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Una historia secreta de guerra
Homenaje a todos los caídos en el conflicto por las Islas Malvinas.
Por Ángel Villegas
Corre el año 1982 y la Junta Militar de Argentina, en el poder desde el 24 de marzo de 1976, decide dar un golpe de timón a un gobierno que se desprestigia en los planos interno y externo, invadiendo las Islas Malvinas el dos de abril. Este territorio insular, en manos de Gran Bretaña desde 1833, fue rápidamente recuperado y las fuerzas inglesas, inferiores en número, se rindieron ante los comandos de la marina argentina. La jugada, que no cuenta con el aval de los Estados Unidos de Norte América, coloca a los militares argentinos en la búsqueda de apoyo internacional, para enfrentar a una potencia militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
La voz del brigadier general y miembro de la Junta Militar Basilio Lami Dozo, sonó firme y enérgica: - ¡Para ganar esta guerra necesitamos contar con más aviones de combate que bombardeen la flota inglesa! Hizo una pausa y dirigiendo la mirada al secretario de la Fuerza Aérea, le dijo: -¡Si los gurkas desembarcan en las islas, nosotros no contamos con suficientes fuerzas en tierra para repeler un ataque de esos hombres, que han viajado miles de kilómetros para venir a matar a nuestros soldados! Luego, se produjo un gran silencio.
Desde la invasión a las islas, la Junta Militar con el general Leopoldo Galtieri a la cabeza, el almirante Anaya y el ya nombrado Lami Dozo, instruyó al canciller Nicanor Costa Méndez, para que recorra los principales foros mundiales en búsqueda de apoyo. Contradiciendo los principios del golpe de Estado de 1976, este descendiente de una aristocrática familia criolla, buscó aliados en el Movimiento de Países No Alineados, algunos de los cuales eran considerados “exportadores de subversión comunista”. Mientras los disidentes argentinos eran perseguidos, torturados y asesinados por sus creencias políticas, Costa Méndez se abrazaba con Fidel Castro, Muamar Kadafi y Daniel Ortega Saavedra entre otros. Hasta se habló de conseguir apoyo en armamentos de la mismísima Unión Soviética…..
Después de viajar más de 12.000 kilómetros, la Task Force, llegó a las islas y el día primero de mayo, se iniciaron las hostilidades. A pesar de la prohibición norteamericana de prestar ayuda efectiva a la junta Militar Argentina, hubo un país que se “jugó” por la causa americana, planteada en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproco (TIAR), y fue Perú.
El gobierno del presidente Fernando Belaunde Terry, incondicional aliado de la Argentina, junto a Venezuela, en una de las dos tríadas de poder sudamericano, fue más allá de cualquier declaración altisonante a favor de la causa Malvinas y envió ocho aviones Mirage III franceses, pero la historia se encargó de mantener en secreto por treinta años aquella ayuda, hasta hoy...
El Aeropuerto Internacional de la provincia de Jujuy (Argentina), se encuentra a más de 30 kilómetros de la ciudad capital San Salvador, en una zona húmeda y boscosa, y a escasos mil metros de la ciudad tabacalera de Perico. Para vigilar las instalaciones aeroportuarias, fui destinado como Policía Militar en aquel año 1982, mientras prestaba el Servicio Militar Obligatorio.
Aquella mañana de mayo, el jefe de la región aérea del noroeste argentino, recibió la orden directa del alto mando de la fuerza, para que organice el operativo de recepción: -¡Señor Vicecomodoro, los Mirage tendrán que ser recibidos en el Aeropuerto de Jujuy, porque nuestras brigadas aéreas están demasiado alejadas para ellos! Se sabía que Perú no contaba con hangares adecuados y que toda su flota aérea de combate se encontraba casi a la intemperie. Los aviones viajaron a baja altura para burlar a los satélites norteamericanos, y Bolivia operó como paso obligado para aquellos, ya que Chile era considerado un enemigo y casi se había ido a una guerra por las tres islas del Canal de Beagle, en la Navidad de 1979.
Para colaborar con las tareas de vigilancia del Escuadrón Jujuy de la Policía Aeronáutica, fueron enviados los cercanos escuadrones de Salta y Tucumán, alcanzando con ellos un poco más de 70 soldados, todos entre 19 y 28 años de edad y no de 18 como alguno dice por ahí. Para mantener el secreto de la operación, fuimos acuartelados y se cortó toda comunicación con nuestras familias. Contemporáneamente comenzaron a arribar los equipos de mantenimiento, pertrechos y logística de la Fuerza Aérea Argentina, que se encargarían de adecuar aquellos aviones en mal estado para enviarlos al Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS).
Mientras el conflicto bélico, comenzaba a cobrarse sus primeras víctimas, se produjo el arribo de los aviones peruanos. En una fría madrugada de mayo, el tronar de los motores rompió con el silencio imperante y me imagino que nadie debe haber podido dormir en la cercana Perico. Yo me encontraba de vigilancia con mi fusil FAL, en una solitaria playa de estacionamiento y me maravillaba de escuchar a aquellos bólidos descender uno a uno. Recuerdo que el único personal uniformado que se encontraba en el lugar y que no pertenecía a la Fuerza Aérea, era el jefe de inteligencia del ejército en Jujuy, Coronel J.T.
Durante los siete días que duró todo el procedimiento, primó la camaradería entre todos los actores. Mientras los soldados montábamos guardia, aprovechábamos para enterarnos de los secretos de los aviones de combate y, tanto los suboficiales mecánicos y artilleros, como los pilotos de guerra, nos desasnaban sobre aquellos. Hay muchas anécdotas, pero creo que la más hilarante fue aquella en la cual debido a nuestra poca experiencia en artillar aviones, confundimos los paracaídas de cola de los aviones, resguardados en tubos protectores, con misiles de combate, lo que produjo la burla de nuestros superiores. Tengo el honor de haber conocido a un piloto argentino que luego ofrendó su vida en el conflicto bélico.
Y así como llegaron un día, los aviones se marcharon con el mismo rugir de sus motores, pero llevando los colores nacionales pintados en sus alas. Todos sabemos el resultado de la guerra, pero creo que este aporte del Perú, debe haber servido mucho a nuestra Fuerza Aérea. Varios meses después de finalizado el conflicto, se nos confió que todos los aviones peruanos habían sido derribados en combate.
Este es mi humilde homenaje a todos los caídos en el conflicto por las Islas Malvinas.
Los desafíos sobre el liderazgo en Sudamérica
Por Ángel Horacio Villegas
Son momentos de expectativas para el sur de América. El lugar de liderazgo que dejara vacante Néstor Carlos Kirchner con su muerte en el pasado mes de octubre, parece no haber despertado descendientes aun, en los dirigentes sudamericanos. Con la presidenta argentina Cristina Fernández, tratando de encolumnar a la heterogénea y dispar tropa oficialista detrás de su figura, quienes aparecerían como mejor posicionados para ocupar el lugar de privilegio dejado por el santacruceño serían, el presidente Hugo Chávez de Venezuela y, cuando asuma, la nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.
Por el lado del bolivariano, sus chances para imponer la agenda común de la región al resto de los mandatarios, se ven menguadas por su contradictoria política externa que, incluye a socios como Irán y Corea del Norte, países considerados peligrosos por Estados Unidos de Norteamérica y, que en cuanto al primero mantiene una disputa diplomático – judicial con Argentina, debido a la acusación que se hiciera a la cúpula islámica, que gobernara el país durante los años ’90, por el atentado terrorista a la mutual judía en el país del Plata y que aquellos niegan enfáticamente.
Por otra parte, la política de expropiaciones que lleva a cabo Hugo Chávez Frías, produce malestar fronteras adentro y hasta en sus propios socios de la región, que han visto como empresas de capital privado de sus banderas, habiendo ingresado al país caribeño en condición de inversiones extranjeras, se han transformado en empresas estatales venezolanas.
El reto para la entrante presidenta brasileña es descomunal. Siendo el dirigente del país más poderoso de la región, Lula Da Silva, “abandonó” el natural liderazgo de su país sobre los demás, en beneficio del ascendente Néstor Kirchner, para de esa manera ocuparse de sus asuntos domésticos, algunos de los cuales, como el hallazgo en aguas atlánticas, de la reserva petrolífera y gasífera más importante del mundo y la “guerra comercial” con su socio del Mercosur, Argentina, lo mantuvieron bastante ocupado durante sus dos mandatos al frente del Brasil. A partir de su asunción como la primera mujer presidente del gigante sudamericano, Dilma Rousseff, se verá en la obligación de re asumir el liderazgo sobre la región y como potencia petrolera, a partir de la extracción del producto en la nueva cuenca, con sus futuros socios del cartel, tratar de imponer la oferta del fluido y, fundamentalmente del precio de aquel, con la desconfianza lógica de los Estados Unidos de Norteamérica.
La influencia de Néstor Kirchner en Latinoamérica
Por Ángel Horacio Villegas
La muerte de Néstor Carlos Kirchner no va a pasar desapercibida en Latinoamérica. Imbuido de una fuerte personalidad, se fue abriendo paso en la política nacional de la Argentina, a partir de la debacle económica y social de fines del año 2001. Afiliado desde muy joven al partido político que creara el tres veces presidente de los argentinos, Juan Domingo Perón. Su vida juvenil estuvo signada por la contradicción entre haber participado en las organizaciones guerrilleras de los años setenta, cuando estudiaba abogacía en la ciudad de La Plata (provincia de Buenos Aires) donde además conoció a su esposa, la actual presidenta Cristina Fernández, y la especulación inmobiliaria en su ciudad natal Río Gallegos (provincia de Santa Cruz).
Eligió la política como una profesión, siendo consecutivamente elegido Intendente de Río Gallegos y cuatro veces gobernador de su provincia, siempre por el Partido Justicialista. En esa fuerza política, transitó desde una postura liberal conservadora durante los años en que se desempeñó en la presidencia Carlos Saúl Menem, durante la década de los ’90, hasta una posición más cercana a la tradición peronista de acumulación de capital y reparto entre la mayoría de la sociedad. En ese rincón, lo encontraron los acontecimientos de finales del año 2001, cuando la crisis socio-económica barrió con la presidencia del radical Fernando De la Rúa, y el entonces presidente interino Eduardo Duhalde lo convocó en el año 2002 para que oficiara de candidato oficial a la presidencia, un año más tarde. En aquellas elecciones nacionales, el triunfador resultó Carlos Menem, pero solo por dos puntos porcentuales por encima de Néstor Kirchner (24% a 22%), quien se alzó con la presidencia dos meses después, ante la negativa del ex presidente de participar del ballotage.
Los hechos del 2001, habían marcado a fuego a la sociedad argentina, donde la mayoría de la población se encontraba sumida en una crisis económica muy profunda, marcada por la imposibilidad de contar con sus ahorros, atrapados en los bancos. Desesperación y frustración por el presente y futuro y bronca contra la clase política, resultaban la constante en aquellos días y contra eso tuvo que lidiar el presidente Kirchner. Apoyado en un tipo de cambio post devaluatorio, favorable a las exportaciones argentinas, cimentó un crecimiento ininterrumpido de la economía; durante sus cuatro años de presidencia proveyendo a las clases populares de lo esencial para la satisfacción de sus necesidades. Esta posición política, contraria a la neo liberal de la década final del siglo, lo hizo acercarse más a la tradición peronista y contar con el apoyo incondicional de líderes latinoamericanos como Hugo Chávez de Venezuela y Lula del Brasil. Enfrentado a la política exterior de Norteamérica, en la persona del ex presidente George Bush (hijo) y con el Fondo Monetario Internacional, cimentó los lazos con sus socios del Mercosur, atrayendo a nuevos países como Bolivia y Ecuador. Ya como ex presidente argentino, fue elegido hace poco tiempo Secretario General de la reciente Unión de Naciones del Sur (UNASUR), desde la cual se intenta proyectar hacia el resto de la región, el ideario de construcción de una Nación Latinoamericana. Los recientes hechos ocurridos en el Ecuador, con el fallido golpe de Estado al presidente Rafael Correa, gracias a la urgente intervención del bloque de naciones sudamericanas, confirmaban el liderazgo de Kirchner en la política latinoamericana. La muerte del ex presidente argentino, deja un vacío importante en la política continental, pero la semilla regada del Latinoamericanismo ha comenzado a expandirse por toda la región. Quizás sea ese su legado.
¿Una educación de calidad es posible en un contexto de crisis?
Por Ángel Horacio Villegas
Latinoamérica es parte del mundo globalizado y por tal, las continuas crisis que aquejan a las sociedades en su conjunto, azotan como un vendaval a esta parte de América, y en especial a los sistemas educativos, incidiendo de manera negativa en los distintos índices que los miden. Las cuantiosas deudas externas contraídas producen, cada tanto, verdaderos terremotos sociales en estos países, cuyos gobernantes deben dejar de lado la satisfacción de las necesidades de sus pueblos, para dedicar los presupuestos públicos a saldar los intereses y capitales contraídos. Por otra parte, también agudizan la situación la corrupción en las esferas gubernamentales y la falta de previsión en temas centrales. Quienes pierden son generalmente los servicios públicos esenciales, tales como educación, salud, provisión de agua y saneamiento, viviendas y justicia.
El Congreso Iberoamericano de Educación, celebrado en Buenos Aires (Argentina), entre el 13 y el 15 de septiembre pasados, plasmó una serie de objetivos centrales para la región: “Metas 2021: la educación que queremos para la generación de los Bicentenarios”. Se trata de un ambicioso plan a largo plazo que, en sus 283 páginas, vierte una serie de metas y programas para que los países de la región logren: “mejorar la calidad y la equidad en la educación para hacer frente a la pobreza y a la desigualdad y, de esta forma, favorecer la inclusión social”, según puede leerse en la presentación del documento.
El punto central de la columna que hoy comparto con ustedes, está dado por el objetivo vi) de la pág. 18 del Documento Final, basado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y plasmado en el Marco de Acción para el cumplimiento de las Seis metas de Educación para Todos (Dakar 2000): “mejorar todos los aspectos cualitativos de la educación, garantizando los parámetros más elevados, para conseguir resultados de aprendizaje reconocidos y mensurables, especialmente en lectura, escritura, aritmética y competencias prácticas esenciales”, teniendo al año 2015 como límite en varios de estos puntos.
Latinoamérica es un sub continente de contrastes, y esto puede advertirse no solo en sus aspectos económicos, caracterizados por la concentración en pocas manos de sus fuentes productivas, sino también demográficos y sociales. Según la medición de la UNESCO, de Gasto Público en porcentaje del PBI en escolarización primaria para América Latina y el Caribe era del 0,93% (año 2005) y la tasa de Escolarización Primaria del 94,00% (año 2005). Según estipula el documento aprobado en Argentina recientemente, más de 34 millones de niños latinoamericanos deberán acceder a la escuela primaria para el año 2015, debiendo los países incrementar en varios puntos los presupuestos destinados a educación. El documento prevé dos grandes fuentes de financiamiento para la educación iberoamericana: la movilización de recursos nacionales y la cooperación internacional. Para la primera, es menester que los países contraigan un compromiso fundacional con sus ciudadanos, de que la educación es el pilar para sus respectivos desarrollos y que, además, lo sea como eje que cruce a la totalidad de las naciones. De ésta manera, la centralidad de las acciones desde los estados, estarán puestos en articular sistemas de educación eficaces y con los presupuestos suficientes para alcanzar las metas. En el segundo caso, las fuentes de financiamiento internacional, deberán tener en cuenta la idiosincrasia del sub continente (naciones en desarrollo y deudoras), por lo que los aportes debieran llegar en forma de subsidios, aportes y becas, para no incrementar más las deudas externas.
A partir de éste momento el desafío es enorme para las naciones iberoamericanas y, como manifestara en una columna anterior, es menester dejar de lado los prejuicios de todo tipo e invertir esfuerzos y dinero en una educación de calidad.
El matrimonio igualitario en Argentina y su influencia en Latinoamérica
Por Ángel Horacio Villegas
En Argentina, la sanción de la ley que permite a las personas del mismo sexo a contraer matrimonio, coloca al país Sudamericano a la vanguardia mundial en esta materia, junto a otros seis, más algunos Estados integrantes de la Unión Norteamericana.
La evolución de las leyes civiles, con su consiguiente mejora en la calidad de vida de la comunidad, no siempre han resultado del agrado para grupos sociales, que ven a aquellas como un atentado a la moral, a la familia ó a las instituciones en general. En la década de los años cincuenta, con el peronismo en el poder y en disputa política con la Iglesia Católica, se sancionó una ley de divorcio vincular, que tuvo vigencia durante poco tiempo, pero que permitió la regularización de situaciones familiares de hecho. Más cercano en el tiempo, con el socialdemócrata Raúl Alfonsín en el poder, a mediados de la década del ochenta, se sancionó la actual ley de divorcio, no sin antes entablar también, una dura lucha con los sectores más dogmáticos de la Iglesia Católica.
También, durante el debate por la ley de patria potestad compartida, que implica a ambos cónyuges ejercer de manera conjunta los derechos y obligaciones de los hijos menores de edad, y que le permitió a la mujer el reconocimiento a este derecho civil, sectores encolumnados con la derecha política más radicalizada, se opusieron furiosamente a aquella.
La existencia de un número indeterminado de uniones de hecho entre personas del mismo sexo, habilitaba desde hacía mucho tiempo el debate por la ley que permitiera el cambio en la definición de matrimonio, en el Código Civil, de la fórmula “unión de hombre y mujer”, por “contrayentes”. Las luchas que, durante mucho tiempo esgrimieran la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), junto a numerosas organizaciones de derechos humanos y civiles, más las campañas mediáticas de prominentes figuras de la cultura y del espectáculo, determinaron la televisación de las sesiones del Congreso con la consiguiente toma de posiciones por parte de la ciudadanía. Contemporáneamente, militantes católicos en concordancia con otros cultos, organizaron marchas y concentraciones frente al Congreso e instituciones del interior del país, haciendo escuchar sus voces en oposición al dictado de la ley.
A partir de la nueva norma, contrayentes de origen argentino, pero también de otras naciones latinoamericanos, tales como chilenos, uruguayos y paraguayos, han comenzado a regularizar sus situaciones familiares, más allá de que en sus respectivos países sus legislaciones no permitan tales uniones.
Argentina, es desde hace algún tiempo una especie de paraíso para el turismo sexual, en especial gay y seguramente la nueva ley de matrimonio igualitario, atraerá a turistas de países europeos y asiáticos, curiosos por experimentar “en vivo” el reconocimiento jurídico a personas de su misma identidad sexual.
Pero, ¿qué puede ocurrir en otras sociedades latinoamericanos respecto de esta problemática? En la actualidad, han comenzado a darse debates sobre éste y otros temas antes impensados, como los referidos a las cuestiones de género, en sociedades de países con importantes índices de población que profesan la religión católica ó cultos evangélicos, ó muestran un grado importante de adhesión a una cultura de signo machista, herencia de siglos anteriores.
Es menester, que se produzca un cambio cultural y que induzca a los ciudadanos a ver y sentir al otro como una persona, más allá de sus identidades sexuales, su ideología política ó su profesión de fe.
Desarrollo con educación en Latinoamérica
Por Ángel Horacio Villegas
A modo de plantear un imaginario social donde la madurez cívica, la sensatez y el compromiso generalizado, crearan las condiciones para la erección de una sociedad con solidaridad para la distribución de las riquezas (bienes materiales, servicios y conocimiento), la educación sería uno de los bienes más preciados que, aquella pondría a disposición de sus ciudadanos. Pensemos por un momento que no es una tontería y más considerando que, en algún momento, otras generaciones de latinoamericanos, plantearon algunas de éstas ideas como motores del desarrollo.
Imaginemos que, nuestros niños y jóvenes concurren a establecimientos a recibir una educación integral, basada en saberes que la sociedad en su conjunto ha determinado como prioritarios. Que, aquellos saberes han surgido, por un lado, de un profundo reconocimiento de la cultura universal y, por otro, de acuerdos sectoriales y regionales, fundamentados por los respectivos sistemas científicos nacionales. Que, como la instrucción ha determinado las diferencias entre los sujetos, la inmensa mayoría de los ciudadanos, incluidos los funcionarios públicos, se encuentran sólidamente formados para sus respectivos quehaceres. Que, como a las escuelas y a las universidades “se va a estudiar y a hacer deportes”, de las políticas compensatorias, se encarga la sociedad en su conjunto: con trabajo y vivienda para la inmensa mayoría, con salarios dignos y móviles, con acuerdos generalizados para establecer los precios de los bienes y servicios esenciales. Que, a las becas de estudio, se accede por estricto orden de méritos. Que, como la función docente es una profesión de prestigio, sus miembros acceden a los distintos estamentos por periódicos concursos, se mantienen por la capacitación y la actualización en servicio y se retiran con jubilaciones dignas y móviles. Que, la totalidad de la sociedad latinoamericana, se esfuerza por sostenerse en el respeto al otro, la solidaridad y la participación. Que, las normas que rigen la vida social se cumplen y que los órganos que se encargan del control y de su cumplimiento, lo hacen sin establecer diferencias de ningún tipo. Que, como el proyecto político se sostiene desde la madurez cívica, ninguna organización partidaria puede ufanarse de su éxito, pero si responsabilizarse todos de su fracaso… A estas las denomino “las sugerencias viables para la concreción de un proyecto de desarrollo social sustentable”.
¿Es posible plantear un proyecto a mediano y largo plazo que se sostenga en pilares como los enunciados anteriormente? ¿Es una utopía pensar que la educación deje de ser solo una consigna de campaña política y una ejecución presupuestaria, para convertirse en el motor de una transformación latinoamericana social sólida? Hoy resulta complejo tender hacia objetivos supremos, pero si comenzáramos a dejar de lado las excusas fundamentadas en prejuicios políticos, ideológicos ó sociales y reemplazáramos la desidia por acciones concretas, otro camino es posible.
Nota: La opinión de los columnistas no necesariamente es la opinión de éste medio de comunicación. Las opiniones son de pura y exclusiva responsabilidad del columnista.
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