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Tolstoi y la escuela en Guatemala
Por Manuel R. Villacorta O
Jóvenes políticos no claudiquen
Por Manuel R Villacorta O
Nada puede ser más promisorio para
un país que su juventud. Ésta es sinónimo de fuerza, ímpetu, entusiasmo, energía
y esperanzas ilimitadas. Los grandes cambios registrados en la historia humana
han estado apuntalados por la indoblegable fuerza de los jóvenes: los
movimientos independentistas, las revoluciones y las conquistas sociales.
Ciertamente hay países como el nuestro, donde las circunstancias se tornan
verdaderamente adversas, donde los espacios de acción para ejecutar los grandes
cambios han sido amurallados por aquellos que se han apropiado del poder
público.
Ser joven en Guatemala es más que un desafío. Y pretender actuar para construir
el país que las generaciones irresponsables no crearon, casi una locura.
Nuestros jóvenes deberían estarse insertando en una sociedad sana para florecer
cada uno a partir de sus propias cualidades. Pero como no les hemos construido
esa patria, ellos han tomado para sí la responsabilidad de construirla. En medio
de esa simbiosis “fuerza e ingenuidad”, han tomado la estafeta y han tratado de
abrirse paso a pulso propio. Desde el aula, desde la manifestación, desde el
grupo de estudio, desde ese cuarto en donde duermen y sueñan. Sorteando la
crítica y la incomprensión.
La política —ciencia para príncipes y gobernantes— debe quedar en poder (para
expresar una de sus principales categorías) de los seres más versados, más
honestos y más responsables. La política es el arte para conducir a los pueblos,
para llevarlos hacia la democracia, la justicia y en términos humanos, hacia la
felicidad plena. Caso contrario Guatemala, donde la política ha sido satanizada
por financistas miopes y financiados corruptos. Mezcla fatal que ha creado este
engendro en que vivimos.
El Salvador, ese pequeño vecino nuestro, el Pulgarcito de América, nos ha dado
toda una lección. Terminó su guerra interna —no menos atroz que la nuestra— y
consolidó un sistema político muy aproximado al bipartidismo, como producto de
ello se ha generado una envidiable estabilidad institucional y un relevo de
poderes periódico y promisorio. Tanto Arena como el FMLN tienen, entre otras
ramas, organizaciones juveniles fuertes, dinámicas y participativas. Y no sólo
en El Salvador, hay filiales incluso, en Estados Unidos. ¿Qué significa eso? Que
allá, en ese vecino país, se están cultivando líderes jóvenes, mujeres y
hombres, prestos a participar en política. Casi todos los presidentes de El
Salvador asumen el cargo sin haber cumplido los 50 años, y abundan ministros
jóvenes. Qué ejemplo tan extraordinario.
He tenido el privilegio de ser profesor en casi todas las universidades del
país; desde la Usac hasta la UFM he tenido la fortuna de capacitar a jóvenes en
el área rural, y puedo afirmar que no tenemos limitación alguna para crear
condiciones similares a las de otros y más afortunados países. Repito, nuestra
juventud es sinónimo de fuerza, ímpetu, entusiasmo, energía y esperanzas
ilimitadas.
Jóvenes de Guatemala: no se dobleguen jamás, no se rindan ante la frustrante
traición de los oportunismos perversos. De nuevo la historia nos da la
oportunidad con ustedes. Vístanse de blanco, de rojo o azul, no importa. No
claudiquen, eso es lo que importa.
Y la violencia nos unió
Manuel R.
Villacorta O.
Construir una sociedad más equitativa no fue suficiente motivo para cohesionar
nuestros intereses comunes.
Triste. Porque hay otros factores de importancia común que deberían estar
propiciando la unidad de todos los guatemaltecos. El más inmediato, trabajar
unidos para enfrentar los difíciles tiempos que se avecinan producto de la
contracción de la economía.
Más aún en un país como el nuestro, donde las carencias sociales son inmensas y
expansivas. Construir una sociedad más equitativa, una economía más eficiente y
productiva y un modelo político verdaderamente democrático no fueron suficiente
motivo para cohesionar nuestros intereses comunes. Nuestra reiterada tendencia a
la fragmentación, la confrontación y la intolerancia ha prevalecido.
Rodrigo Rosenberg marcó un antes y un después. Fue la gota que rebalsó el vaso.
Él no era más o menos importante que un piloto del transporte urbano, pero los
elementos que rodearon su muerte permitieron divulgación internacional y que el
caso se incrustara directamente en nuestras conciencias. El grito unánime es
ahora “no más muertes por violencia”. García Márquez expuso que “atrás de cada
historia siempre hay otra historia”; por ello no podemos más que especular.
Habrá detalles complejos en torno al condenable asesinato, pero el producto es
lo que cuenta: otra viuda, otros hijos que quedan sin padre.
Violencia vernácula precolombina, violencia de los conquistadores, violencia
entre liberales y conservadores, violencia por un largo conflicto armado
interno, violencia común y organizada. Violencia que nos arrebató y sigue
arrebatando miles de compatriotas, casi siempre inocentes.
Nuestra historia está marcada por la violencia. Pero esa violencia no brota
sola, se incuba en nuestra mente y en nuestro espíritu. Y se concreta con
nuestras acciones. Por tanto y como antítesis, también podemos optar por la paz.
Entre la violencia y la paz media una decisión individual que en sumatoria se
torna colectiva.
Ciertamente, violencia y paz implican también confrontación. Aquellos que
optaron por pertenecer al crimen organizado y aquellos que optan por la
delincuencia común como forma de vida, articulan uno de los bandos. El otro lo
articulamos quienes detestamos la violencia, trascendemos las diferencias
ideológicas, étnicas o sociales, y creemos en que toda diferencia puede
resolverse mediante el diálogo y la razón.
A decir de Krishnamurti, en el mundo sólo hay dos tipos de personas: las que
construyen y las que destruyen. Optar por la paz por tanto no es sólo una
consciente decisión de quienes rechazamos la destrucción; es aceptar el
compromiso de enfrentar a los violentos, esos que se esconden en el anonimato y
que se apuntalan en las armas. Es una cuestión de valor, coraje y vergüenza.
Philip Zimbardo en su obra El efecto Lucifer, el porqué de la maldad, cita a
John Milton, quien en El paraíso perdido expone: “La mente es su propia morada,
y por sí sola, puede hacer del cielo un infierno o del infierno un cielo”. Que
nuestras mentes sean cielo, pero que nuestras instituciones encargadas de la
seguridad y de impartir justicia sean de acero, implacables, por todos
enaltecidas.
Cautiverio y despojo
Por Manuel R. Villacorta O.
Escribo este artículo estando en Gummersbach,
pequeña ciudad alemana situada al oeste del país. Fui invitado por la Fundación
Friedrich Naumann para participar en un seminario internacional denominado
Freedom and Property, en el cual se abordan temas relacionados con la libertad y
la propiedad. La base teórica la apuntalan autores como Marx, Lenin, Proudhon,
Pipes, DeLong, Brittan, Mises y Hayek, entre otros.
La cuestión sobre la libertad y la propiedad retoma protagonismo por los
drásticos fenómenos ocurridos en el mundo: la caída del muro de Berlín, como
hecho referencial, y el fin del bloque soviético, y como contraparte, la
preocupante crisis financiera, económica, energética y medioambiental que
experimentan prácticamente todos los países del mundo. Surgen interrogantes como
estas: ¿Se reafirmará el capitalismo? ¿Resurgirá el socialismo estatista?
¿Prevalecerá una tercera vía? ¿Qué pasará con la libertad? ¿Qué pasará con la
propiedad? ¿Qué carácter tendrá la propiedad individual? ¿Cómo se interpretará
la propiedad pública o social?
Mientras en la mayoría de países latinoamericanos —donde Guatemala no es la
excepción— nos encontramos sumergidos en una crisis socioeconómica sin
precedentes, tratando de “administrar la crisis sin encontrar soluciones”, en
Europa se aceleran los debates sobre el futuro del mundo: centros de
investigación, universidades y gobiernos buscan afanosamente, por medio del
estudio y la discusión, respuestas para la “ruta posible” que la humanidad
reclama con urgencia.
En América Latina la libertad y la propiedad, se están transformando en
cautiverio y despojo. Tenemos miedo a la libertad porque el uso de ésta,
básicamente en la libre expresión de las ideas, puede resultar riesgosa ante la
intolerancia de nuevos e incipientes autoritarismos surgidos en la región. La
mayoría de los partidos políticos se ha transformado en grupúsculos cerrados,
ajenos a la representatividad y la intermediación social.
¿Y la propiedad? Cualquiera altera registros legales y despoja de sus bienes a
otro. Cualquier delincuente común roba sin temor a castigo alguno. Políticos y
empresarios sin ética consuman robos millonarios dañando a miles de personas sin
temor a ser castigados. El abuso es la norma.
América Latina así, es inviable. Nos urge retomar mecanismos que garanticen la
justicia y se impidan flagelos graves, como la corrupción y la impunidad. Las
grandes demandas sociales y los derechos inalienables de todos: el derecho a la
vida, la libertad y la propiedad, nos exigen refundar nuestras naciones en torno
al Estado de Derecho, con instituciones públicas eficientes, con autoridades
competentes, democráticamente electas. Difícil tarea, pero no imposible para
quienes creemos en lo que algunos acertadamente han llamado “el otro futuro”.
Los guatemaltecos estamos viviendo la peor época de nuestra historia. Los índices de pobreza no tienen comparación, la violencia está totalmente fuera del control público y las instituciones del Estado sufren la más grave erosión, pérdida de confianza e ineficiencia. Hay desesperación y la pregunta más común es ¿qué podemos hacer para enfrentar esta aguda crisis?
Hay dos vertientes para actuar. Una de ellas es la relacionada con las actividades de la sociedad civil y sus diversas organizaciones. Y la otra, la oposición política al gobierno de turno y el partido oficial. Esa oposición, tanto la que pueden desplegar la sociedad civil como los partidos políticos de oposición no debe ir por la vía de desestabilizar al gobierno, debe orientarse a criticar todo aquello que el gobierno esté haciendo inadecuadamente para presentar a cambio propuestas de acción. Es decir, protesta con propuesta.
La oposición política es parte de la cultura política de una sociedad. En todo Estado la crisis y las contradicciones así como el conflicto, están presentes siempre. Y tanto las crisis, las contradicciones y el conflicto deben atenderse para buscar soluciones negociadas, en un proceso en donde los actores no siempre estarán plenamente satisfechos con los resultados, pero en donde se busca que prevalezca el interés colectivo.
En los países desarrollados asombra como miembros de un mismo partido -por ejemplo los diputados- interpelan a ministros de la misma orientación política, un caso típico es España, en donde un diputado del PSOE puede y en su caso debe, llamar a presencia parlamentaria a cualquier funcionario público para cuestionar una determinada actuación. Generalmente estos debates entre miembros de un mismo partido, terminan fortaleciendo a la institución. Es decir que no se tiene miedo al debate, a la discusión, al desacuerdo temporal. Porque todos saben que finalmente se impondrá la razón, y en donde permanentemente lo que le importa al partido es cuidar el interés del elector, no solo aquel que simpatiza con el partido sino, también interesa la simpatía de los electores ligados a los partidos de oposición.
En Guatemala obviamente nuestro sistema político –si puede llamarse así- no incluye ese proceso de oposición. Generalmente los gobiernos ejercen el poder sin cuestionamientos serios, sin revocatorias de mandatos, sin fiscalización. Y es esto lo que explica por qué en Guatemala es tan fácil ejercitar la corrupción. Es fácil enriquecerse escandalosamente en muy poco tiempo: no hay controles y el control que debería de ejercer la oposición no existe, finalmente en casi todos los casos, gobierno y oposición se benefician a partir de negociaciones generalmente ocultas, dejando a la ciudadanía frustrada y burlada. Ejemplos sobran.
Mientras persista ese modelo deforme, mientras la oposición sea una verdadera caricatura que solo satisface objetivos mediáticos con interpelaciones oficiosas por ejemplo, el descrédito, el agotamiento y el colapso de nuestro modelo será inevitable. Por ejemplo ¿En dónde están los ex candidatos presidenciales ahora? Hibernando, esperando un nuevo proceso electoral para implementar al mejor tipo romano, ese circo cíclico que termina con el artificialmente apuntalado rito electoral.
CONAMIGUA: Esfuerzos y tropiezos
Por Manuel R Villacorta O.
El Consejo Nacional de Atención al Migrante Guatemalteco (CONAMIGUA), fue creado por el decreto 46-2007 del Congreso de la República, el 10 de octubre de 2007. En síntesis sus objetivos son coordinar a todas las instituciones del Estado vinculadas a la operatividad de la temática migratoria y velar por los derechos económicos, sociales, culturales y políticos de los guatemaltecos que viven en el exterior. De hecho lo preside el Ministro de Relaciones Exteriores, lo activa la Secretaría Ejecutiva (que ejecuta las acciones técnicas, financieras y operativas del Consejo) y lo apuntala el Consejo Asesor. En este último se integran las organizaciones legalmente reconocidas de inmigrantes guatemaltecos, a partir de la nominación de representantes democráticamente electos.
La creación de CONAMIGUA no ha sido fácil, su existencia fue un importante anhelo para autoridades guatemaltecas e inmigrantes. Se ha avanzado en ello aunque no lo suficiente. Para que el Consejo inicie acciones con más celeridad y precisión resta elegir a todos los representantes de las organizaciones de inmigrantes establecidas en Estados Unidos y elaborar su reglamento correspondiente. Es en el proceso de elección en donde se ha estancado el objetivo. He podido presenciar directamente lo ocurrido en Los Ángeles, California. Al que podríamos llamar “un caso paradigmático” respecto a como pensamos y actuamos los guatemaltecos.
Se ha dado una mezcla de factores: al Ministerio de Relaciones Exteriores y al Congreso de la República les interesa acelerar la conformación institucional de CONAMIGUA y a las organizaciones de inmigrantes guatemaltecos estar representados en ella. Hay vacíos de acción o de procedimientos respecto al método para determinar cuando una organización de inmigrantes es o no legal, y por tanto, apta para proponer candidatos al Consejo Asesor. También han existido dudas respecto a los requisitos que estos candidatos deben cumplir para poder fungir como tales. Aun así se realizaron elecciones en casi todas las áreas en donde el Ministerio de Relaciones Exteriores ha establecido consulados, complicándose los procesos en Chicago y California.
Uno de los periódicos matutinos de Guatemala, editorializó hace pocos días al respecto, argumentando que los problemas se debían a la insalvable división secular que nos caracteriza a los guatemaltecos, a esa falta de visión para trabajar unidos y comprometidamente. Certera consideración, pero hay que agregar con objetividad que el decreto que dio vida a CONAMIGUA adolece de vacíos, lo que incluso ya obligó al Congreso a realizar las primeras reformas a la ley. Urge establecer compromisos entre las organizaciones de inmigrantes, urge que Cancillería y el Congreso logren un éxito político para trascender esta situación. Prolongarla será sin duda, el fin de un intento que apenas comienza.
Guatemala: Llegó la hora
Por Manuel
R. Villacorta O.
El año que termina nos ha dejado una lección: comprobamos lo altamente
vulnerable que es nuestro país. No es el momento para enumerar nuestras grandes
carencias, nuestros abundantes problemas, nuestras profundas y terribles
contradicciones. No es el momento para recriminaciones.
Culparnos unos a otros no resuelve nuestros problemas. Los guatemaltecos
conocemos por experiencia propia la realidad nacional, la soportamos con estoica
resistencia. Aníbal Ponce expresó hace muchas décadas: “Los problemas sociales
sólo existen para quienes los estudian y para quienes los viven”. En su momento
esta consideración se adecuó para Guatemala, pero ahora no. Hoy sería más
preciso expresar: “En Guatemala, los problemas sociales nadie los estudia y sus
efectos ya nadie los evade”.
El año 2009 será extremadamente complejo. Pareciera que a contracorriente de lo
que recita el optimista Paulo Coelho, para nosotros “los astros confabulan en
contra nuestra”. Sobre el cielo patrio se perfilan una serie de complejos
factores que como potencial mezcla explosiva nos anuncian un año plagado de
limitaciones económicas, violencia y reclamos sociales. En tal caso,
“prepararse para lo peor es la mejor de las estrategias”. Pero, ¿quién crea
estrategias en Guatemala? ¿Quién las implementa? ¿El Gobierno de la República?
¿El sector empresarial? ¿Los organismos internacionales? ¿Las universidades? No
se sabe. La incertidumbre es la constante. La sensación generalizada es que: “En
este barco que todos montamos no hay tripulación”.
A no ser por los niños y los jóvenes de Guatemala, no habría de que
preocuparse porque respecto a actuaciones, nuestra generación se sumó a las
anteriores: merecemos lo que tenemos, evadimos obligaciones y elegimos
irresponsablemente. ¿Nos asiste el derecho entonces para reclamar algo mejor?
La relación causa y efecto nos otorga lo que merecemos. Pero al igual que la
deuda externa, donde los compromisos de pago se transfieren incluso hacia
aquellos que no han nacido, nuestra realidad prolongará sus efectos en las
generaciones por venir.
Eso implica —y nos exige— actuar de inmediato, pretendiendo que nuestra
generación sea la que rompa con esa desafortunada continuidad que ha desvirtuado
los originarios ideales constituyentes de todo Estado democrático, cohesionado y
progresista.
Organización y participación. Dos palabras que revelan la ruta obligada que
debemos recorrer. A Guatemala le llegó la hora, el año 2009 debe ser el punto
de partida para propiciar el surgimiento de un impresionante proceso de
organización social, debe ser el año en donde se fijen las bases de una
participación cívica sin precedentes. Debe ser el año de una reforma política
radical. Ya no hay alternativas.
Guatemala: Un análisis preliminar de sus variables estructurales.
Guatemala: Una estructura en crisis versus Álvaro Colom
Los inmigrantes, potenciales líderes para América Latina
Por Manuel R. Villacorta O.
La calidad del desarrollo integral de un país depende de su nivel educativo. Todos los países desarrollados otorgan importancia y atención permanente al proceso educativo, desde la educación primaria hasta la especialización universitaria. Asimismo, todos los países subdesarrollados tienen graves deficiencias en su sistema educativo, en no pocos casos, se hace referencia a sistemas colapsados.
A la calidad educativa se equipara la calidad del liderazgo. En los países avanzados se trabaja arduamente en la generación de liderazgo, orientado éste a múltiples facetas de la vida nacional: líderes empresariales, sociales, políticos e incluso, religiosos. Un ejemplo clásico en América Latina es Costa Rica, en donde el sistema educativo promueve la participación de los menores desde el inicio de la infancia. Un modelo que evoluciona y que permite la eclosión de líderes por naturaleza, quienes encuentran en el sistema un campo fértil para crecer y potenciarse hacia el futuro. Costa Rica por tanto, a pesar de las limitaciones propias de toda organización social, posee un liderazgo calificado que puede encontrarse en las universidades, el sector público, los partidos políticos y las múltiples organizaciones sociales existentes. Lamentablemente para la región, Costa Rica es una excepción. En la mayoría de países latinoamericanos no se promueve el liderazgo, y no en pocas ocasiones, se limita o se le aniquila violentamente cuando este desafía al poder tradicional enquistado en el aparto público.
En América Latina hay una seria crisis de liderazgo. Es por eso que la decepción y la incertidumbre se expanden desde México a Argentina. Viejos políticos de nefasto pasado, están volviendo al poder. Y los aparentes “líderes coyunturales” son casi siempre producto mediático, carentes de cualidades propias. Esa crisis de liderazgo está llegando a extremos, la iglesia católica por ejemplo, ha vivído últimamente severas experiencias en donde la deshonestidad de sus “pastores” ha minado la credibilidad de la institución. El caso de las organizaciones sindicales no es menos patético, la incapacidad y la corrupción han desacreditado a muchos dirigentes populares que sin escrúpulos abandonan sus causas para formar parte de organizaciones políticas -nefastas casi siempre- a cambio de una posición parlamentaria. Hay una seria crisis de liderazgo en América Latina, es imposible negarlo, es urgente reconocerlo.
Una de las mejores opciones que poseen las sociedades latinoamericanas, es sus inmigrantes. Los inmigrantes que viven en Estados Unidos o Europa por ejemplo, han llegado a perfilar con precisión esas “dos realidades”, la que se vive en la región y la que se vive en los países desarrollados. Esa comparación permite apreciar mejor en donde se concentra el éxito o el fracaso. Permite determinar porqué el sistema en países avanzados funciona mientras el sistema latinoamericano se empantana cada vez más en sus propias y crecientes contradicciones.
Algunos expresarán que se comete un error al comparar países desarrollados con América Latina, dado que las condiciones históricas y sobretodo, económicas, son totalmente distintas. Eso depende. Si se pretende reproducir el modelo capitalista estadounidense en America Latina, en efecto, eso es imposible. Pero si la comparación se orienta en relación a las normas de conducta social y la direccion institucional, esta es perfectamente válida. Lo creo así, porque soy inmigrante y sé que son muchos los inmigrantes que piensan en igual manera. No es necesario que un país sea rico para que se posea un sistema normativo respetado, para que existan autoridades honestas, para que la sociedad cumpla con las normas -no sólo jurídicas sino también morales-. Bastan dos ejemplos, Belice Y Cabo Verde, países pobres pero en donde el sistema funciona, hay credibilidad en el aparato jurídico y en sus fuerzas de seguridad pública, las escuelas son eficientes y la población en general confía en sus autoridades. ¿Porqué no ocurre lo mismo en México o Brasil?
La visión y la experiencia de los inmigrantes interesados en el desarrollo social en general, actúa positivamente. Ya son varios los casos en donde inmigrantes que viven particularmente en Estados Unidos -y en comunidades hispanas- los que han retornado a sus países para competir por posiciones políticas teniendo éxito en su elección y éxito en su gestión administrativa. En el plano económico también son ya considerables los inmigrantes que han adquirido la experiencia operativa de las empresas norteamericanas y que han trasladado su conocimiento y su trabajo a sus países de origen.
Constantemente se menciona ese lamentable hecho relacionado a la “fuga de cerebros”, que ha impedido que profesionales capaces aporten sus conocimientos en sus propios países. Es frustrante que universidades nacionales o públicas de America Latina formen profesionales que luego, son contratados en Estados Unidos por medio de la visa H1-B, la cual casi siempre los lleva a la obtención de la residencia permanente e incluso, la ciudadanía. Pero ese fenómeno puede revertirse, en cuyo caso “cerebros hispanos” retornen a la región para aportar valiosos conocimientos relacionados a todos los ámbitos, lo que de hecho, está ocurriendo. Lo lamentable es que los gobiernos de la región no poseen políticas migratorias precisas en donde se considere este fenómeno, básicamente para propiciar una atención especial a estos inmigrantes que deben ser valorados en toda su dimensión, dado que se constituyen como verdaderos agentes de desarrollo social. En igual manera, podrán retornar para participar en política, teniendo valores no sólo técnicos sino morales, requisitos básicos para la conducción correcta de nuestros pueblos. Abrir las ventanas y las puertas para oxigenar las viejas estructuras latinoamericanas es urgente, y no se dude que, estos inmigrantes que retornan, son viento fresco, esperanza y solución.
MÉXICO Y LOS FUTUROS CONFLICTOS AL SUR DE EU.
Por Manuel R Villacorta O (*)
Los resultados de las elecciones presidenciales en México no proyectan beneficios inmediatos para este país. La polarización creada por dos candidaturas (López-Calderón) no se limita a una simpatía política concluida una vez realizadas las elecciones presidenciales. Esta polarización significa la separación ideológica que se está haciendo cada vez más profunda y permanente entre la población mexicana. Los seguidores del PAN generalmente provenientes de segmentos altos y medios de la sociedad mexicana, siguen creyendo en la capacidad del sector privado para conducir la política pública. Y es fácil explicarlo. Ocurre que los aciertos de la administración Fox favorecieron a estos segmentos sociales, mientras que sus desaciertos recayeron sobre los sectores más pobres y mayoritarios del país. Estos últimos creyeron en el programa de AMLO y le dieron su voto. Para ellos Fox y su administración han sido una horrenda pesadilla.
Por tanto, la polarización es profunda. Votaron por el PAN los que están bien o creen estarlo, votaron por el PRD los que están sufriendo los embates de la pobreza y la exclusión. Ahora, después de la contienda proselitista viene la contienda social, es casi un hecho que las organizaciones sindicales, campesinas y de pobladores no estarán dispuestas a resistir pasivamente un sexenio más bajo mandato del empresariado mexicano. Y es que no les ha ido bien con estos. La temida confrontación entre “los que tienen y los que no tienen” parece estar llegando a su punto más candente en México.
Pero esa conflictiva situación interna que habrán de vivir los mexicanos, más exacerbada que nunca, no se limitará al interior de su territorio. Millones de mexicanos y mexicanas no creen en los políticos y su última esperanza “el triunfo de la izquierda democrática que nunca ha estado en el poder” parece diluirse irreversiblemente. Ya no quedan utopías. Queda si, el hambre y la desesperación. Y una alternativa, o quizá la única, sea emigrar a Estados Unidos. Si la crisis social, económica y política en México crece como se cree, el intento por cruzar fronteras hacia la potencia del norte será cada vez mayor. Quizá la seguridad preventiva y los estudios de inteligencia de Estastos Unidos ya habían considerado este escenario, y como producto de ello, la seguridad fronteriza era parte medular en el proceso de reforma migratoria.
A nivel latinoamericano, la potencial crisis social en México habrá de apuntalar a los movimientos de izquierda y de la llamada “resistencia social”, no importando su orientación sectorial (campesinos, obreros, indígenas o pobladores marginales). La oposición interna en México, será un motor de apoyo a la lucha contra los tratados de libre comercio, la internacionalización de la economía y la globalización que se está fortaleciendo en la región. Las redes institucionales anticapitalistas se consolidarán más. Y tendrán un elemento fundamental a su favor: la pobreza que del Bravo a la Patagonia seguirá creciendo y se convertirá en su principal aliada política.
A nivel mundial Latinoamérica ha perdido valor económico. Sigue siendo un mercado de consumo importante y seguirá siendo una región proveedora de recursos naturales, pero en el circuito económico internacional cualitativo ha perdido influencia, siendo desplazada por el crecimiento importante de la región Asia-Pacífico. La debilidad de los Estados (algunos de ellos ya se incluyen en la categoría de “Estados Fallidos”) permitirá que el crimen organizado permanezca intacto e incluso, se fortalezca. El narcotráfico, el lavado de dinero y las redes de inmigración ilegal podrán seguir operando sin mayores limitaciones, dado que los aparatos públicos de seguridad serán rebasados por la crisis social y la propia delincuencia comun que se deriva de esta; en síntesis, estarán tan ocupados tratando de resolver las contradicciones sociales internas, que desertarán en su tarea de combatir a las redes delictivas internacionales.
Jeffrey Davidow -ex embajador de EU en Mexico- realizó un libro al cual denominó “El Oso y el Puercoespin”, en este cita las complejas relaciones que se han dado históricamente entre estas dos naciones. Y sin menospreciar al resto de países latinoamericanos, expone que México posee un valor estratégico en la región, dada su proximidad con EU y su histórico rol en la política latinoamericana. Y tiene razón. Basta recordar que la crisis económica que este país latinoamericano vivió cuando el PRI estrenaba su nuevo presidente (Ernesto Zedillo), hizo tambalear a toda la región, al extremo que el gobierno de EU y las organizaciones financieras internacionales actuaron de inmediato para evitar un efecto dominó mucho más grave en toda la región. En lo político no hay diferencia, inestabilidad social en la “tierra azteca” implicaría turbulencia latinoamericana sin lugar a dudas. Estas elecciones en México implicán mucho y trascienden fronteras. Poco tiempo habremos de esperar para confirmarlo.
(*) Manuel R Villacorta O. Doctor en Sociología Política, es columnista independiente.
CARTA ABIERTA PARA UN INMIGRANTE DEPORTADO
Por Manuel R Villacorta O.
3.AHORA LABORALMENTE VALES MUCHO MÁS.
URGE SUPERAR LA VISIÓN TRUNCADA SOBRE LA INMIGRACIÓN
Por Manuel R. Villacorta O.
¡Que importancia tan grande poseen los humildes inmigrantes que provocan las más publicitadas acciones de las cúpulas políticas de Estados Unidos y América Latina! Ciertamente en el continente americano, Estados Unidos atrae muchas vidas dispuestas a correr graves riesgos y enfrentar arduas jornadas laborales, mientras el resto de países las expulsan sin importar el drama que esto implica.
Mucha tinta ha corrido analizando, apoyando o criticando a senadores y congresistas estadounidenses que parecen alborotarse en esa afanosa búsqueda por proponer el "mejor plan migratorio para la nación". Hace poco la escena mediática estaba dominada por los senadores John McCain (R) y Edward Kennedy (D) cuando presentaron el llamado "Plan migratorio bipartidista", que a la postre ha sido el más integral y preciso. Hoy un grupo de republicanos encabezados por el legislador James Sensenbrenner, es el que atrae las cámaras televisivas y las portadas de los diarios con el proyecto de ley "Border and Immigration Enforcement Act of 2005" (H.R. 4437), que en su parte medular contiene aspectos radicales como reforzar las fronteras, negar la ciudadanía a los hijos de inmigrantes indocumentados radicados en Estados Unidos, impulsar las deportaciones y sancionar a los empleadores que contraten trabajadores carentes de permiso laboral. Días antes el propio presidente George W. Bush también hizo pública su propuesta para enfrentar la problemática migratoria, en un claro intento de demostrar que el organismo Ejecutivo también posee interés en el tema. Con todas estas propuestas sólo será cuestión de tiempo para que la ley definitiva (y su importante contenido) quede sancionada e inicie su vigencia. Diversos grupos civiles proinmigrantes harán oir su voz con mayor fuerza, lo que en suma perfila una etapa política muy compleja y dinámica.
Pero lo que se haga en Estados Unidos estará siempre relacionado a los efectos migratorios. Las causas, su razón de ser, quedan en el olvido. Quizá por eso el fenómeno lleva tanto tiempo en vigencia sin aparente solución definitiva. Nos concentramos en los resultados y no en los motivos. Porque América Latina se ha convertido en una región inhóspita y sin esperanza que expulsa por miles y miles, día tras día, a muchos de sus más valientes hijos. ¿Acaso los inmigrantes que abandonan sus patrias lo hacen plagados de felicidad? No. Todos los inmigrantes sabemos por experiencia propia lo que es "partirse en dos". Dejar la raíz en donde nacimos para trasladar la corteza a sitios lejanos y siempre ajenos. Las razones de ese desarraigo son variadas pero dos sobresalen: porque hemos sido víctimas de la violencia en países en donde reina la impunidad, o porque no teníamos otra alternativa ante la falta agobiante de un ingreso económico que permita la sobrevivencia familiar.
Así como debemos estar atentos a las directrices políticas hacia la inmigración formuladas por funcionarios estadounidenses, estamos obligados a atender las causas que verdaderamente están generando la incontrolada inmigaración hacia los Estados Unidos, éxodo doloroso que no perfila solución inmediata. Debe de apuntarse que América Latina se ha convertido en una región plagada de pobres, legiones de desposeídos que se ven excluídos de toda posibilidad para acceder al desarrollo. Mientras políticos astutos y empresarios acaudalados, siguen acumulando cuantiosas fortunas, descuidando la atención política y social de los Estados. Es triste para los civiles y vergonzoso para los políticos, ver desfilar a algunos presidentes de la región con sus flamantes ministros del exterior, para pedir casi de rodillas a las autoridades norteamericanas que se otorgue un TPS a sus connacionales o que se detengan las deportaciones. Acciones que ejecutan no precisamente porque les preocupe la calidad de vida o la situación legal de los ciudadanos latinoamericanos que viven en Estados Unidos, les interesa de sobremanera preservar esos aproximados 50 mil millones de dólares que como producto de las remesas familiares están entrando a la región, y que significan la preservación de esas desiguales economías, incapaces de generar los empleos necesarios para evitar la inmigración. Enrique V. Iglesias presidente del BID en una de sus conferencias expuso que:"En paralelo a la liberalización de los movimientos de bienes, servicios y capitales se verifica un fenómeno migratorio significativo, expresión de la creciente movilidad laboral. La falta de oportunidades económicas y sociales especialmente para los jóvenes y los diferenciales salariales, aunados al impacto de las reformas estructurales sobre los precios relativos del capital y la mano de obra, explica y estimula al mismo tiempo las corrientes migratorias en los países de la región. América Latina y el Caribe se han convertido en un área económica exportadora de recursos humanos, e importadora de las así llamadas remesas familiares, que se han transformado en una fuente de capital crítica para las economías familiares y para la economía en su conjunto". Palabras que explican con precisión la importancia del fenómeno.
Inmigración, derechos, legalidad e ilegalidad, remesas e impacto social regional, son algunos de los elementos que activan el debate migratorio. Es justo y necesario que todas las organizaciones proinmigrantes velen por los intereses de los trabajadores hispanos que viven en Estados Unidos, es conveniente que preserven sus esfuerzos ante las autoridades norteamericanas para que los acuerdos impliquen también la preservación de los derechos laborales de los inmigrantes, pero su lucha será verdaderamente integral, cuando no olviden reiterar que el problema se genera allá, del Río Bravo a la Patagonia, y que sólo dando solución integral a ambos extremos, se podrá en definitiva resolver un desafío inmenso como es la inmigración latinoamericana hacia Estados Unidos.
EL PLAN BUSH: INMIGRACIÓN BAJO CONTROL
Por Manuel R. Villacorta O.
En todo el mundo se han incrementado las migraciones humanas, factores como las guerras, falta de empleo o hambrunas, empujan a millones de seres humanos a dejar sus países para preservar la sobrevivencia. Hay naciones que por sus condiciones son promotoras de inmigración, mientras otras se constituyen en receptoras. Estados Unidos se incluye dentro de estas últimas.
Pero todo fenómeno migratorio implica costos y beneficios. Para Estados Unidos la inmigración masiva e ilegal implica riesgos graves que van desde lo económico hasta lo relacionado con la seguridad nacional. Estados Unidos ha tenido uno de los controles civiles más precisos del mundo a partir de la asignación del número de seguro social (SSN por su sigla en inglés). Este control civil permite implementar políticas públicas efectivas y habilita la tenencia de rigurosa información demográfica, útil y necesaria para todo gobierno. Por lo tanto, los constantes flujos de población indocumentada, provocan una distorsión en esos controles, lo que puede propiciar una alteración del orden social. Hay más de 12 millones de "personas anónimas" viviendo en Estados Unidos, y el número tiende a incrementarse.
Los beneficios de la inmigración son evidentes: transferencia cultural que enriquece la pluralidad social y la oferta de trabajo (calificado o elemental). Estados Unidos siempre necesitó de la inmigración y seguirá necesitando de ella. Las palabras del senador demócrata Harry Reid al respecto son elocuentes: "apoyamos las políticas de inmigración que reúnan a las familias y ayuden al continuo crecimiento económico, que protejan los derechos de los trabajadores estadounidenses, aseguren la estabilidad económica de nuestros vecinos del sur, y honren los valores de Estados Unidos de América como una nación de inmigrantes".
Por lo anteriormente expuesto se explica el derecho que tiene todo país a formular su política de recepción migratoria de acuerdo a sus intereses. Y el presidente Bush ha fijado ya las bases de lo que será la política migratoria de Estados Unidos para las próximas décadas. A pesar de las diferencias de opinión, esta se impondrá y gozará de apoyo y consenso por parte de los sectores más influyentes del país.
El plan que expuso el presidente Bush consta de tres ejes: A) Fortalecer la frontera sur con todos los recursos técnicos y humanos disponibles para frenar la inmigración ilegal. B) Fortalecimiento de la legislación migratoria para acelerar las deportaciones y evitar el abuso en el recurso de apelación. C) Descartar la amnistía pero favorecer a la población indocumentada que reúna los requisitos estipulados para la obtención de visas de trabajo temporal por un trienio con posibilidad de renovación por un periodo similar.
Con este último eje, se estaría incorporando a la población "anónima" o indocumentada plenamente al sistema social y laboral de Estados Unidos, lo que permitiría mejorar los controles civiles y con ello, la formulación e implementación de políticas públicas (salud, educación y empleo). Es en este último punto en donde habrán de buscarse los acuerdos políticos. Sin duda que a la propuesta del presidente Bush se antepone la denominada "iniciativa de ley bipartidista" presentada en mayo por los senadores John McCain (republicano de Arizona) y Edward Kennedy (demócrata de Massachusets) la cual pide crear una visa de residencia temporal para inmigrantes indocumentados que llevan viviendo al menos un quinquenio en Estados Unidos, pagan impuestos, tienen trabajo y familia y carecen de récord criminal. Al término de una probatoria (un quinquenio), el inmigrante podrá solicitar la residencia permanente con el auspicio de su empleador. De no hacerlo o lograrlo, deberá salir en definitiva del país.
En todo caso el plan Bush no es una propuesta aislada o coyuntural, es una meticulosa publicación de una política migratoria ya definida que habrá de imponerse pese a sus aliados o detractores. Puede considerarse como un ordenamiento serio del fenómeno migratorio en Estados Unidos que responde a las necesidades vitales del país. La población indocumentada en su gran mayoría, honesta y trabajadora, tendrá la oportunidad de insertarse dentro del marco de la legalidad. Y aun cuando no es una amnistía lo ofrecido, es un paso firme ya ganado: un sexenio de tener derecho a vivir en paz y con dignidad, sin el tormento de la potencial deportación.
Las organizaciones proinmigrantes deberían de considerar esta medida como un triunfo a sus constantes esfuerzos por reconocer los derechos de los habitantes extranjeros, no debería de ejecutarse una oposición oficiosa al respecto, por el contrario, es importante empezar a formular una nueva estrategia para que, llegado el momento, una nueva "reforma dentro de la reforma", termine otorgando la residencia permanente e incluso la ciudadanía, a todos aquellos que tras dejar dolorosamente sus países optaron por venir a engrandecer a Estados Unidos.
INTOLERABLE OFENSA AL PUEBLO DE EU.
Por: Manuel R. Villacorta O.
La Cuarta Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, Argentina, evidenció desacuerdos políticos, económicos y sociales exacerbados. Los representantes de 34 países participantes demostraron falta de voluntad política y compromiso para con los casi mil millones de seres humanos que viven en el continente americano. Se impuso la intolerancia y se aniquiló la posibilidad de llegar a un consenso general. Debe considerarse que, si desde antes de la cumbre ya existían dudas respecto a la utilidad de los cónclaves regionales, con este hecho, los escépticos triunfaron. En síntesis, este encuentro no generó beneficio alguno.
Los presidentes Nestor Kirchner (Argentina), Hugo Chávez (Venezuela) y Luiz Inacio Lula da Silva (Brasil), formaron un bloqueo sistemático al interés mostrado por los presidentes George W. Bush (EU) y Vicente Fox (México) de impulsar el Área de Libre Comercio en las Américas, a partir de su inclusión en el documento final emitido al terminar la cumbre. Hugo Chávez lideró la oposición al ALCA. Propuso la llamada Alternativa Bolivariana (ALBA) y lo expresó sin reparos: “Hemos venido todos aquí, con una pala. Una pala para enterrar al ALCA. ALCA, ALCA, ALCA...AL CARAJO”.
El resultado principal de la presencia de George W. Bush en Latinoamérica, fueron las masivas manifestaciones de grupos desafectos con la globalización y el libre comercio que pidieron su expulsión de la región. Argentina, Brasil y finalmente Panamá, fueron los escenarios en donde el mandatario norteamericano y su delegación tuvieron que experimentar ese sentimiento adverso que se extiende por casi todo el mundo.
Hasta acá todo podría considerase válido. Los gobernantes gozan de la representación ciudadana ganada en las urnas, y pueden expresar sus posiciones de acuerdo a sus intereses ideológicos. Asimismo los sectores sociales organizados pueden manifestar públicamente sus criterios políticos aprovechando la libertad de asociación y expresión que existe en Latinoamérica. Pero hay algo grave que no debe permitirse jamás: la profanación de los símbolos patrios. Y las banderas así como los himnos, representan la consagración de la veneración a las naciones: más allá del idealismo, se insertan en la pertenencia humana hacia una región geográficamente delimitada. Son la esencia para que de generación en generación se preserven los valores hacia los Estados. Denigrar los símbolos patrios propios o ajenos, es denigrar el amor propio de los pueblos.
Nadie puede negar que la política externa de la administración Bush experimenta una reacción mundial evidente. Muchos estudios de opinión -a nivel global- muestran la pérdida de simpatía del actual gobierno norteamericano. Grave es el caso en los países musulmanes, pero no menos seria está tornándose la situación en Europa y ahora evidentemente, en América Latina. Dos son los principales argumentos que los detractores del presidente Bush explotan: la pobreza generalizada en el mundo, atribuible a la globalización y la internacionalización de la economía, y la presencia militar de EU en Irak y Afganistán.
En todo caso cualquier país -su gobierno y sus sectores sociales- pueden expresar su desacuerdo público con las políticas de una potencia económica y militar como EU. Pero no debe permitirse la nefasta irreverencia hacia los símbolos patrios estadounidenses, la quema de la bandera se ha convertido en una especie de “éxtasis colectivo”, que no puede dejar de ejecutarse en cualquier manifestación “antiimperialista”. Debe de recordarse que los gobiernos con sus aciertos y sus errores pasan, pero los pueblos se quedan.
En primer lugar los grupos desafectos no representan el criterio político de todo un país. Tampoco el gobernante de EU goza del respaldo político de toda la población estadounidense. Por tanto es doblemente condenable la profanación de los símbolos patrios. Si bien enfrentar a las tubas enardecidas siempre es difícil por parte de las fuerzas del orden, todo gobernante está moralmente obligado a impedir la profanación de los símbolos patrios de otra nación.
¿Qué pasaría si en suelo estadounidense manifestantes quemaran la bandera de Venezuela para evidenciar su rechazo al presidente Hugo Chávez? ¿Representan estos manifestantes a toda la opinión pública estadounidense? ¿Posee acaso Chávez el cien por ciento del apoyo político de la población venezolana como para “justificar” la agresión de los símbolos patrios de esa nación sudamericana?
No se trata de defender oficiosamente a EU. Los desacuerdos internos o externos con la actual administración de gobierno pueden ser manifestados en un marco de libertad, pero no se justifica jamás la agresión contra la integridad moral del pueblo estadounidense. Es un grave error, una imperdonable afrenta. Jamás debieron sonreír algunos presidentes del cono Sur al presenciar esas manifestaciones que trascendieron el derecho al desacuerdo, para caer en el fanatismo irracional que tanto mal ha hecho a nuestros pueblos.
Razón tuvo Octavio Paz, cuando en su obra “El Ogro Filantrópico” expresó: “América es una región plagada de retóricos y violentos, dos formas de soberbia, dos formas de ignorar la realidad”.
LA ZONA ROJA DE AMÉRICA
Por Manuel R. Villacorta O.
A pesar de que en todo el continente americano existen áreas o zonas potencialmente explosivas, la zona central del territorio citado es la más crítica y complicada. En esta pueden integrarse Colombia, Centroamérica y Chiapas (región sur de México limítrofe con Guatemala).
Los dos extremos -Chiapas y Colombia- albergan movimientos armados. Al norte, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al sur, una mezcla verdaderamente peligrosa: las FARC, ELN, Autodefensas Armadas y grupos paramilitares. Tienen todas estas organizaciones diversos objetivos, pero en suma, se les identifica por el uso de la violencia como recurso de acción o presión.
En la referida región están expandiéndose y consolidándose violentas pandillas que se nutren de jóvenes pobres y desempleados, provenientes de los barrios o áreas marginales. El ejemplo “paradigmático” lo constituye la temible “Mara Salvatrucha” ( MS-13).
Asimismo, la región se constituye como una zona integral para la producción, transporte, almacenamiento y tráfico de drogas. Siendo la cocaína la principal, seguida de la mariguana y otras.
La potencial mezcla fatídica “violencia (armas) y droga”, está siendo favorecida por la geografía regional, la debilidad institucional de los gobiernos y la rampante pobreza que golpea a los grandes sectores sociales marginados del área.
Geográficamente la región se sitúa en el “corazón de América”. Abundan en la misma, extensas áreas selváticas que facilitan la oportunidad para la concreción de acciones ilícitas. Además, dos océanos se integran a la misma. Ruta directa hacia el Oeste para llegar a Asia. Y al norte, el codiciado destino final de las operaciones: vender la droga en el mayor mercado de consumo del mundo.
La realidad de los gobiernos (democracias inconsistentes) permite que el crimen organizado supere la capacidad de las policías civiles, y no en pocos casos, infiltrándolas. Los sistemas judiciales son incapaces de enfrentar la amenaza o la venganza de los delincuentes, plegándose a no dictar sentencias, subestimar los casos o como ya ha ocurrido, dictaminando a favor de los transgresores de la ley. Cada vez se expande más la “compra de voluntades” o la emisión de dictámenes tribunalicios parcializados a favor de los delincuentes. Los sistemas legales operan entre el miedo y la venganza.
La alarmante pobreza que se expande en la región, evidencia los altísimos niveles de desempleo vigentes. Irónicamente lo que los gobiernos y las “iniciativas privadas” del área no pueden lograr, el crimen organizado lo está haciendo: ofrecer “empleos” con tentadores salarios.
Se suma a las infames condiciones sociales prevalecientes en la región, su vulnerabilidad hacia los frecuentes y potenciados fenómenos naturales: huracanes y terremotos, hechos que provocan grandes males a su frágil infraestructura y profundiza la desesperación social.
Estos hechos sumados en su totalidad, promueven una inestabilidad generalizada en esa “zona roja de América”, en cuyo caso se presentan diversas ondas expansivas, dentro de las cuales una es la inmigración ilegal. La inmigración ilegal es el último recurso para miles de miles de habitantes que no pueden sobrevivir en condiciones tan adversas y que siguen creyendo firmemente en la moral y la ética del trabajo, no caen en las redes de la delincuencia y optan por buscar mejores escenarios, en cuyo caso la economía estadounidense se presenta como el objetivo a conquistar: trabajar fuerte, ganar en dólares, sobrevivir con lo necesario y enviar remesas periódicas a familiares que, dolorosamente han quedado alejados por tiempo y distancias.
Quizás, una conclusión importante es que la solución a tan compleja realidad, conlleva la implementación de medidas regionales. No es posible tratar de enfrentar y doblegar tan potenciados males aisladamente. Ningún país involucrado en el área citada puede por si mismo, resolver la crisis si los estados vecinos no actúan en la misma dirección. Otra conclusión importante, es que quizá los gobiernos de México, Centroamérica y Colombia, pudiesen establecer un plan operativo integral para contrarrestar este letal fenómeno. No haciendo alarde político de los planes, no promocionando los hechos en la arena pública a razón de publicidad, sino actuando seriamente, porque la inacción tendrá efectos fatales si no se enfrentan estos problemas en forma directa, y sobre todo, inmediata. La “zona roja de América”, posee todas las condiciones para reproducirse y expandirse. Que se sepa y no se actúe, implica una responsabilidad total en sus efectos.
EU: DE LA REFORMA ESTRUCTURAL AL BALANCE REGIONAL
Por: Manuel R. Villacorta O.
Todos los sucesos económicos, políticos, sociales, culturales y naturales que están ocurriendo en Estados Unidos y el mundo en general, han sido mencionados, analizados y considerados por diversas instituciones públicas, privadas, globales, y locales, que se involucran en el futuro de la humanidad. Y coinciden las estimaciones proyectivas serias en que se avecinan fenómenos sociales muy convulsionados, producto de dos hechos en particular: el agravamiento en las condiciones de vida en los países pobres y el reajuste económico que están experimentado las naciones más desarrolladas del mundo, especialmente Estados Unidos.
Globalmente, la preocupación más evidente radica en cómo preservar la estabilidad política y social en países y regiones tan diferentes como Estados Unidos, América Latina, Asia y Medio Oriente. Mientras que en Estados Unidos el desafío se orienta a redireccionar con éxito el modelo postindustrial hacia una economía basada fundamentalmente en los servicios y la investigación tecnológica, en el resto del mundo el desafío plantea la necesidad de evitar el colapso institucional de muchos países, desbordados por la corrupción, el narcotráfico y la prevalencia de un liderazgo político y empresarial local incapaz y deshonesto.
Y en ambos procesos los gobiernos estadounidenses están involucrados, porque la hegemonía militar y económica, tecnológica e histórica de Estados Unidos en el mundo es incuestionable. Existe una relación vinculante en la geopolítica actual, en donde los intereses estadounidenses trascienden sus fronteras. Y dado ese modelo, lo que ocurre más allá de las costas norteamericanas, tiene profunda incidencia e incuestionable repercusión en Estados Unidos. Sea “imperialismo” para unos o “liderazgo mundial” para otros, es en el contexto de la “realpolitik” lo que actualmente ocurre en el globo.
Lo que preocupa a los analistas más agudos y capacitados del mundo, es cómo se conducirá ese complejo cambio social-global. ¿Cuál será la estrategia integral, y quienes serán sus operadores? Y es que la realidad está demostrando que a diferencia de lo que muchos creían -que Washington es una maquinaria perfecta que todo lo controlaba- los últimos sucesos mundiales están revelando lo contrario: en Irak la guerra ha superado las expectativas iniciales de un triunfo rápido y seguro. En América Latina el descontento social amenaza con una explosión social regional sin precedentes aunada a un liderazgo político no alineado con Washington. Europa se desmarca cada vez más de las políticas estadounidenses, fortaleciendo su independencia y unidad regional. China e India crecen en influencia política y fortaleza económica sin considerarse “aliados naturales” de Estados Unidos, preservando relaciones eminentemente circunstanciales. Mientras que en Medio Oriente ha crecido un sentimiento fundamentalista antinorteamericano que amenaza con llegar a alcanzar extremos jamás antes conocidos.
Es indiscutible que la bipolaridad que existió hace no mucho tiempo: EU-URSS, había creado un balance forzado pero estable. Hoy la unipolaridad (el poder único de Estados Unidos) ha dado paso al surgimiento de reducidos o medianos poderes independientes, que enrarecen con su nebulosidad la realidad. Hoy EU no posee un poder hegemónico capaz de controlar el globo a pesar de su incuestionable superioridad. Esto a dado paso a que algunos expresen que “el desaparecimiento del Viejo Orden Internacional, dio paso a un Nuevo Desorden Internacional”.
Y ha sido un fenómeno natural agravado por el acoso al medio ambiente y la falta de prevención y rápida reacción lo que vino a desnudar la vulnerabilidad del liderazgo político de Washington: el huracán Katrina. La población estadounidense que ya tenía serias dudas sobre la política militar de su gobierno en Irak, vino a sentirse repentinamente desprotegida; si bien las heridas del 9/11 estaban en franco proceso de sanación, esta catástrofe que golpeó el sur del país, evidenció que la seguridad pública al interior del país no era tan eficiente como rutinariamente se creyó.
Estos hechos han favorecido el surgimiento de una incertidumbre que se hace cada vez mayor. Y que viene a encontrarse con la inestabilidad económica que genera el desempleo, agravado por el constante anuncio de grandes empresas (Ford, GMC y las líneas aéreas, entre otras) referente al cierre paulatino de plantas y operaciones empresariales.
En síntesis, el rol local e internacional que corresponde a los gobiernos de los Estados Unidos está enfrentado una época en extremo complicada que exige la mejor selección en los cuadros medios y altos orientados a maniobrar el cambio global necesario. Y eso implica que el gobierno de este país apoye al liderazgo más honesto y capacitado del exterior, en nuestro caso, dando énfasis a la realidad latinoamericana.
Washington no puede soslayar esta realidad. El poder no le otorga privilegios, el poder que posee, le exige cumplir con sus responsabilidades.
LA CONFIANZA SOCIAL, FACTOR FUNDAMENTAL EN EU.
Por Manuel R Villacorta O.
Se hace referencia a la confianza social hacia el actual gobierno dirigido por el presidente George W. Bush. La tradicional confianza social de los estadounidenses hacia los gobiernos de turno, está sufriendo quebrantos. La actual administración republicana está enfrentando una coyuntura interna y externa complicada, sin duda alguna, como producto de sus propias decisiones políticas, pero hay factores estructurales heredados que la actual administración de gobierno tuvo que enfrentar.
Hay diversos problemas que están incidiendo en la tranquilidad pública. El primero está relacionado directamente con la economía. Hay contradicción al respecto, porque las autoridades financieras aseguran que la economía está creciendo sólidamente. Pero la sociedad estadounidense piensa lo contrario. Los despidos masivos de trabajadores que se han producido en las grandes empresas, la caída en el consumo (grave problema que enfrentan productores y comerciantes), el abultado nivel de endeudamiento familiar, la anunciada crisis en los servicios sociales (particularmente en la seguridad social en momentos de retiro laboral) y ahora, el implacable ascenso en el precio del petróleo y los combustibles, están causando graves afecciones a la economía doméstica. Es un hecho: el ciudadano de Estados Unidos está preocupado como nunca antes.
Las recientes declaraciones del presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, vinieron a confirmar lo que todos suponían: las cosas no andan bien. Según la AFP: “El presidente de la Reserva Federal (Fed) estadounidense, Alan Greenspan, sugirió el miércoles que son posibles nuevas alzas de las tasas de interés, al tiempo que advirtió sobre los altísimos precios del petróleo y un ‘fervor especulativo’ en el mercado inmobiliario”.
Otro hecho que está generando preocupación es la cada vez más controvertida visión que se posee sobre el fenómeno migratorio. Mientras algunos consideran que la inmigración es necesaria y que viene a revitalizar la dinámica social y económica de Estados Unidos, otros consideran que esta atenta contra la estabilidad integral de los residentes legales dado que el sistema no puede asimilar más inmigrantes en las actuales condiciones. En todo caso se está imponiendo un mayor control implementado desde el gobierno mismo, evitando al máximo la inmigración ilegal a través de la frontera sur, acelerando las deportaciones, además de alejarse cada vez más la posibilidad de implementar un programa migratorio que permita la legalización masiva de los millones de indocumentados que viven en el país. Estas visiones han ido polarizándose a extremos al surgir grupos como los “Minuteman” y otros proinmigrantes que desde una perspectiva distinta dicen ‘fiscalizar’ las acciones de los primeros. Hechos que no se habían presenciado en el país desde hacía mucho tiempo.
Súmese a ello, el conflicto en Medio Oriente, básicamente la estancia de tropas de Estados Unidos en Irak y Afganistán. El objetivo principal de la guerra según el presidente Bush era eliminar la tiranía de Saddam Hussein, evitar la construcción de armas nucleares y minar las bases del terrorismo internacional. Pero la guerra se ha extendido demasiado, la presencia de las tropas en esa región del mundo está teniendo un costo económico, político y militar muy elevado. Suman ya casi dos mil soldados muertos caídos en combate y son miles más los que han quedado lisiados como producto de la confrontación militar. El petróleo, elemento tan ligado al conflicto, ha subido de precio sostenidamente afectando seriamente la economía doméstica, hecho que viene a generar un cuestionamiento que cada vez cobra mayor resonancia al interior de la sociedad civil estadounidense: ¿Valió la pena la guerra?
Dos han sido los elementos que han fortalecido el estado de derecho y la estabilidad política en Estados Unidos: la eficiencia administrativa del gobierno y la confianza de la población hacia éste. Pero indicadores y sucesos recientes están minando la calidad de dichas características. Y lo que se debe evitar es que estas afecciones se agraven, porque podría ocurrir lo que tan nefastamente ha sucedido en América Latina, en donde la población fue perdiendo la confianza en sus gobiernos hasta llegar a situaciones de verdadera anarquía, que en efecto, están lejos de ocurrir en Estados Unidos, pero hay evidencias de un descontento generalizado que si no se revierte a tiempo puede empezar a minar las bases del modelo.
Las soluciones deberían ser las siguientes: los grandes empresarios deben hacer un esfuerzo en asimilar las pérdidas producidas por diversas razones en sus empresas, evitando al máximo el despido de trabajadores, porque esto provoca un efecto “cascada o multiplicador” que llega a afectar a toda la economía. La política keynesiana de favorecer el empleo temporalmente a través de acciones “externas al comportamiento del mercado” es también oportuna y debe ser implementada desde ya.
Deben preservarse las acciones orientadas a evitar la inmigración ilegal, pero deben de favorecerse políticas que contribuyan con los inmigrantes establecidos en el país, para que se adapten legalmente al sistema beneficiándose con ello no solo a los mismos, sino al gobierno que en estas circunstancias, podrá tener mayores ingresos tributarios y mejores controles administrativos y de seguridad nacional.
El conflicto en Medio Oriente exige una solución rápida y valiente. Las tropas de Estados Unidos no pueden permanecer por mucho tiempo en Irak y Afganistán. Las razones son obvias, un plan de retirada es urgente, y debe buscarse mayor cooperación de la comunidad internacional, básicamente, del consejo de seguridad de las Naciones Unidas.
La confianza nacional hacia el gobierno no puede ni debe erosionarse. En esto radica la sobrevivencia del modelo, en esto radica la sobrevivencia de los propios Estados Unidos.
LOS HISPANOS, ESPERANZA COLECTIVA PARA ESTADOS UNIDOS
Por Manuel R. Villacorta O.
Se ha llegado a convertir en doctrina: “Estados Unidos es un país de inmigrantes”. Verdad tan evidente y aceptada que fija el carácter nacional de esta gran nación. Provengo de un país pobre de Centroamérica, Guatemala, en donde la mayoría de la población es indígena, y ha estado sometida por siglos a la explotación, la marginación e incluso, la exclusión total. Como cientista social, siempre me ocupé de estudiar la realidad nacional guatemalteca y llegué a comprender que existen dos formas de tratar a los grupos sociales temporalmente desfavorecidos en relación a su poca o ninguna influencia política en los asuntos del Estado, sea a través de la “asimilación” o a través del “pluralismo”. La asimilación supone una integración valiéndose de la “desintegración”. Es decir, la sociedad integrada pasa a ser parte de la sociedad receptora pero a condición de renunciar totalmente a sus rasgos culturales tradicionales: su idioma, sus valores familiares y sociales, sus costumbres (alimentación, relación con el arte, o su cosmogonía en términos generales). La pluralidad por el contrario, da paso a la aceptación de un nuevo grupo social dentro de un contexto social ampliado, respetando todo aquello que se relacione con su cultura.
¿Cuál de estas dos corrientes se impone en los Estados Unidos en relación con la comunidad hispana independientemente de sus variantes culturales (país de procedencia)? Creo que la segunda. En Estados Unidos predomina la pluralidad. No existe una asimilación radical que obligue a los inmigrantes a dejar para siempre sus rasgos culturales. Ciertamente no proviene esta corriente de una decisión política de los anglosajones que en gran medida, gobiernan este país. Ha sido producto del carácter de la comunidad hispana, que evidencia sus fuertes raíces y su fidelidad hacia la prosecución de lo que por siglos ha sido su forma de vida, heredada de generación en generación.
Y ha tenido éxito la pluralidad. Porque se ha demostrado que la comunidad hispana en los Estados Unidos, ha mixtificado una cultura de grandes valores con un sistema legal tan eficiente como el que prevalece en este inmenso país del norte. A pesar de que la educación integral en los Estados Unidos ha ido experimentando severas desmejorías con el paso del tiempo, es indiscutible que la formación cívica tiene que ser reconocida como una de las mejores en el mundo. El éxito de este país radica creo yo, en el respeto de la sociedad hacia las autoridades, hacia las instituciones públicas, hacia la ley. Lo que evidentemente no ocurre en casi todos los países de América Latina.
Entonces el producto es de gran calidad: una comunidad latina que respeta la ley y que se inserta en la vida urbana con facilidad bajo la convivencia pacífica y ordenada. Y aportando simultáneamente grandes beneficios como por ejemplo el trabajo. Millones de hispanos han dejado sus vidas o las están dejando día tras día, grabadas con el sello de la laboriosidad, sea construyendo una autopista bajo la nieve o el intenso calor, sea dando clases en las escuelas en donde la comunidad hispana crece irreversiblemente, en los hospitales, hoteles, restaurantes, construyendo casas o incluso, dirigiendo empresas propias. Y el color, el sabor, el ánimo, el espíritu vivo de la comunidad hispana se hace sentir en las calles de todos los Estados de la Unión. Pero más que todo, lo importante es el valor humano. Los anglosajones se admiran de la forma como los hispanos valoran al núcleo familiar y la amistad. Ven con asombro esas relaciones estrechas entre madres e hijas, entre padres e hijos, entre los abuelos y los nietos, marcadas estas por los códigos del respeto y el reconocimiento constante. Es curioso para los anglosajones como el concepto “familia”, gira en torno a esa mesa en donde el padre es el señor de la casa, la madre el jardín que da vida y luz al hogar, y los hijos y nietos que representan esa sangre fresca cargada de esperanza y futuro. Ese beso colectivo para celebrar un “ya llegué o ya me voy”. Esas paredes cargadas de vivos colores, esa música que vibra en los corazones, y esa exposición de fotos familiares, con la abuela, el tío, los sobrinos y hasta los mejores amigos.
En política, en periodismo, en el arte y los deportes, los hispanos cada vez sobresalen más, estamos tomando auge, estamos dándole el segundo y definitivo “aire” a esta sociedad que como la europea da muestras de cansancio. Los anglosajones y afromericanos, deben estar satisfechos por el auge y aporte que los hispanos han hecho para consolidar la grandeza de este gran país. Los hispanos son sin duda, la gran esperanza colectiva para los Estados Unidos, ya no hay duda de ello, la realidad se expresa por sí sola. Con excepción de la población vernácula, hoy reducida a tristes reservaciones, los hispanos fueron los primeros habitantes de este inmenso territorio, y tras un largo espacio temporal en donde los europeos llegaban en exclusiva para quedarse, la sociedad hispana (representada por América Latina) vuelve a prevalecer, vuelve a la presencia cuantitativa y cualitativa. Vuelve a resurgir con más ahínco que antes, con todo por conquistar, simplemente, con el futuro en el bolsillo.
EL CAFTA-RD: ENTRE EL BENEFICIO ECONÓMICO Y EL RIESGO POLÍTICO
Por Manuel R. Villacorta O.
Un cable de Associated Press fechado 29 de julio, emitido en Washington, expone que: “En una de sus victorias más importantes, Bush logró el miércoles en la noche el respaldo de la Cámara de Representantes a su Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana (CAFTA-RD), que había sido aprobado anteriormente en el Senado por 217 votos a favor y 215 en contra”. Según el proceso establecido, el 1 de enero de 2006 el CAFTA-RD entrará en vigencia.
Los promotores del acuerdo han manifestado que serán grandes los beneficios para los países involucrados. Pero poco se ha considerado el impacto político que éste podría generar. El presidente Bush ha manifestado que el acuerdo contribuirá a fortalecer las “frágiles democracias en la región y que contribuirá a mejorar la gobernabilidad”.
Los opositores al acuerdo, que son cada vez más, piensan lo contrario. Creen que éste provocará más pobreza y dependencia económica en la región. Por ejemplo, basta considerar el contenido de otro cable noticioso (AP) emitido el 29 de julio y procedente de Guatemala, el cual expresa: “El tratado comercial lo que traerá será la pérdida de miles de empleos, el incremento de flujos migratorios y la ingobernabilidad en la región porque una de las primeras consecuencias será dividir a nuestros fragmentados países” según el ex insurgente guatemalteco Miguel Ángel Sandoval.
Estas visiones tan opuestas responden básicamente a tres factores: 1. El desconocimiento real de la situación económico - social vigente en la región. 2. La percepción muy subjetiva del acuerdo al no estudiar detenidamente todas sus características. 3. La falta de “visión de futuro” al no poder hacer “especulaciones proyectivas” basadas en las consecuencias del mismo.
Para aportar elementos de juicio que contribuyan con la mejor comprensión de tan complicado proceso he aquí algunas consideraciones pertinentes:
A. Cuantitativamente el acuerdo no genera un alto impacto en la economía estadounidense, según una nota emitida por la agencia noticiosa BBC: “El CAFTA es un acuerdo más modesto. Según cifras de la Comisión de Comercio Internacional de EE.UU., una agencia federal que analiza el impacto del intercambio comercial en la economía del país, el CAFTA generará una ganancia de sólo 0,01% para la producción estadounidense”.
B. Empresarios norteamericanos invertirán en la región montando empresas de maquila o ensamble. El motivo: el salario mínimo por hora en EE.UU. es $5.15, mientras que el salario mínimo por hora en la región promedia $0.50. Un diferencia extrema que bajará considerablemente los costos de producción de los empresarios. Fenómeno que creará un sensible crecimiento en la oferta de empleo en la región.
C. Las empresas agrícolas (medianas y pequeûas) podrán ingresar más productos a los EE.UU. en mejores condiciones competitivas, especialmente ante productores mexicanos que ya gozan del libre comercio. Productos agrícolas conocidos como “no tradicionales” y cultivos extensivos (azúcar, en particular), tendrán la puerta abierta para competir en el mercado de consumo más grande del mundo.
D. Los productos industriales procedentes de EE.UU. (maquinaria y vehículos) tendrán un menor precio a partir de la vigencia del tratado, hecho que beneficiará a los compradores locales de la región, pero afectará a los importadores de productos industriales procedentes de Europa y Asia (abiertos o encubiertos opositores al acuerdo).
E. Productos de la industria alimenticia estadounidense (lácteos, avícolas, porcinos y harinas de granos, entre otros) ingresarán masivamente en Centroamérica y República Dominicana para competir con los productos elaborados localmente, en donde el precio y la calidad serán favorables para los primeros, generando una beneficiosa alternativa para los consumidores de la región. El beneficio tendrá su costo: productores locales de estos productos experimentarán la baja en sus ventas y tendrán que reducir costos, particularmente cerrando puestos de trabajo, pero en resumen el balance en este renglón será favorable para los millones de consumidores locales.
En términos económicos el resultado final podrá medirse en el aûo 2007, cuando se posean datos reales del comportamiento de los mercados y en particular de la balanza comercial. Si bien es cierto que México posee mayor desarrollo económico que la región centroamericana, hay muchas similitudes en los modelos productivos; para el caso mexicano, el TLC ha sido favorable, la balanza comercial se inclinó hacia ese país a partir de la vigencia del tratado. Por tanto, es muy probable que algo similar ocurra en la relación EE.UU.-CA/RD.
El punto sensible del proceso será sin duda alguna el efecto político que se genere. El CAFTA es un “recurso oportuno” para los que rechazan la globalización y la expansión del capital internacional. América Central y República Dominicana poseen problemas estructurales profundos: pobreza, desempleo y una cada vez mayor violencia común u organizada. Los beneficios que conlleve el CAFTA no serán evidenciados -a pesar de su importancia- como sí lo serán los efectos negativos que se produzcan. Por ejemplo, trabajadores expulsados de sus puestos por los empresarios locales que argumentarán no poder competir en condiciones “desiguales”, serán un atractivo recurso para promover manifestaciones públicas y comunicados de prensa en contra del acuerdo comercial. Podemos estar seguros de que, a partir de ahora, las pancartas que porten las organizaciones que se plantean en contra del proceso, incluirán las letras “CAFTA”, sumándose éstas a la mítica figura del “Tío Sam” y ese mapa del continente, en donde el país del norte abre los brazos y muestra los dientes para “someter” al sur.
TERRORISMO: VIOLENCIA INCONTROLADA, DOLOR INTERMINABLE
“Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego”. Indira Gandhi
Por Manuel R Villacorta O.
Terrorismo significa una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. El terrorismo que sufren hoy las potencias occidentales, pretende crear la insatisfacción de la sociedad civil hacia sus gobiernos, sea cuestionando las acciones de éstos en el exterior como causa que genera los ataques al interior, sea cuestionando su capacidad para ofrecer seguridad a los ciudadanos.
Un caso ejemplar de lo anteriormente descrito, fue lo ocurrido en España cuando en plena campaa electoral y a pocas horas de ejecutarse las votaciones para elegir presidente (Aznar versus Rodríguez), varias bombas impactaron el sistema de transporte subterráneo. Los simpatizantes de ambos candidatos mantuvieron su posición electoral, pero los indecisos y los que pensaban no emitir el sufragio, modificaron radical y súbitamente su pasiva posición, saliendo hacia las urnas para votar mayoritariamente por el PSOE. El mensaje caló: “Aznar llevó las tropas a Irak, por tanto hoy nos atacan en España, por ello no más ataques, no más tropas en Irak, no más Aznar”. El terror había logrado sus objetivos.
Los atentados de julio del 2005 en Londres, también lograron ese efecto. A pesar de las demostraciones estoicas de los ciudadanos ingleses de proseguir su vida con normalidad, ya la sociedad empieza a cuestionar seriamente la presencia de Gran Bretaña en Irak y Afganistán. La guerra -perciben- ha empezado a expandirse y ha llegado hasta su territorio. El conflicto se ha globalizado.
Luego del triunfo de Rodríguez Zapatero en España y sus inmediatas órdenes para el retorno de los militares desplazados en Irak, es difícil creer que nuevos atentados vuelvan a ocurrir en el país ibérico. Lo que para el caso de Inglaterra es distinto, mientras el primer ministro Blair persista en mantener sus tropas ancladas en Irak y Afganistán, la potencial reincidencia de atentados terroristas es demasiado grande. Similares posibilidades existen ahora de que ataques violentos ocurran en Italia, cuyo gobierno apoya la política militar de Occidente en Medio Oriente.
Pero ¿En dónde radica el germen de la violencia mediante inmolaciones? Hay varias respuestas. Hoy muchos musulmanes se sienten estigmatizados. La prensa y diversos columnistas, así como políticos y funcionarios de gobierno, han mencionado muy reiteradamente la relación musulmán-terrorista. No con mala intención, pero si con poco cuidado. Además -y esto es grave para el caso particular de Gran Bretaña- muchos jóvenes seguidores del islam, provenientes de países de Medio Oriente, sufren de racismo y exclusión, la sociedad británica -tradicionalmente selectiva- no asimila fácilmente a los inmigrantes.
Es decir que la “base cuantitativa” para reclutar voluntarios para que en nombre de un radicalismo religioso y nacionalista ejecuten cualquier caso de inmolaciones que conlleve violencia y destrucción, es amplia y apetecible para aquellos que, en forma deliberada y artera articulan acciones específicas para asestarle golpes severos a las potencias occidentales aliadas en las acciones militares que particularmente las realizan en Afganistán e Irak.
Lamentablemente todo indica que el uso del terror y las acciones violentas contra la población civil en Occidente, seguirán ocurriendo con la grave y amplia posibilidad de que crezcan en número y en efecto letal. Todos los pronósticos de instituciones de inteligencia públicas o privadas, apuntan hacia ello.
En un cable emitido por Associated Press recientemente, relacionado con los atentados en Londres, elaborado por Beth Gardiner y William J. Kole, se expone textualmente que: “En una democracia liberal no se necesita ser atacante suicida. Ellos escogieron serlo”, dijo el director de la policía británica, Ian Blair. Ciertamente los atacantes suicidas optaron por una acción radical. En Inglaterra pudieron manifestar públicamente su rechazo a la presencia de tropas occidentales en Irak y Afganistán, con pancartas, altoparlantes o en los medios escritos que cuestionan frontalmente la permanencia militar británica en Medio Oriente. Pero no era ese su objetivo, era en realidad llegar a los extremos. Entonces, cuando en una sociedad -con todo y sus defectos- los disidentes no recurren a las vías legales, sino que optan por la violencia irracional, se hace evidente que la lógica de la guerra -ahora globalizada-, ya rebasó los límites de lo esperado.
Es muy probable que los enemigos de Washington y Londres hayan estudiado y aprovechado meticulosamente los principios políticos y militares externados por líderes izquierdistas latinoamericanos. De ser eso cierto, la “guerra asimétrica” parece estar apenas comenzando. Ernesto Guevara (“El Che”) recomendaba crear los focos insurreccionales, es decir, la llamada “teoría del foco”, que buscaba crear bloques militares insurgentes precisamente para iniciar la guerra de insurrección hasta conseguir el triunfo final. Según esta teoría, los focos crecerían en número y capacidad, hasta impedir al enemigo una respuesta coherente y efectiva. Ante el fracaso estrepitoso de esta teoría (con los casos particulares de Guatemala y Bolivia), las estrategias revolucionarias optaron por la “Guerra Popular Prolongada” (GPP), que consistía en golpear constantemente al enemigo, en forma accidentada e imprevista, pero siempre constante y sin tregua. La analogía era: “El elefante es fuerte pero su grandeza lo hace débil, porque el piquete constante de cientos de avispas habrán de provocarlo hasta lograr su colapso por desesperación”. Eso mismo parece ahora estar ocurriendo con las acciones suicidas que tienden a multiplicarse, y en una guerra así, asimétrica pero tan mortífera, el desenlace es inimaginable, pero eso si, cargado de sufrimiento y tragedias. Las poblaciones civiles no merecen ser la carne del caón.
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NO MÁS DESAYUNOS CON EL SR. EMBAJADOR: LA CAMBIANTE POLÍTICA EXTERIOR DE LOS EU EN AMÉRICA LATINA.
Por Manuel R Villacorta O.
Es indiscutible que los embajadores de Estados Unidos han tenido un protagonismo determinante y en ocasiones extralimitado en América Latina. En momentos de alta tensión, cuando presidentes de la región se han enemistado con los altos representantes de la diplomacia estadounidense, es común que funcionarios públicos (ministros de estado e incluso vicepresidentes) opten por congraciarse con los segundos, porque tarde o temprano la línea de Washington termina imponiéndose. La historia lo confirma, siempre ha sido así.
La relación diplomática estadounidense con los empresarios locales, agremiados en sus hasta hace poco influyentes cámaras o asociaciones, no ha sido diferente. Cuando algún presidente ha osado mostrarse independiente a los designios empresariales locales, estos han recurrido rápidamente a las sedes diplomáticas del poderoso país del norte para conquistar el respaldo político de los EU, invariablemente acusando a los mandatarios de “girar peligrosamente hacia la izquierda”. Los hoy denominados eufémisticamente “relevos de poder” -que no son sino una variante de los tradicionales golpes de Estado-, se convierten en alternativa para estos grupos desafectos a gobiernos que no ceden a sus designios. Afortunadamente Washington ya no se deja convencer tan fácilmente.
No se omite la maximización de la subordinación: los altos mandos militares de la región, quienes atienden con más precisión y rapidez cualquier observación que provenga vía diplomática, que aquellas emitidas al interior de sus propios gobiernos. Helicópteros, aviones, transporte militar pesado y fusiles, así como tecnología punta e información privilegiada, hacen la diferencia. Cualquier militar astuto lo sabe. Y el anhelo castrense es único: tener la oportunidad de recibir adiestramiento en alguna base militar norteamericana, el súmmum para alcanzar un buen currículum.
Pero no solo empresarios insatisfechos o militares con olfato se acercan a las influyentes misiones diplomáticas, también lo hacen algunos sindicatos y organizaciones “progresistas” de la sociedad civil. Estas organizaciones están aprovechando el discurso favorable a los derechos humanos que la política exterior de EU estableció una vez concluida la confrontación con los soviéticos y sus aliados. Se busca el apoyo para que los gobiernos desistan en aplicar abiertas o encubiertas acciones represivas, que van desde el acoso sistemático hasta la eliminación física. En otros términos, las organizaciones de la sociedad civil también valoran el peso político de la diplomacia norteamericana, cuando de lograr objetivos en forma pragmática se trata.
Los especialistas en transfiguraciones y el mimetismo, los políticos tradicionales, tampoco desestiman esta importante relación. Si se es candidato presidencial y no se cuenta con la simpatía de Washington, la situación se torna contra la corriente. Por el contrario, desayunar con relativa frecuencia con el seûor Embajador, es una especie de llave mágica que abre puertas insospechadas.
Pero estamos viviendo una época diferente. La política exterior de EU para América Latina ya no es la misma, y quizá pocos lo han notado con precisión. En ese proceso de implementar una nueva agenda, han ido surgiendo desaveniencias sectoriales que generan un malestar sensible hacia lo que dicta la potencia del norte. Veamos algunas
Con los empresarios locales, tradicionalmente acostumbrados a un proteccionismo intolerante y a la práctica abierta o encubierta del monopolio, la relación empieza a profundizar grietas, la causa: la inminente implementación de los tratados de libre comercio. Para los potentados empresarios locales la fiesta terminó, a partir de ahora habrá que competir contra el gran capital, que en tecnología y costos les supera sin discusión; a partir de ahora, antes de reclamar deben demostrar que pagan impuestos, lo que nunca antes hicieron a cabalidad.
En lo referente a los mandos militares latinoamericanos, la situación también presenta contradicciones. A raíz de las guerras de baja intensidad o contrainsurgentes, no pocos miembros de las instituciones castrenses se vincularon con acciones ilícitas (contrabando, narcotráfico, robo de vehículos, tráfico humano o secuestros). Hechos que dadas las circunstancias gozaron de una impunidad primaveral, pero eso terminó. Hoy la política de seguridad de los EU hacia la región es implacable, y llegó el momento de ajustar las cuentas con el crimen organizado. No obstante éste, se encuentra más sólido que nunca. Muy alerta ante la embestida por venir. Un ejemplo categórico es lo que ocurre en Nuevo Laredo, México.
Los políticos conservadores o liberales (que para el caso latinoamericano son exactamente lo mismo), están irritados con la política exterior estadounidense porque ésta se desmarcó de los favoritismos, se orienta a respetar las elecciones libres y democráticas que en su momento, han terminado con la instalación de mandatarios de tendencia izquierdista como ocurre hoy en Panamá, Venezuela, Chile, Brasil, Uruguay y Argentina. Ya no más desayunos con el Sr. Embajador.
Y lo más sorprendente: no han sido los demócratas estadounidenses los que han promovido estos significativos cambios. Ha sido el gobierno conservador del presidente Geroge W. Bush. Difícil de entender, y más para aquellos que mecánicamente son “antiimperialistas por origen”. Como me expresó un viejo maestro de la gloriosa Universidad de San Carlos de Guatemala: “En política quien no cree en los milagros no es realista. Y para estar bien informado lee mucho los periódicos, pero interpreta todas las noticias al revés”.
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Los impactantes efectos de la inmigración Hispana en EU
Por Manuel R Villacorta O
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