoción, con la palabra, es clave.
Desde siempre la retórica ha sabido que es preciso descubrir las emociones de las gentes para convencerlas de un mensaje. Entre otras razones, porque la vida es muy compleja, hay muchos datos e información, y las personas, en general, al tomar decisiones, recurrimos al atajo de los mensajes simples, esquemáticos y emotivos, atendemos más a las declaraciones que a las realizaciones. Ahora sabemos que todo esto tiene también bases cerebrales.
Los políticos responsables deberían crear marcos de valores atractivos, capaces de sintonizar con los grandes ideales del mundo moderno, y no con lo peor de ese mundo. El entorno social y político en que los ciudadanos vivimos influye poderosamente en el desarrollo de nuestro cerebro, y nos ha costado demasiado descubrir esos grandes valores a lo largo de la historia humana como para ahora echarlos por la borda y potenciar lo peor solo por ganar votos.
Y además importa que ese marco no sea engañoso, que quienes lo diseñen estén dispuestos a tomarlo como orientación tanto en la victoria como en la derrota. Si los hechos rara vez concuerdan con la teoría, al final va a ser peor para ella y para quienes la defienden. El marco acaba volviéndose contra el que lo manipula, por aquello de que tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe, y es un error de bulto creer que los ciudadanos son siempre tontos.
Afortunadamente, emoción y razón van unidas, más aún en el caso de ciudadanos que quieran ser críticos y activos, capaces de atender a las realizaciones, y no solo a las declaraciones, capaces de atender a las buenas prácticas y no sólo a las proclamas vacías.
Empezar por uno mismo
Por Antonio Ruiz Morales
¿Tratarse bien a uno mismo puede mejorar la salud? La respuesta a esta pregunta es el objeto de estudio de un nuevo campo de investigación que se centra en estudiar la medida en la que las personas son amables con ellas mismas. ¿Se trata a uno mismo con el grado de exigencia que a los amigos y familiares? ¿Somos verdaderamente felices por ser cómo somos? Ciertas normas culturales de nuestra sociedad dan por sentadas conclusiones que no hacen más que totalizar nuestro comportamiento, ya sea en el plano personal como con nuestro entorno. La autocrítica es ejemplo de lo que nos mantiene a raya.
Un primer paso para el reconocimiento y superación de estos lastres es el de aceptar nuestras propias imperfecciones.
Según el estudio de Kristin Neff, catedrática adjunta de comportamiento humano en la Universidad de Texas, las personas que obtienen las puntuaciones más altas en los test de autocompasión tienen menos probabilidad de tener problemas relacionados con la ansiedad y la depresión. La autocompasión puede incluso influir en la cantidad de comida que ingerimos, en nuestra concentración y en la cantidad de líquido de retenemos.
Neff es pionera en este campo y afirma que la autocompasión no debe de confundirse con la autoindulgencia o la reducción de expectativas. “En mi investigación, he encontrado que el principal motivo por el que la gente es más autocompasiva es que tiene miedo de volverse indulgente consigo misma”.
Es un detalle a cultivar con esmero, algo tan sensible que podría ayudar a perder peso a la gente con obesidad. “La autocompasión es el ingrediente que falta en todas las dietas y planes para perder peso”, afirma Jean Fain, psicoterapeuta y profesora en la Universidad de Harvard. La mayoría de los planes se basan en la autodisciplina, la privación y el incumplimiento, pequeñas luchas internas que nos impiden desarrollar de mejor manera nuestra particular búsqueda hacia la felicidad, que empieza por tratarse bien a uno mismo.
Hay razones científicas que respaldan este enfoque, y que explica cómo el equilibrio emocional ayuda a mejorar la salud. Un estudio de 2007 de la Universidad de Wake Forest llegaba a la conclusión que hasta una pequeñísima intervención de autocompasión puede influir en gran medida sobre los hábitos alimentarios. En este estudio se contó con 84 universitarias. A un grupo se les dio una lección sobre autocompasión con la comida y donuts como alimento elegido. El instructor les pedía que no fueran excesivamente duras con ellas mismas. Más tarde, se pidió a las mujeres que probaran unas golosinas. Las mujeres que hacían dieta habitualmente o tenían sentimientos de culpabilidad sobre los alimentos prohibidos comían menos después de escuchar las palabras tranquilizadoras de un instructor. Las que no recibían ese mensaje comían más. La hipótesis es que las mujeres que se sentían mal por los donut, empezaban a comer de manera emocional. Las que se daban a sí mismas permiso para disfrutar de los dulces no comían en exceso.
Otro de los flagelos personales que se combinan con la autocompasión es el autosabotaje. Un comportamiento muy extendido en nuestra sociedad que obstaculiza logros personales y la higiene emocional. ”Qué mala suerte tengo”, “Siempre me tiene que pasar a mí”. Los autosabotajes son conductas de comportamientos puramente imitativos.
El contacto con la TV, las pautas culturales de un círculo de amigos, patrones de desenvolvimiento personal aprendidos en un momento de la vida en el que se pierde la conexión con el yo genuino. Al ser imitativos, son comportamientos falsos que se adquieren por diversos motivos pero que siempre encierran el miedo a ser rechazados y la búsqueda de reconocimiento ante los demás. El factor tiempo es fundamental. Tratamos de querer llegar más rápido al camino deseado, la senda peligrosa de los atajos. El enfoque reduccionista de que la exageración es un sentimiento, o que la negación de alguna sensibilidad te va hacer conseguir tu meta o evitar el sufrimiento. Algo tan simple y que atañe una enriquecedora búsqueda personal bien podría ayudarnos a mejorar el próximo amanecer.
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El Periodismo no es un Circo
Por Sergio Pesce
El periodismo como las armas poderosas puede hacer mal o bien, la diferencia radica en el sentido de responsabilidad con que se lo use.
Vivimos en sociedades que cambian vertiginosamente, y por ende el ejercicio del periodismo también va cambiando. De aquel periodista romántico hemos pasado a organizaciones económicas y comerciales muy importantes, con productos de una enorme incidencia social.
Pero más allá de estas realidades, hay que rescatar que el aporte esencial del periodismo es promover la participación de los ciudadanos en la Democracia, el abrir debate entre los conflictos que vivimos en nuestras sociedades y plantear los problemas del mundo; denunciar la corrupción en los gobiernos y otros centros de poder.
El periodismo ha cambiado, e incluso los códigos con los cuáles estaban pensado antes. Ya no es solo la expresión de una libertad, es el testimonio de una fuerza, de un poder, que puede desatar pasiones o conflictos, pero también puede generar ámbitos para la paz y para la comprensión entre los hombres.
Lo cierto es que en un mundo tan complejo, la labor del periodista se ha vuelto más importante que nunca. A diferencia del propagandista o el chismoso, el periodista honesto clasifica la información disponible y determina antes de ofrecerla al público, cuánto hay de valioso y confiable en ella.
Los periodistas somos los que legitimamos la información y quienes convertimos la información en comunicación; somos los intermediarios indispensables entre el poder y la opinión pública, pero esto, nos lleva a la vez a ocupar un lugar delicado: mantener una relación público-escucha sin caer en clientelismo periodístico, y a la vez, mantener distancias y prudentes cercanías con la gente y los políticos. De lo contrario puede acontecer una tragedia demagógica, y esto ocurre cuando los periodistas enuncian lo que las audiencias quieren oír, soslayando la información ó cuando se convierten en voceros de los políticos.
Por todo esto, lo del título... El periodismo no es un circo para exhibirse, ni un tribunal para juzgar, ni una asesoría para gobernantes ineptos o vacilantes, sino un instrumento de información, una herramienta para fomentar el libre pensamiento y la reflexión.
Tenemos una enorme responsabilidad como actores de una sociedad, quien deseche esta actitud seguramente está condenado a producir una información liviana y dañina. De la calidad de la información veraz y responsable, así como de los contenidos plurales el PERIODISTA construye también DEMOCRACIA.
Los Monjes del siglo XXI
Por Carolina Bravo desde España
“He descubierto que tenía una hija maravillosa”, “he visto que mi vida no tenía sentido, y el camino me ha enseñado de nuevo a vivir”. “He disfrutado por una ruta que sorprende en cada esquina por su riesgo y su aventura”. “He comprobado que soy más fuerte de lo que pensaba”. Una misma ruta para cada peregrino, pero con una enseñanza diferente. Esta es la magia del Camino de Santiago, un sendero milenario enclavado en el norte de España que atrae cada año a miles de personas desde todas las partes del mundo.
Desde el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago en Compostela en el siglo IX, el camino de Santiago se convirtió en la más importante ruta de peregrinación de la Europa Medieval. Un paso de numerosos peregrinos movidos por su fe que se dirigían a Compostela desde todos los países europeos.
Hoy son menos los que se mueven por motivos únicamente religiosos y más los que buscan encontrar su propio camino en un mundo globalizado y con todos los avances al alcance de la mano.
En el siglo IX los peregrinos caminaban con un sombrero de ala ancha, un zurrón, una calabaza cantimplora, una concha y un palo para apoyarse al caminar por los 775 kilómetros desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela. Hoy en día las marcas deportivas imperan en el camino y los caminantes hacen sus marchas con botas o zapatillas de trekking, mochilas anatómicas, chubasqueros preparados para largas jornadas, vendajes y tiritas a prueba de heridas en los pies, pero los monjes del siglo XXI deben hacer el mismo esfuerzo de antaño y soportar un caminar por rutas vastas y arduas con constantes desniveles y pasos complicados.
“Buen camino”, dicen todos al pasar. No importa cómo se llamen, a qué se dediquen o cuántas propiedades tengan, en el camino todos son iguales y deben pasar por el mismo esfuerzo. Pueden ir con flamantes zapatillas (calzado deportivo) o mejor preparados, pero el esfuerzo y el final es para todos el mismo: es el camino de la vida.
Hay nueve rutas, divididas por etapas, pero la más popular es el camino francés donde año tras año crece el número de albergues, casas rurales y restaurantes para hacer más fácil el caminar al peregrino actual del portátil, del Ipod o de la Blackberry. Pero ninguna de las nuevas tecnologías sirve para facilitar el paso de los caminantes. Aunque por el camino han comenzado a aparecer negocios del siglo XXI. “Masajes para el peregrino, no sufras”, reza uno de los numerosos carteles que hay por el camino, o taxis y porteadores de mochilas. Opciones varias para aquellos que no desean sufrir sobre sus hombros el peso de sus pertenencias.
Sin embargo, a pesar de los pequeños avances, el Camino de Santiago se ha convertido en un auténtico termómetro interno, de resistencia y de amor propio por llegar a la meta.
Pero más allá de alcanzar el final lo más importante es trazar el camino de cada uno, de saber que sólo desde la fuerza interior se llega a todas partes y sin necesidad de pastillas ni vitaminas, sino de una energía que está ahí fuera, pero que pocos valoran: el poder de la naturaleza, del sol, de los árboles milenarios, de rocas o peñascos que observan en silencio el paso de cada caminante.
El peregrino del siglo XXI ha vuelto a considerar unos valores que había perdido absorbido por los atractivos de la tecnología. Santiago de Compostela ahora más que nunca recibe cada día a abogados, políticos, empresarios o millonarios que regresan a las raíces de la vida; el amor a la naturaleza.
El camino de Santiago es, sin duda, un paso necesario para caminar por la vida.
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La revolución emocional
Por Herminio Otero
Durante casi un siglo a las personas se les ha medido por su cociente (o coeficiente) intelectual, una puntuación que resulta de algunos tests diseñados para medir la inteligencia. A mediados de los 80, apareció la teoría de las inteligencias múltiples, y una década más tarde llegó la revolución con la inteligencia emocional. Desde entonces todo se ha querido cambiar en las prácticas laborales o educativas y en las relaciones familiares y personales.
Ya no se considera suficiente el cociente intelectual y la pericia para lograr del éxito en la vida, sino que también es imprescindible el dominio de ese complejo psicológico al que se denomina inteligencia emocional. Durante décadas se aplicaron los tests de inteligencia para ver cuál era el nivel de inteligencia de las personas. El caso de Hitler, por ejemplo, nos habla de que tener un cociente intelectual muy alto no nos convierte automáticamente en persona inteligente. Se necesita algo más.
El antiguo “cociente intelectual” fue perdiendo poco a poco su carácter monolítico y ha sido posible diferenciar los distintos componentes de la inteligencia, que hoy se entienden como dimensiones independientes entre sí. Y está claro que la inteligencia de las personas ya no se reduce a un número (el cociente intelectual), sino que pueden existir en cada persona impresionantes capacidades de los diferentes tipos de inteligencia.
La inteligencia personal (tanto la interpersonal como la intrapersonal) determina nuestra capacidad de dirigir la propia vida de manera satisfactoria y conforma lo que se ha comenzado a llamar la inteligencia emocional.
¿Pero qué es la inteligencia emocional? Podemos definirla como “la capacidad de aplicar la conciencia y la sensibilidad para discernir los sentimientos que subyacen en la comunicación interpersonal, y para resistir la tentación que nos mueve a reaccionar de una manera impulsiva e irreflexiva, obrando en vez de ello con receptividad, con autenticidad y con sinceridad.”
También podemos decir que es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones en nosotros mismos y en nuestras relaciones. El término de inteligencia emocional lo usó por primera vez en 1985 el estudiante norteamericano Leon Payne en el título de su tesis. Pero quien difundió el término por todo el mundo fue el escritor y consultor norteamericano Daniel Goleman, que en 1995 escribió el libro, Inteligencia emocional, en el que recopiló mucha información interesante acerca del cerebro, las emociones y el comportamiento, y en el que formuló su propia definición de inteligencia emocional.
Lo bueno de estas capacidades es que no son talentos naturales sino capacidades aprendidas que, una vez incorporadas a nuestra vida, ya se mantienen para siempre. Se parte de que el control emocional se puede y se debe enseñar. Y se piensa que cuanto antes se haga, mejor. Por eso proponen pautas para comenzar la educación de las emociones ya desde la primera infancia. Y por eso las organizaciones de todo tipo se han lanzado a la formación de sus miembros y equipos directivos con programas que ayuden efectivamente al desarrollo humano. Y por eso hay cada vez más asesores personales que ayudan a la gente a descubrir y gestionar sus propias emociones. También abundan los decálogos con consejos específicos para toda clase de situaciones (desempleados, por ejemplo) y de personas (padres, educadores, directivos…) y con todas clase de recursos (las siete “eses” para llegar a actuar con competencia: saludable, sereno, sincero, sencillo, simpático, sinérgico y servicial).
Todo ello ha supuesto una auténtica revolución que se hará notar cada vez más en los distintos ámbitos de la sociedad. Está claro que ya no es suficiente el cociente intelectual y la pericia para el logro del éxito, sino que también es imprescindible el dominio de ese complejo psicológico al que se denomina inteligencia emocional.
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Cambiar nuestro lenguaje
Por Carlos Miguélez Monroy
¿Sonreímos porque estamos contentos o estamos contentos porque sonreímos? Algunas corrientes de pensamiento desmontan la creencia común de que nuestro estado de ánimo condiciona nuestro lenguaje verbal y no verbal. Si estamos eufóricos, abrazamos; si estamos felices, reímos y sonreímos. La programación neurolingüística ayuda a reinvertir el proceso, de manera que nuestro lenguaje influya en nuestro estado de ánimo. Este campo de la psicología, que surge en los años ’70, se utiliza para curar procesos de trauma y para ayudar a las personas en su búsqueda de la felicidad.
La programación neurolingüística confirma las palabras del filósofo Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Además de las palabras, la ciencia estudia cada vez más el papel que juega el lenguaje no verbal en procesos comunicativos que son fundamentales en las relaciones humanas. El lenguaje no sólo guarda relación con el intelecto y las ideas, sino también con las emociones, que influyen en la forma en que las personas se desenvuelven y se relacionan con los demás. Las personas utilizan la programación neurolingüística para controlar emociones recurrentes que juegan en su contra. Lo que algunos psicólogos llaman autosabotaje y que lleva a tener “olvidos” en momentos cruciales como una entrevista de trabajo o un examen, a “meter la pata”, a cometer errores difíciles de explicar en “gente profesional”.
Mucha gente lo “pasa mal” durante muchas horas cada día, pero a veces el malestar desemboca en procesos depresivos y de crisis de ansiedad que duran semanas. “Cuando trabajamos en el control emocional, empezamos a indagar en esa parte de nuestro cerebro que genera estos estados emocionales, muchas veces de manera automática”, sostiene Manuel Roca Álvarez, experto español en programación neurolingüística en España. Las personas desatan sus propios procesos de negatividad. Por medio del lenguaje y otras herramientas se pueden generar otro tipo de reacciones de la gente ante situaciones que antes les producían sufrimiento.
“En mi percepción, el pensamiento lleva a la emoción”, sostiene Roca Álvarez. Al no caer en la cuenta, las personas repiten los procesos mentales que los lleva a la desesperación, al hastío, a la negatividad y a la depresión. Una persona puede sustituir la lista de cosas que “tiene que hacer” desde que se levanta por las cosas que va a “elegir hacer”, porque quiere. Se trata de querer lo que uno hace para hacer lo que uno quiere.
A estos conocimientos podemos agregar el descubrimiento de que muchas enfermedades son somáticas, que tienen relación con el estado de ánimo. Así lo sostiene David Ponce, autor de El dolor de espalda y las emociones. Pero también enfermedades de la tiroides, la diabetes, problemas del corazón, úlceras y algunas formas de cáncer se relacionan a emociones como el estrés, el miedo, la rabia y el resentimiento.
Como primer paso, Roca Álvarez recomienda tomar conciencia de las propias emociones negativas y de preguntarse a uno mismo si las quiere seguir sintiendo. De esta forma, las personas pueden dar un paso más allá del “estoy triste” o en el que se encierran. No sólo se trata de decir “estoy enojado”, sino de preguntarse si uno quiere seguir así y de poner los medios para remediarlo.
Se trata de gestionar las emociones, algo para lo que muchas personas tienen facilidad por su experiencia vital y por el ejemplo en su hogar. Pero muchos otros tienen que “desaprender lo aprendido” en el hogar: reacciones de ira, gritos, violencia física o chantaje emocional con frases como “mamá ya no te va a querer si no eres bueno”.
Además de usos clínicos y terapéuticos para muchos psicólogos, muchas empresas empiezan a utilizar la programación neurolingüística. Las mejoras emocionales aumentan el rendimiento de los directivos y los empleados, que aprenden a manejar situaciones de estrés y a canalizar sus emociones para obtener el máximo rendimiento. También podría ayudar a deportistas de élite. En deportes como el tenis, el estado de ánimo juega un papel a veces más importante que el técnico y el físico.
Si para cambiar el mundo hay que transformar nuestro corazón, como decía el slogan de una ONG, es preciso empezar por llamar a las cosas por su nombre. Transformar nuestro lenguaje para un mejor diálogo interior.
Siento, luego existo
Por Alejandro Rocamora - Psiquiatra
Los sentimientos, bien utilizados, no dificultan la toma de decisiones, ni son impedimentos para nuestra felicidad, sino que al contrario constituyen la forma más idónea de progresar y crecer psicológicamente. Un estudio reciente de la Universidad de Harvard señala que, para tener éxito en la vida, es necesario un 85% de actitud y sólo un 15% de habilidad.
La psicología clásica consideraba a la persona como un ser constituido por partes: memoria, entendimiento y voluntad, insertado o encerrado (el alma se encuentra en la cárcel del cuerpo) en lo corpóreo. La salud estaría constituida por la armonía del cuerpo como cuerpo y la mente como mente. Si el equilibrio se rompe surgiría la enfermedad: del alma o del cuerpo. La gran aportación freudiana fue el descubrimiento del inconsciente, y sobre todo, el mundo pulsional o afectivo.
Los sentimientos no son algo yuxtapuesto al sujeto sino que constituyen su misma esencia. A través de ellos es como vamos constituyendo nuestra propia personalidad, al mismo tiempo que nos permiten relacionarnos con los demás. Spinoza decía que mientras la razón uniforma a unos y otros, los sentimientos distinguen a unos de los otros. Nos podemos distinguir por nuestros conocimientos y saberes, pero lo que de verdad nos distingue a unos de los otros es la actitud que tomamos ante las cosas y lo que nos proporciona nuestro sello de identidad propio e irrepetible.
Vivimos como si los sentimientos solamente fueran un lastre para desarrollarnos en la vida. Por esto se nos educa en el convencimiento de que, cuanto más fríos y calculadores seamos, más posibilidades de éxito tendremos. Pero en la historia de la humanidad, las grandes atrocidades se han cometido cuando se han mutilado los sentimientos y se ha hipertrofiado la razón.
El ser humano no es igual al sumatorio de facultades (pensamiento, voluntad, y emoción) sino que es “algo más”: una realidad que se organiza a partir de esos elementos, pero que constituye una nueva estructura: la mente humana. La inteligencia emocional es el ‘cemento’ que hace encajar todas las piezas del gran rompecabezas que es la mente humana. La inteligencia emocional entendida como “la capacidad de la persona para entender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa para asimilarlos y comprenderlos de manera adecuada y para regular y modificar el estado de ánimo propio y de los demás”.
Esta habilidad de la mente humana nos permite identificar nuestros sentimientos y los de los demás, utilizar las emociones de forma correcta, comprenderlas y conducirlas para conseguir el bienestar propio y ajeno. Podemos, pues, afirmar que los sentimientos, bien utilizados, no dificultan la toma de decisiones, ni son impedimentos para nuestra felicidad, sino que constituyen la forma más idónea de progresar y crecer psicológicamente.
Si mutilamos los sentimientos, mutilamos la posibilidad de ser felices. Y nos referimos tanto a los sentimientos positivos como a los negativos, pues ambos contribuyen al desarrollo completo de la persona. La emoción y la razón son las dos mitades de un todo. Así, pues, en cada persona su cociente intelectual y su cociente emocional (su gradiente de inteligencia emocional) se suman para constituir una mente más creativa, más madura y en definitiva más eficaz.
La inteligencia emocional es una capacidad que todo ser humano posee, pero que puede estar más o menos desarrollada. Esta facultad de la mente humana permite que no nos dejemos llevar por los impulsos, ni tampoco por las primeras impresiones, sino que seamos capaces de “razonar con sentimientos” sobre las decisiones a tomar.
La razón y los sentimientos no son dos polos opuestos de nuestra actuación sino que se encuentran fusionados a través de la inteligencia emocional. Las emociones nos pueden ayudar a razonar de forma inteligente y tomar las decisiones correctas. Es decir, podemos corregir a Descartes y pasar del “pienso, luego existo”, al “pienso sintiendo, luego existo”.
Experiencias del Día de San Valentín
Por la Dra. LeslieBeth Wish *
Otro día de celebración, otro factor de estrés. Día de San Valentín. Difícilmente puedas evitarlo. Corazones rojos atados arriba de los escaparates de ropa interior, las vendedoras ofrecen lo último en fragancias, los anuncios de relojes caros para mujeres y hombres ocupan media página. Hay avisos de sobra, el merchandising se inicia cada vez más temprano. Sin embargo, si entra en un CVS o Walgreen’s luego del trabajo en el Día de San Valentín, se asombrará de la cantidad de personas buscando la tarjeta adecuada en los estantes casi vacíos.
Incluso para aquellos de nosotras que estamos cansadas de estos días de fiesta comerciales, aún está ese nudo en la garganta, ese revoloteo del pecho que puede hacerle preguntar: ¿Estoy enamorada? ¿De la persona correcta? ¿Y cómo sé si mi novio está hecho para el matrimonio?
Desafortunadamente, cualquiera puede parecer un buen partido en el corto plazo. Apunta a conocer a alguien con el tiempo. Las personas pueden -y lo hacen- mantener fachadas por meses o incluso años. Preste atención a sus instintos y no esconda señales de problemas bajo la alfombra.
Seguro que no existe una respuesta mágica a si usted y su pareja deberían casarse, pero aquí tiene una guía rápida. Quizás estas ideas le harán suscitar más temas para agregar a la lista. Tenga en cuenta que esta lista no se trata de la otra persona, aplica a ambos ya que un compañero elegido sabiamente lo hará a usted un buen compañero también.
1. Tratarse
con respeto mutuo. Por años, las investigaciones sobre el matrimonio han
demostrado que el respeto mutuo y la amabilidad son centrales para un amor
duradero. Por ejemplo, parejas comprensivas y respetuosas no se critican en
público o menosprecian los intereses o valores del otro. No hay abuso físico,
verbal o sexual.
2. Tú y tu pareja son la mejor versión de ustedes mismos. El amor supone
sacar lo mejor de cada uno. ¿Te gustas a ti misma en esta relación? ¿Estimulas
lo mejor de tu pareja?
3. Tú y tu pareja no usan con frecuencia la crítica como forma de comunicación. Comentarios punzantes apenas encubiertos y sarcasmos erosionan el amor. Por supuesto que nadie es perfecto, y todos nos portamos mal de vez en cuando. Pero casi todo el tiempo, su estilo de comunicación debería ser cálido y positivo. Como las plantas, el amor necesita de cuidados para florecer y permanecer vivo.
4. Tú y tu pareja no escatiman amor y cuidado para “castigar” o tomar represalias contra el otro por un comportamiento hiriente. Es triste pero cierto que con frecuencia herimos a quien amamos. Hacemos esto porque invertimos emocionalmente lo máximo en las parejas, y cuando esta inversión es alta, nuestras defensas no son tan amables. Busca una pareja que sea capaz de comunicar su infelicidad de manera que no deprecie o hiera a la otra persona.
5. Ambos piden disculpas cuando están equivocados o son hirientes. Las disculpas son muy poderosas. Las mismas significan que alguien está dispuesto a reconocer sus errores -e incluso está avergonzado de ellos- todo en nombre del amor.
6. Cada uno aplaude los logros del otro. Las parejas enamoradas no compiten entre sí. Ayuda y alienta los éxitos de tu pareja.
7. Comparten valores comunes de vida y al menos algunos intereses. Asegúrate que tu pareja sienta lo mismo sobre el matrimonio, el compromiso, y la fidelidad. No puedes “arrastrar” a alguien al matrimonio o a un comportamiento aceptable. ¡Observa cómo tu pareja trata a su familia, amigos, colegas y ex!
8. También comparten el sentido del humor. La vida es dura e impredecible. Asegúrate que puedas reír. Vayan a ver películas de comedia. Vean el absurdo en la vida y rueden juntos en ella.
9. Trabajen como un buen equipo para la resolución de problemas. No se queden atascados en el comportamiento repetitivo y destructivo de culparse mutuamente por un problema. Una pareja inteligente y atenta “avanza” y se dirige directamente a desarrollar soluciones, especialmente cuando tú y tu pareja tienen diferentes puntos de vista. De hecho, las diferencias en personalidad, formación, y aptitudes, por ejemplo, pueden enriquecer una relación. Los estudios sobre matrimonio demuestran que estilos complementarios enseñan y amplían las habilidades y flexibilidad de la otra persona.
10. No tratan de “arreglar” al otro. No puedes amar a alguien en el futuro. Puedes ver el potencial en alguien, pero no puedes arrastrarlo a su “potencial.” Su relación existe en el presente. Además, no puedes realmente arreglar a otra persona.
11. Aplaudes y aceptas las diferencias del otro. Tampoco puedes cambiar a tu pareja. Si existen diferencias importantes relacionadas con la raza o religión, por ejemplo, lo mejor es resolver y abordar los temas de creencias, cultura, y valores ahora.
12. Tu y tú pareja han “estado allí el uno para el otro” en los buenos y malos momentos. Algunas parejas están mejor durante las crisis al brindar apoyo y luego se desmoronan cuando todo anda bien debido a que no se sienten “necesitados”. Lo contrario también ocurre. Algunas parejas encaran las cuestas durante una enfermedad y otros momentos difíciles. Asegúrate que tú y tu pareja no son amantes del buen tiempo.
¡Espero que esta lista provoque una evaluación de tu Valentín!
* Dra. LeslieBeth Wish, MSS es una trabajadora social de Sarasota, FL. Ha sido oradora para organizaciones sin fines de lucro, empresas y organizaciones universitarias. La Dra. Wish brinda asesoramiento sobre relaciones en base a investigaciones, especializándose en temas como cita inteligente, asesoramiento de relación de mujeres, orientación profesional, familias saludables, disfunción sexual, y formación en liderazgo. La Dra. Wish es una columnista, "Relationship Realities" (Realidades de la Relación) y Miembro de la Comisión de Asesoramiento de www.QualityHealth.com, un sitio de Salud Top Ten. También es miembro de la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales.
Deja el cascabeleo del estrés en esta época navideña
Tips de 60 segundos para la época navideña
Por Millie
Grenough - Instructora ejecutiva, autora, presentadora, Instructora
Clínica en Psiquiatría y Trabajo social en la Facultad de Medicina de la
Universidad de Yale
¿Te eriza la
piel con solo pensar en la época Navideña? ¿Te mortificas por todas las cosas
que tienes que hacer? ¿Te sientes sumamente estresado por todas las personas a
las que tienes que hacer felices? No estás solo. Los profesionales de la salud
mental señalan que la ansiedad, las disputas familiares y la depresión con
frecuencia se elevan durante la época Navideña. Y estos días son especialmente
difíciles para las personas que prestan el servicio militar y sus familiares.
Teresita es una de ellas. Ella asistió al taller Estrategias de 60 segundos para
Reducir el Estrés Durante la Época Navideña que Grenough llevo a cabo en
el hospital para veteranos militares. El esposo de Teresita es un veterano
incapacitado que sufrió heridas en Vietnam, y su hijo ahora se encuentra en
Afganistán. Ella nos contó: "Toda mi familia está hecha un desastre. Sin dinero.
Mi esposo se encuentra en el hospital y no puede trabajar. Mi nuera y sus hijos
viven conmigo, ella está desesperada y aterrorizada de que su esposo no logre
regresar. Y se encuentra preocupada de que sus niños no disfruten de una feliz
Navidad. Yo soy la que carga todo esto encima. ¡Realmente necesito ayuda!"
Se sentía atraída ante la posibilidad de cambiar del "canal del estrés" al
"canal de la tranquilidad". Cuando escuchó que Millie Grenough
le decía que podía modificar su cerebro en tan solo 60
segundos, se metió de
lleno. Esto es lo que Millie le enseñó a Teresita. ¡También puede funcionar para
ti!
- Paso 1: Dale
un respiro a tu cuerpo. Ahora mismo toma 60 segundos. Ponte de pie y estírate,
sacude todo aquello que tienes que hacer, todas tus
tristezas y preocupaciones. Mueve los dedos de tus pies,
baila, encuentra el espacio. Estira tus brazos y todo tu
cuerpo hacia el techo a la vez que exclamas "¡Paz!". Inclina lentamente
hacia el piso gritando "¡Alegría"! Regresa ahora a tu postura
inicial y estira tus brazos a un lado y grita "¡Salud!"
Ahora estira tus brazos al otro lado y grita para que te
escuchen en California "¡Celebra!" se
acabaron los 60 segundos. Ahora estás lista para tu segundo OASIS.
- Paso 2: Dale un descanso a tu mente. Ahora mismo toma papel y pluma. Anota la respuesta a esta pregunta. No la corrijas. Solo escríbela. ¿Cuándo eras un niño cuál es el recuerdo favorito de aquellas épocas navideñas?¿Qué edad tenías? ¿Exactamente en dónde te encontrabas? ¿Quién más estaba contigo? ¿Qué fue lo que la convirtió en algo tan especial? Toma 60 segundos: anota los aromas, colores, tus sentimientos.
- Paso 3:
Cambia tu canal. Cambia del canal estresante "tengo que
hacerlo" al canal placentero "me
sentiré bien". Ahora mismo, realiza una lluvia de ideas por 60 segundos y
anota tus respuestas a la siguiente pregunta: Por $5 dólares o
menos, qué es lo que tú puedes brindar a:
1) Alguien que conoces,
2) alguien que no conoces,
3) ¡¿A ti mismo?!
- Paso
4: Disfruta de una visión más amplia. Ponte cómoda y
relájate. Inspira en tu canal "me siento bien". Felicítate
por haberte cambiado del agobio al oasis.
Cuando Teresita terminó de escribir, su rostro se veía resplandeciente y
todo su cuerpo exhalaba alegría al compartir con el grupo lo que
recordaba: "Me encontraba preparando galletas con mi abuela en
su diminuta cocina. Aún recuerdo que tan sabroso era su
aroma. Había olvidado por completo que tanto significaban
estas pequeñas cosas. Cuando me pongo a pensar cuánta
gente se encuentra en Afganistán, y aún en mi propio
vecindario, que no tienen una casa segura donde vivir, me hace cambiar de
perspectiva. Todo lo demás carece de importancia".
"¿Qué es lo que decidí hacer en mi canal del placer? Cocinar galletas
con mi nieta Juanita. Enviaremos algunas a su padre y otras para
los veteranos militares en el hospital. Entonces cuando
regresemos a casa,
nos haremos una a la otra un manicure. Lustroso Rojo Brillante. "¡Será
increíblemente divertido"!
En solo tres minutos, Teresita se deshizo del nerviosismo con la ayuda de
las estrategias de 60 segundos OASIS en la Adversidad.
Ella le comunicó a su cerebro: "Dejemos este canal de
estrés y vayamos a hacer algo que sea
más útil. Vayamos al canal de gratitud, puedo ser feliz de que estemos
juntas y que podamos hacer algo por las personas que amamos".
Entonces se tomo otro minuto para bañarse en el canal de
sentirse bien.
Millie Grenough prosigue: "Las últimas investigaciones en lo que se
refiere a neurociencia nos confirman que realmente tenemos la
capacidad demodificar nuestros propios cerebros. Si Teresita se hubiese quedado
en el
canal del estrés, podría haber reforzado esa conexión neural y causarle
un gran daño a su cuerpo, por no decir al estado de ánimo de las
otras personas que viven con ella. ¿Cuál fue el resultado
que se observo
cuando ella abandono el canal "con los nervios de punta" al canal de
"agradecimiento"? Ella es más feliz, tiene mayor energía, se
concentra en hacer lo que necesita hacer y quiere
hacer. Y puedes estar seguro que
los otros miembros de su familia se beneficiarán felizmente de que haya
cambiado de canal".
Regálate una época Navideña OASIS. Cambia tu canal ahora. Puedes
encontrar más información y técnicas en el libro de Millie
Grenough OASIS En la Adversidad
disponible en
www.milliegrenough.com o
www.amazon.com.
Estrategias para sobrellevar las fiestas para padres separados o divorciados
Por NASW - The National Association of Social Workers
Preguntas y respuestas con la trabajadora social Risa Garon de Maryland, LCSW-C, BCD, CFLE. Directora Ejecutiva y Cofundadora de The National Family Resiliency Center, Inc., Rockville, Maryland. La Sra. Garon es la directora ejecutiva de The National Family Resiliency Center. Un centro de salud mental privado sin fines de lucro que atiende niños y familias que están experimentando transiciones tales como pre matrimonios, matrimonios, separaciones, divorcios y relaciones con padrastros a lo largo de la vida. Garon es una trabajadora social clínica, matriculada, diplomada y certificada por la junta estatal y educadora de vida familiar certificada. También es una mediadora certificada y cuenta con entrenamiento y certificación en leyes colaborativas, asistiendo como guía de divorcios y especialista en niños.
Aquí están algunas de las preguntas que la Sra. Garon ha escuchado de parte de padres separados o divorciados a lo largo de los años.
Pregunta. Recientemente me separé del padre de mis hijos y no estoy en condiciones de celebrar las próximas fiestas. ¿Esto lastimará a mis hijos?
Respuesta. Realmente depende de cómo le transmitas esto a los niños. Es importante ver si los niños tienen ganas de celebrar y cómo. La mayoría de los niños, sin importar los cambios que hayan tenido que realizar, aún quieren celebrar. Es parte de ser un niño. Si puedes hacer que parte de las fiestas sean manejables para ti emocionalmente, le ayudaría a tus hijos tener un sentido de esperanza de aún ser parte de una familia. Esto podría ayudarte a ti a sentir esperanza también. La principal tarea para ti es ser honesta contigo misma acerca de qué puedes manejar emocional y financieramente de forma segura. Si pueden contar con el apoyo de un familiar cercano o amigo, esa persona podría ayudarte a pasar las fiestas mientras puedas celebrar con tus hijos.
Pregunta. Temo que estaré triste, incluso que lloraré. ¿Eso está bien o arruinaré las fiestas?
Respuesta. Eres un ser humano y necesitas darte a ti misma la oportunidad de sanar. Está bien que les digas a tus hijos que las fiestas de este año son difíciles para ti; les permite escuchar sus propios sentimientos también. Al mismo tiempo, es importante que cuentes con el apoyo de un adulto para que tus hijos no sientan que deben cargar contigo o preocuparse por ti.
Pregunta. Me estoy sintiendo muy estresado como padre soltero y no tengo el tiempo, energía y dinero suficientes para pasar las fiestas como solíamos hacerlo. ¿Debería pretender que si?
Respuesta. Primero, entiende que no estás solo. La mayoría de la gente se siente estresada para esta época. Parte del estrés proviene de nuestras expectativas irreales de cómo “deberían” ser las fiestas más que de la forma en que nosotros realmente podemos pasarlas. Haz una lista primero para ti mismo y luego incluye a tus hijos:
· ¿Qué es lo más importante para mí y para mis hijos sobre estas fiestas?
· ¿Hay tradiciones/rituales viejos que podamos mantener que signifiquen mucho para nosotros?
· ¿Cómo puedo limitar los gastos relacionados con las fiestas?
· ¿Qué puedo hacer por mí mismo para relajarme y reducir mi estrés?
Pregunta. ¿Cómo puedo ayudar a mis hijos acerca de sus sentimientos sobre las fiestas, especialmente siendo estas las primeras fiestas luego de una transición familiar?
Respuesta. Identifícate con tus hijos y date cuenta cuán difícil podrían ser estas fiestas para ellos. Deja que ellos hablen primero para que puedas entender realmente su perspectiva. Vuélveles a asegurar que está bien sentir lo que sea que estén sintiendo, son sus sentimientos. Si esta es una “primera vez” entonces el niño podría no saber cómo reaccionar. Escucharlos cuidadosamente, lean libros juntos sobre sentimientos, identificándote con ellos, ayudarás a tus hijos a sentirse escuchados y comprendidos. Recuerda que los padres no pueden hacer que todo esté bien.
Pregunta. Mis hijos y su padre/madre quieren que celebremos las fiestas juntos por un periodo de tiempo. ¿Esto es justo para los niños? ¿Les dará un falso sentido de esperanza?
Respuesta. Preguntaría cómo te sientes acerca de estar con el padre/madre y que tus hijos entiendan que este es un evento familiar pero no significa que vuelvan a estar juntos. Aunque quieras ser respetuoso con el padre/madre, también debes pensar en ti mismo. Si puedes manejar el hecho de estar juntos por una hora para abrir regalos navideños y tener un desayuno limitado en tiempo, fantástico.
Pregunta. El padre/madre de mi hijo preguntó si deberíamos compartir los regalos que les damos a nuestros hijos este año. ¿Qué piensas al respecto?
Respuesta. Depende de qué tan bien se lleven entre los dos. Si no están compitiendo por el regalo más grande y más caro y quieren ser un frente unido para sus hijos, está bien hacer regalos conjuntos. Está bien que hagan una lista en conjunto, decidan en un tope para gastar y dividan quien compra cada cosa.
Pregunta. No tenemos dinero, esto es horrible. Mis hijos nunca superarán esto. ¿Qué puedo hacer?
Respuesta. Hornear galletas, llevar regalos hechos a mano a una residencia de ancianos, mirar vidrieras, ahorrar centavos para donarlos a tus organizaciones favoritas son nuevos rituales que tu familia siempre apreciará. Puedes encontrar actividades gratuitas que ocurren en las fiestas también.
Pregunta. Mi antigua pareja y yo comenzamos a hablar sobre las fiestas y terminamos discutiendo. Los hijos de mi nueva pareja celebran las fiestas un día, mis hijos otro día. ¿Qué puedo hacer para que todos nuestros hijos puedan estar juntos?
Respuesta. Quizás tú y tu antigua pareja puedan reunirse con un profesional, un tercero de posición neutral, que los ayude a lograr un compromiso entre ambos. Por ejemplo, quizás puedan estar juntos por una hora en la mañana mientras los niños abren los regalos. Luego, tal vez puedes alternar los años en los que tu pareja actual se adaptará a la fecha de tus hijos y viceversa. Tu antigua pareja se sentirá mejor al ser tenido en cuenta también.
Hay una forma de combinar ambos intereses. Pregúntate a ti mismo que tradiciones y rituales pasados quieres mantener. ¿Puedes incluir a los niños en una discusión donde se propongan ideas sobre nuevos rituales? Es importante que todos los niños sean involucrados en esta discusión ya sea que vivan contigo y tu nueva pareja o no.
Pregunta. Nuestros hijos nos dijeron que están cansados de tener que dividir las fiestas a la mitad. No quiero renunciar a mi tiempo con ellos y sé que su padre/madre tampoco. ¿Qué puedo hacer?
Respuesta. La Navidad puede ser en Julio. En otras palabras, una familia puede celebrar las fiestas en un día que no sea el día designado para dicha festividad pero que sea el día de tu familia designado para compartir de la misma forma que el día real mientras celebren, incluya a los niños en rituales y haga una comida festiva. Aún así estás celebrando las fiestas, sólo que en un día diferente.
Pregunta. Mis hijos no quieren conocer a los hijos de mi pareja. ¿Cómo manejo este tema especialmente en las fiestas?
Respuesta. Primero, intenta entender los pensamientos y sentimientos de tus hijos. Muestra que los entiendes. No puedes “hacer” que tus hijos quieran pasar tiempo con los hijos de tu pareja pero puedes pedirles que pasen un corto período de tiempo con ellos. Podría ser de ayuda estipular ciertos requerimientos tales como decir hola y ser educados.
Lo más importante es que busques apoyo, en amigos, compañeros de trabajo, familia, personas que realmente te conocen y se preocupan por ti. Cuando hayas pasado por esta “primera” vez, reconoce tu mérito, has sobrevivido.
Que tus próximas fiestas sean celebradas con fuerza, compromiso compartido por la familia y expectativas realistas.
* The National Association of Social Workers (NASW), en Washington, D.C., es la más extensa organización de trabajadores sociales profesionales en el mundo con cerca de 150.000 miembros con 56 delegaciones a lo largo de los Estados Unidos y sus territorios. Promueve, desarrolla, y protege la práctica del trabajo social y de los trabajadores sociales. NASW también busca mejorar el bienestar de los individuos, familias y comunidades a través de la asistencia.
Jóvenes sin rumbo, la Generación Ni-Ni
Por Alejandro Rocamora Bonilla
Juan tiene veintisiete años. A los dieciséis, al terminar la enseñanza obligatoria, estuvo unos meses trabajando de reponedor en unos grandes almacenes. Pero lo dejó a las pocas semanas: “Allí me sentía explotado”, dijo. Ahora vive con los padres, tiene la comida puesta todos los días, una paga semanal y la posibilidad de conectarse a Internet. Afirma que los padres le dan “la paliza” para que organice su vida, pero él trabajará cuando lo desee.
No todos los jóvenes actuales participan de las características de esta Generación Ni-Ni (no estudian, ni trabajan, ni tienen intención de hacerlo). Las razones que se pueden señalar como origen de la Generación Ni-Ni son múltiples y complejas.
El hecho de haber nacido y desarrollado en una sociedad sin privaciones ni penurias ha favorecido la aparición de una generación con miedo al fracaso. Lo han tenido todo (comida, estudios, ropa de marca, etc.) pero no han sabido saborearlo. Estos jóvenes tienen pánico a la frustración y por esto son pasivos e indolentes. Su reflexión es algo así como: “Si no estudio ni trabajo, no fracaso”. Pero, añado yo, desgraciadamente tampoco podrán saborear la satisfacción del triunfo.
Estos jóvenes han tenido, generalmente, padres muy trabajadores (“han vivido por y para el trabajo”) pero también han percibido que ellos no eran felices. Incluso a veces han sentido su frustración y fracaso como personas. Por tanto, piensan: “¿Para qué luchar tanto, si al final esto no te asegura la felicidad?”
La situación actual desgraciadamente no ayuda, pues la precariedad en el empleo y el temor de ser “menos que los padres” pueden llevar a estos jóvenes a tirar por la calle de en medio: ni trabajar, ni estudiar.
Los jóvenes de hoy son productos de una educación demasiado permisiva y excesivamente “tolerante”. Son los primeros “hijos con la llave al cuello”, la generación en la que tanto el padre como la madre trabajan fuera de casa, de manera que los niños son cuidados por los abuelos o se pasan todas las tardes viendo la televisión.
La solución no es fácil, pero existen medidas preventivas para evitar que nuestros hijos formen parte de la Generación Ni-Ni.
Es mejor ser un mal original, que una buena fotocopia. Lograr ser uno mismo permite llegar a ser grande, mucho más grande que si imitaras al más famoso de los famosos.
También es importante educar en valores. Lo importante no es la fachada sino lo que está dentro. Debemos esforzarnos por ir robusteciendo en los más jóvenes lo que son, no lo que tienen. Así los valores de la solidaridad, el compromiso, la honradez, la tolerancia, por ejemplo, están por encima de poseer un gran coche, ir de vacaciones al Caribe o comprarse unas zapatillas (calzado deportivo) de marca. Lo primero es lo esencial, lo segundo es lo accidental.
Educar para superar la frustración es una “receta básica” para el buen funcionamiento de la familia. Así como existe una vacuna contra la meningitis y otras enfermedades, deberíamos aprender a ‘vacunar’ a nuestros hijos contra la frustración. ¿Cómo? No protegiéndoles de tal manera que parezca que viven en el paraíso terrenal: nada se les niega (todos los caprichos están a su alcance), todo se les permite. Un buen objetivo será no exigir más de lo que el niño pueda dar. Él mismo debe ir aceptando sus propias limitaciones, no como un defecto sino como su realidad, que le puede producir felicidad y bienestar.
Antes, cuando dos jóvenes se presentaban, era frecuente preguntarse: “¿Estudias o trabajas?” En la década de los ochenta, la pregunta se amplió: “¿Estudias, trabajas o te drogas?” Hoy muchos contestarían: “Ni estudio, ni trabajo”. Es la Generación Ni-Ni. Nuestro esfuerzo debe estar dirigido a que se vuelva a la primera cuestión. Sería un indicador de la buena salud de nuestra juventud.
Padres gordos, hijos gordos
Por Carlos Miguélez Monroy
Más de la mitad de los habitantes de los países ricos padece sobrepeso, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El gasto sanitario de los gobiernos de estos países ha incrementado desde hace décadas por problemas de salud relacionados con la obesidad. Diabetes, colesterol elevado, enfermedades coronarias y cardiovasculares han ido de la mano del creciente sedentarismo de la población y con cambios en la dieta.
La exportación del modelo de “desarrollo” y de consumo de las sociedades más industrializadas al resto del planeta ha convertido los kilos de más en una pandemia mundial. El 60% de los mexicanos vive bajo el umbral de la pobreza, pero uno de cada tres de sus adultos padece sobrepeso, la misma proporción que en Estados Unidos.
Las enfermedades relacionadas con la obesidad se han incrementado por las migraciones masivas hacia las grandes ciudades. Sortear el tráfico, recorrer los núcleos urbanos de punta a punta y cumplir con “compromisos” que se multiplican ocupan la mayor parte del día de las “muchedumbres solitarias”. Las personas con pocos recursos no tienen el mismo acceso a gimnasios y clubes deportivos. El cemento le gana terreno a los espacios verdes que antes se utilizaban para actividades al aire libre.
Ya no se dispone del tiempo que antes se dedicaba a seleccionar una dieta variada para la compra. La industria de la comida rápida ha capitalizado esta “oportunidad” con publicidad agresiva y con precios que convierten la alimentación basura en un “mal menor”.
Organizaciones como Consumers International han denunciado que gran parte de las campañas de marketing de la comida basura va dirigida a los menores: el tigre de los cereales con azúcar, los Fruit Loops de colores con múltiples saborizantes, el cacao con azúcar en polvo para la leche que se vende como producto para el crecimiento y el fortalecimiento de los huesos. Golosinas de colores, de sabores y de escaso valor nutricional están al alcance de muchos niños. En algunos países, la denuncia de la publicidad agresiva ha llevado a empresas de bollería industrial y de refrescos a cambiar sus estrategias de marketing. Al mismo tiempo, se promueven leyes para prohibir la venta de esta comida en los colegios.
Sin embargo, la educación y el entorno determinan más el sobrepeso que la comida basura, según expertos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN). Un niño con uno de sus progenitores obeso tiene hasta cuatro veces más probabilidades de padecer sobrepeso en su vida adulta. No sólo por la genética, sino por el papel de “ejemplo” que juegan la actividad física y los hábitos alimenticios de los adultos.
En España, diversos estudios sobre la alimentación infantil dejan ver no sólo una dieta pobre en frutas, verduras y hortalizas, sino también casos de niños incapaces de describir el sabor de una naranja, de una manzana, de un brócoli o de un tomate. Esto apunta en la dirección de unos padres que se desentienden de su responsabilidad en la dieta del hogar. En ocasiones, los premios en forma de golosinas se convierten en elemento de chantaje para que los hijos dejen el “yo no como eso, no me gusta”. Pero la educación por incentivos juega en contra del porvenir de los menores, pues el estímulo no siempre se sostiene en los años. Desde niños nos educaron para no preguntar si nos gusta o no nos gusta lo que tenemos que hacer, respondió la reina de España, a quien le preguntaba si le gustaban las exigencias del protocolo.
Para muchos padres que vuelven tarde de trabajar, resulta más cómodo comprar comida rápida de alto valor energético y poco valor nutricional, o dejarles a sus hijos dinero para que “agarren” algo. Los padres han encontrado en los videojuegos un aliado para mantener a los menores dentro de su casa. Esto les da tranquilidad en entornos de inseguridad de varias ciudades.
Lejos del tópico del “gordito feliz”, la obesidad no sólo afecta la apariencia y la salud física de los niños, sino también la emocional. Sin una autoestima aceptable en entornos escolares de alta competitividad, los menores quedan más expuestos al acoso, al aislamiento y al desarrollo de otras conductas adictivas. Esa baja estima permanece en los años y afecta las expectativas laborales. La obesidad supone un obstáculo para que las personas disfruten de la salud, un derecho que comienza a ejercerse en el hogar desde la educación y el ejemplo de los padres.
Jóvenes en busca de ideales
Por José María Jiménez - Catedrático de Filosofía
Un balance entre paradigmas educativos de corte autoritario y otros más laxos invita a la reflexión. Quizá el caso más conocido de un tipo de pedagogía basada en la imposición de una férrea disciplina sea el de Esparta. Con el fin de convertir a sus ciudadanos en los soldados más temidos de Grecia, se sometía a los niños a unos rigores que traspasaban las fronteras de lo consideramos humano. Se les sometía a pruebas y sufrimientos con el fin de endurecerlos, se les exigía obediencia ciega y se les castigaba con dureza.
Nosotros no hemos conocido una educación que se aproximara a tan monstruoso paradigma. Pero sí hemos conocido formas de autoritarismo que impregnaban las relaciones gobernante-súbdito, superior-inferior, maestro-alumno y, por supuesto, padres-hijos. Desde esos esquemas, más basados en la idea de dominio y de sumisión que de convicción y de participación, los hijos debían aceptar las exigencias paternas.
El viejo aforismo según el cual “quien bien te quiere, te hará llorar” justificaba el empleo de una notable dureza en relación con los menores, se insistía más en sus fallos que en sus éxitos y se echaba mano preferentemente del castigo en lugar de los refuerzos positivos. No era infrecuente el recurso a “etiquetar”, a comparar a unos con otros, a humillar, a ridiculizar…
Ese modelo educativo propiciaba el desarrollo de personalidades apocadas, con niveles de autoestima muy bajos, gran dificultad para construir un universo moral propio, inclinadas a la aceptación de las reglas por miedo. En el extremo opuesto y como reacción a las imposiciones de que eran objeto, se daban conductas marcadas por la agresividad y la rebeldía a ultranza frente a la autoridad y a la norma.
Hoy, bastantes adultos han abrazado un modelo de relación con los menores caracterizado por una extrema blandura. Con ella por bandera han desterrado de su praxis educativa las exigencias y han renunciado a proponer ideales que supongan esfuerzo e impliquen alguna dosis de sacrificio.
Padres y madres excesivamente permisivos, convencidos de que querer a los hijos es no regatearles caprichos, librarles de todo tipo de rigor y mimarles hasta extremos que rozan el empalago. Fieles a tales criterios, a los niños y adolescentes nada les debe ser negado, cualquier frustración les debe ser evitada y las normas por las que se gobiernan son tan laxas que su trasgresión apenas si merece la más leve penalización. Todo vale con tal de no entrar en conflicto y provocar enfrentamientos.
Lejos de ayudarle a madurar, esto dificulta la actualización de sus potencialidades, no favorece una visión realista de sí mismo y de la vida, ni le empuja a superar la creencia de que es el ombligo del universo. Tampoco, desde luego, a que, a caballo del sentido común, se preparen para la vida. Sobre todo, no tienen en cuenta de que, al concederles todo cuanto se les antoja les estamos hurtando su propia y verdadera libertad para someterlos a la tiranía de sus caprichos.
No es sorprendente que algunos estudios sobre la escala de valores por la que se mueven una buena parte de nuestros muchachos revele la preocupante limitación de su universo axiológico. Valoran, por encima de todo, las buenas relaciones familiares, el éxito en el trabajo, tener muchos amigos, ganar mucho dinero y disfrutar de una sexualidad satisfactoria. Eso es todo. No aparecen por ningún lado grandes exigencias éticas, ni invocaciones a la solidaridad o a la justicia.
En un mundo individualista en el que somos bombardeados por mensajes hedonistas, tal vez el ideal a mostrar en nuestros jóvenes no sea otro que el de la generosidad, la fraternidad y el amor, puertas por las que podremos escapar de la prisión de las pequeñas mezquindades entre las que nos movemos y de los torpes egoísmos de que nos nutrimos. Quizá sea incluso la garantía de nuestra supervivencia como seres humanos.
Trasformado en exigencia, en compromiso, en urgencia moral, el hambre de justicia se convierte en la gran Utopía a proponer a nuestros hijos. Y no podemos ignorar que sólo los héroes, los utópicos que van más allá de los convencionalismos y señalan con sus conductas los grandes ideales de la virtud, sólo ellos son sembradores de semillas con capacidad para trasformar la realidad. La historia parece confirmar que siempre ha sido así. Enterrar la mediocridad y el conformismo es el reto; sembrar inquietudes morales en el corazón de nuestros hijos, el camino. Ninguna tarea más hermosa que acompañarles en el camino de descubrimiento de los grandes ideales.
Parafraseando a Teilhard de Chardin, el día que lo consigamos habremos descubierto el fuego por segunda vez.
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