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 El regalo de Buena Salud

Por Javier Sierra

De nada sirven todas las riquezas del mundo si no hay buena salud para disfrutarlas. Y aunque este año no ha sido uno de grandes riquezas, lo vamos acabar de forma saludable. Como anticipo de las Navidades, la administración Obama se ha asegurado de que a ninguno de nosotros nos llegue un saco de carbón. Todo lo contrario.

En una decisión histórica, la EPA ha emitido nuevas protecciones llamadas Estándares de Mercurio y Toxinas del Aire que van a impedir que más del 90% de las emisiones de mercurio procedente de las plantas energéticas de carbón contaminen el aire que todos respiramos y el agua que todos bebemos. Y esto tendrá un especial impacto entre nosotros, los hispanos.

La mayor fuente de estas emisiones proviene de las plantas térmicas de combustión de carbón, las cuales cada año emiten más de 33 toneladas de este peligroso veneno. Un gramo de mercurio puede contaminar un lago de 20 acres. Porque es a través del agua y del pescado  que nos envenena esta toxina. El mercurio emitido a la atmósfera lo precipita la lluvia a ríos, lagos y océanos, donde se convierte en su versión más letal, el metilmercurio. Los peces a su vez lo absorben y nosotros los seres humanos al comer pescado.

Los 50 estados de la unión y Puerto Rico contienen pescado contaminado con mercurio. Según un estudio del Sierra Club, más del 30% de los hispanos pesca regularmente y el 76% de ellos consume lo que pesca y al compartirlo con su familia, sin saberlo, podrían estar envenenándolos.

El mercurio es una potente neurotoxina que daña el cerebro y el sistema nervioso, especialmente en el feto y los niños pequeños, ya que causa defectos de nacimiento, dificultades de aprendizaje, coeficientes intelectuales inferiores e incluso parálisis cerebral. La EPA estima que cada año nacen en Estados Unidos unos 300,000 bebés con peligrosos niveles de mercurio en la sangre.

La histórica decisión de la administración Obama ha recibido una tempestad de críticas por parte de las carboneras y su ejército de cabilderos en Washington, DC, que inútilmente se han gastado $30 millones en acabar con estos estándares. Las críticas, sin embargo, ignoran que cada año esta iniciativa evitará 11,000 muertes prematuras, 4,700 ataques al corazón, 130,000 casos de asma infantil y 6,300 casos de bronquitis aguda.

Es sin lugar a dudas la más importante medida para salvar vidas en una generación. Porque los estándares no sólo van a reducir drásticamente el mercurio y otros metales pesados. Además disminuirán las emisiones de partículas contaminantes finas, las cuales causan muerte prematura, males coronarios y enfermedades respiratorias, como el asma.

Según un estudio de LULAC, casi el 30% de los hispanos vivimos peligrosamente cerca de una planta de carbón. Además, el 66% de nosotros vivimos en las áreas del país con la peor calidad de aire. No es de extrañar entonces que los hispanos tengamos un 300% más de probabilidades de morir de asma que los anglosajones, y nuestros niños un 60% más de contraer asma.

Pero este regalo no es sólo para nuestra salud, sino también para el bolsillo de todos. Según la EPA, los nuevos estándares crearán unos 54,000 empleos en la instalación de nuevas tecnologías de filtración en cientos de plantas de carbón y en el sector eléctrico. Aún más importante, nos ahorrarán hasta $90,000 millones anuales en gastos de salud y otros beneficios económicos.

Como diría ese simpático viejo panzón: Jo, jo, jo, Feliz Navidad a todos!

 

Darás de beber al sediento

Por Javier Sierra

Dan Millis jamás olvidará el 20 de febrero de 2008. Como voluntario del grupo No Más Muertes, recorría el desierto de Arizona dejando recipientes de agua en los senderos usados por los inmigrantes indocumentados para evitar que mueran de sed.

Este buen samaritano y sus compañeros de repente se encontraron el cuerpo sin vida de una joven salvadoreña que hacía semanas que se había perdido en el desierto. Dos días más tarde, Dan fue recompensado por agentes del Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre multándole por ensuciar terrenos públicos.

Este proceso "absurdo" y "ridículo," como lo califica él mismo, culminó dos años y medio después cuando una corte federal anuló los cargos alegando que el agua no es basura. Los magistrados muy bien podrían haber agregado que la basura fue el acto de castigar una conducta humana y ejemplar.

"Definitivamente es insultante tener que luchar contra el gobierno federal por algo tan básico y de sentido común como proteger los derechos humanos", dice Dan, quien sigue ofreciendo ayuda a quienes se atreven a cruzar este aterrador desierto.

Pero Dan no sólo trata de derribar el muro de la crueldad. Como coordinador del Programa de Terrenos Fronterizos del Sierra Club, también se ha propuesto derribar otra "pesadilla," el muro construido a lo largo de la frontera con México. "Tenemos 649 millas de muros y barreras que se han construido ignorando leyes medioambientales", dice. "Como resultado, vemos inundaciones, erosión, y la destrucción del hábitat de la fauna".

El muro se construyó en virtud de la Ley REAL ID, la cual en 2005 otorgó al gobierno federal la autoridad sin precedentes de anular cualquier ley que entorpeciera el proyecto. Hasta el momento, la construcción ha suprimido 36 leyes y costado cerca de $3,000 millones. Y de remate, según la Oficina de Contabilidad Gubernamental, el proyecto ha tenido escaso impacto en el número de entradas de indocumentados."El muro no funciona para nada", dice Dan. "Lo que hace es bloquear a la gente en Estados Unidos porque les hace más difícil cruzar de vuelta a México".

Pese a este estrepitoso fracaso, el Congreso Federal y su miopía legislativa siguen cavando en este agujero en el que nos han metido a todos los contribuyentes. La Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes aprobó hace un par de semanas la Ley de Protección de Seguridad Nacional y Terrenos Federales (HR 1505). Este engendro ampliaría la anulación de leyes que a todos nos protegen en un territorio de 100 millas de ancho a lo largo de las fronteras con México y también Canadá.

"Esto es muy peligroso", advierte Dan. "Es un asalto contra las leyes medioambientales que usa la seguridad fronteriza como un caballo de Troya".

El fracaso del muro confirma una vez más que el problema de la inmigración indocumentada debe atacarse desde su raíz. "El muro no hace nada para solventar los verdaderos problemas, como el Tratado de Libre Comercio, por ejemplo, el cual ha desarraigado a mucha gente en México y les ha obligado a viajar al norte". Y agrega que invertir en ayuda internacional para mejorar la educación, cuidado de la salud y desarrollo sostenible al sur de la frontera cuesta mucho menos que este despilfarro del dinero de los contribuyentes.

En esta era de ladrones disfrazados de banqueros y de contaminadores encubiertos de creadores de empleo, nos queda a todos una insaciable sed de héroes de admirable fuerza moral como Dan Millis.

Él, como pocos, cumple con su obligación de dar de beber al sediento.

 

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Las brisas tóxicas

Por Javier Sierra

Ya dice el refrán que del árbol caído todos hacen leña. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en Corpus Christi, Texas, una de las ciudades más contaminadas del país, especialmente sus barrios latinos y afroamericanos, donde el bombardeo tóxico es incesante. Estas comunidades, situadas en el área llamada Coastal Bend de Corpus Christi, contienen 23 refinerías y plantas químicas -la mayor concentración de este tipo en Estados Unidos- además de 46 basurales, un incinerador y una planta de reciclaje de baterías. "Las refinerías son lo primero que ves al entrar a la ciudad y lo último al salir", dice Danny Lucio, un activista de 26 años y miembro fundador de la Coalición por una Economía Limpia. "Son la razón principal por la que Corpus Christi es la ciudad texana con mayor incidencia de defectos genéticos y de asma".

Los contaminadores, increíblemente, no se apiadan del Coastal Bend y están empeñados en aumentar el sufrimiento construyendo una planta energética que casi duplicará las emisiones tóxicas de la cuidad.

Las Brisas Energy Center, LLC (LBEC) -un nombre tan irónico como cruel- generará electricidad quemando miles de toneladas de uno de los combustibles más sucios que se conocen, el coque de petróleo, un residuo de la refinación de crudo. "Las Brisas aumentará la contaminación de Corpus en un 82%, más que todas las refinerías juntas", dice Lucio. "Sólo hay una cierta cantidad de coque de petróleo disponible en la región, y cuando se termine, quemarán carbón".

Según estudios médicos realizados sobre el futuro impacto de Las Brisas, la planta emitirá 220 libras de mercurio, uno de los venenos más tóxicos que se conocen, además de un letal caldo de contaminantes que cada año causaría 79 muertes prematuras.

Según la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), siete escuelas del Coastal Bend ya se encuentran en el 10% de mayor exposición a toxinas y carcinógenos de todo Estados Unidos.

Pero si hay algo que huele aún peor que el coque o el carbón es la escena política en Corpus Christi que ha abierto sus puertas a la construcción de este nuevo monstruo. Esto incluye un contrato que permitiría a Las Brisas, un proyecto de $3,000 millones que crearía la asombrosa cantidad de 80 empleos, consumir hasta 7,000 millones de galones de agua al año, durante la peor sequía que conoce Texas en más de un siglo.

El alcalde se enamoró de la idea con sólo ver la presentación de LBEC y a la que no asistió ningún miembro de la comunidad. De hecho lo único que falta para empezar la construcción es el permiso de EPA.

Pero este apoyo masivo ha ignorado las decisiones no vinculantes de dos jueces locales que rechazaron los planes de construcción y, la oposición también masiva a la planta por parte de las personas que estos políticos se supone que representan. "La comunidad en pleno, incluso los trabajadores de las refinerías, se opone a este proyecto", dice Lucio. "La comunidad médica también se opone", incluyendo la Asociación Médica de Texas, la cual por primera vez ha rechazado un proyecto empresarial de cualquier naturaleza.

"Hago esto por mi familia y mi comunidad", indica Lucio. "Amo el Sur de Texas porque es mi verdadero hogar y quiero protegerlo".

Irónicamente, la planta contaminadora se construiría cerca de una gran instalación costera de turbinas de viento que ya alimenta la red de tendido eléctrico de Texas.

EPA tiene ahora que decidirse ante el asombroso contraste entre las brisas limpias y renovables, y Las Brisas tóxicas.

 

Navidades en verano

Por Javier Sierra

El verano del 2011 en Washington, DC, lo voy a recordar como los días más calurosos de mi vida. El jueves, 21 de julio, fue particularmente tórrido. El índice de calor llegó a los 119 grados, la temperatura más alta de la nación en el epicentro de una ola de calor que les costó la vida a decenas de personas en todo el país.

Pero ese jueves también, a quienes luchamos contra el cambio climático, nos llegó un maravilloso soplo de aire fresco. Santa Claus se puso su corbata verde y en mitad del mes de julio nos dejó un regalo histórico que va a derrumbar muchas chimeneas. Michael R. Bloomberg -empresario, medioambientalista, y alcalde de Nueva York- se unió al coro de voces que exigen el reemplazo de carbón por energía limpia junto con su Bloomberg Philanthropies y donó $50 millones a la campaña Más Allá del Carbón del Sierra Club. "Si nos vamos a poner serios en nuestra reducción de la huella de carbono, tenemos que ponernos serios acerca del carbón. Acabar con la energía procedente del carbón es lo correcto", dijo Bloomberg con una de las plantas de carbón más sucias del país como trasfondo. "El carbón es una herida que hacemos a la salud pública, que contamina el aire que respiramos, arroja mercurio al agua que bebemos y constituye la causa principal del cambio climático".

Esta histórica donación tiene especial significado para quienes más sufren las consecuencias de la contaminación del carbón, las comunidades minoritarias, como nosotros, los hispanos.

Según un reciente estudio realizado por el grupo hispano Little Village Environmental Justice Organization en Chicago y otras organizaciones nacionales de justicia social, más de ocho millones de personas viven a tres millas o menos de una de las casi 500 plantas de carbón en el país, y de ellas, tres millones son miembros de minorías. Aún peor. Más de la mitad de los casi cinco millones de personas que viven cerca de las 90 plantas de carbón más contaminadoras del país son miembros de minorías. Y una de las 12 peores, la planta de River Rouge, en Detroit, emite sus venenos frente al único barrio latino de la ciudad, el llamado "Mexican Town". El estudio atribuye a esta planta 44 muertes prematuras y cientos de ataques de asma al año.

El carbón nos lo venden diciendo que es barato. Pero de lo que no hablan las carboneras es de los devastadores costos escondidos que inflinge en todos nosotros. Estas plantas cada año causan miles de muertes prematuras, cientos de miles de ataques de asma y $100,000 millones en gastos de salud.

Es por ello que la donación de Bloomberg no podía haber llegado en mejor momento. La donación reconoce la inacción de Washington en la lucha contra esta lacra social y los extraordinarios logros de la campaña Más Allá del Carbón.

Esta iniciativa comenzó su lucha en 2002 con tres personas y un presupuesto mínimo. Hoy sus logros incluyen los siguientes:

- Ha detenido la construcción de 153 plantas de carbón.

- Ha designado para su retiro el 10% de las plantas existentes.

- Ha evitado la emisión de cientos de miles de millones de toneladas de contaminantes y gases de cambio climático.

- Y ha creado un enorme espacio de crecimiento para la energía limpia.

En estas navidades en verano, Bloomberg ha plantado una semilla de esperanza que nos promete a todos que los días del carbón están contados.

 

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La cruel mordaza del asma

Por Javier Sierra

El hijo de 5 años de edad de Rosa Perea vive una vida asfixiante. Si no toma sus medicamentos o si el aire está demasiado contaminado, puede acabar en la sala de emergencias con un ataque de asma.

Perea, directora del Centro Comunitario Juan Diego de South Chicago, vive esta tragedia no sólo en su hogar si no en su trabajo también. El Centro es una clínica que el año pasado sirvió a 19,000 pacientes.

Perea y su equipo de voluntarios constituyen la vanguardia de una lucha diaria contra un enemigo implacable llamado contaminación. Y su arma más eficaz es la prevención. "Nos aseguramos de advertir a la gente que vigilen a los niños asmáticos los días de aire muy seco, o cuando no se riegan las cenizas frías de carbón. Los niños no pueden respirar ese aire," advierte Perea, quien vive y trabaja rodeada de varias plantas de combustión de carbón.

"La mayoría de la gente piensa que este barrio es un lugar industrial, y nadie realmente hace preguntas cuando se muda aquí un nuevo contaminador", se lamenta Perea. "Las grandes compañías que tienen poder se aprovechan de esto".

El componente más peligroso de este cóctel de contaminantes es el smog, un gas venenoso formado por la combustión de combustibles fósiles y el calor del verano. El smog actúa como un agente corrosivo que daña los tejidos de los pulmones, reduce la capacidad pulmonar y eleva el riesgo de ataques al corazón.

Pero este enemigo se ceba con especial intensidad en la comunidad hispana. Casi la mitad de nosotros vivimos en lugares donde los niveles de smog exceden los límites de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA). Es la EPA, precisamente, quien debe aliviar esta crisis nacional. Pero la agencia lleva ya meses de retraso en adoptar un estándar más estricto contra el smog. En enero de 2010 propuso tal mejora, la cual evitaría 17,000 muertes prematuras, 120,000 ataques de asma infantil y nos ahorraría a todos $100,000 millones. Pero en diciembre la EPA retrasó su puesta en práctica y encargó a una comisión de científicos determinar si dicho estándar era recomendable. Así lo hicieron y en julio la EPA debe implementarlo.

Pero tanto retraso ha desatado encendidas críticas contra la agencia. Y la más reciente fue una carta al Presidente Obama firmada por 14 grupos hispanos de todo el país en la que le urgen a adoptar el estándar más estricto, conocido como 60-70 ppb (partes por mil millones). "La comunidad latina ha confrontado muchos retos en los últimos años", dice la carta. "Con vidas en peligro, esperamos no ver un nuevo empeoramiento si las industrias contaminadoras logran bloquear los esfuerzos de la EPA de protegernos contra el smog".

"Realmente espero que la administración Obama no renuncie al estándar de 60-70 ppb", me dijo Juan Parras, director ejecutivo de Servicios de Apoyo a la Justicia Medioambiental de Texas, uno de los 14 signatarios de la carta. "Si el estándar no se aprueba ahora, pasará mucho tiempo hasta que se haga algo sustancial contra esta amenaza a la salud pública".

En 2008, la administración Bush desaprovechó una magnífica oportunidad de salvar miles de vidas y miles de millones de dólares en costos médicos, y finalmente, complaciendo a los contaminadores del país, se contentó con establecer el estándar más débil.

Ahora tenemos una ocasión histórica para acabar con nuestra dependencia de combustibles fósiles, fomentando el crecimiento de las energías limpias y renovables, como la solar y la eólica, que no amenazan la salud de nadie y prometen la creación de millones de empleos.

Está en las manos de EPA que el hijo de Rosa Perea y cientos de miles de niños hispanos se libren de la cruel mordaza del asma.

 

¡Manos Arriba!

Por Javier Sierra

¿Ha sentido últimamente la urgencia de levantar las manos a la hora de pagar en la gasolinera? No es usted el único, sobre todo si resulta ser hispano. Nuestra comunidad es la que más está sufriendo esta nueva crecida de los precios de la gasolina. Según un estudio del Public Policy Institute de California, el 83% de los latinos reconoce que el encarecimiento de los combustibles les causa dificultades financieras, comparado con el 54% de los blancos no hispanos. El estudio también develó que los latinos dedicamos el 5.4% de nuestros ingresos a comprar gasolina y otros gastos relacionados con el carro; es decir, un punto porcentual más que el resto de la población. Sin embargo, nosotros somos los más dispuestos a compartir nuestro carro con otros y a comprar los vehículos más eficaces.

Y mientras usted se rasca el bolsillo buscando las últimas monedas, la industria petrolera se está dando una fiesta histórica. ExxonMobil, BP, Chevron, Shell y ConocoPhillips informaron que durante el primer trimestre del año obtuvieron la friolera de $34,000 millones en ganancias. Sólo ExxonMobil informó que sus ganancias en ese periodo fueron de $10,700 millones, un incremento del 69% con respecto a 2010. Entre 2001 y 2010, las petroleras han ingresado unos $952,000 millones en ganancias -una cifra difícil de comprender: es casi un millón de millones.

Nos guste o no, todos contribuimos a estas obscenas ganancias, como consumidores en la gasolinera, y como contribuyentes permitiendo que el gobierno federal otorgue a esta industria miles de millones de dólares en subsidios. Entre 2002 y 2008, la industria fósil recibió $72.5 millones por cortesía del tesoro federal. Y hace unos días los aliados de las petroleras han logrado una vez más derrotar en el Congreso un intento de eliminar estas injustas regalías. De haberse aprobado, nos hubiéramos ahorrado todos unos $21,000 millones en los próximos diez años.

Lo que está absolutamente claro es que nuestra adicción petrolera nos está costando un ojo de la cara y que no podemos permitirnos este lujo si queremos recuperar la vitalidad económica y crear los millones de empleos que necesitamos tan desesperadamente. Además, las emisiones tóxicas del petróleo y el carbón causan enormes daños a la salud pública, especialmente a la de la comunidad latina.

La administración Obama debería establecer estándares de eficacia más exigentes para carros y camiones que rindan al menos 60 mpg. Esto nos ahorraría 2,500 millones de barriles de crudo al día. Si invirtiéramos los $4,000 millones en subsidios anuales a las petroleras en energía limpia se crearían 64,000 empleos cada año, sobre todo en los rubros de la economía que emplean a más latinos. Y estos son empleos que no se pueden exportar, que pagan bien y que convierten al trabajador en un valioso miembro de la compañía que lo contrata.

La energía limpia, además, es uno de los sectores que más y mejor están creciendo. Según el Wall Street Journal, la industria eólica (viento) es la segunda más robusta del país y la solar la séptima. Y el futuro es aún más brillante. La eólica se espera que crezca 11.2% en los próximos seis años y la solar un 7.9%.

Y hablando de brillante, la energía limpia y renovable podría muy bien abastecer al mundo del 80% de sus necesidades en las próximas cuatro décadas. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC) de la ONU publicó un histórico estudio que fortalece aún más la necesidad de abandonar los combustibles fósiles y fomentar la energía del futuro.

El PICC, compuesto por los 3,000 expertos más prestigiosos del mundo, develó que si se llega a ese 80%, el mundo logrará mantener las concentraciones de gases de calentamiento global a menos de 450 partes por millón, el límite de seguridad que nos separa de los efectos catastróficos e irreversibles del cambio climático.

Pero el PICC advirtió que pese a que las soluciones a nuestro reto energético y climático están ahí, sin voluntad política por parte de todos los gobiernos seguiremos anclados a las fuentes de energía del siglo 19 y arriesgando a dejar a nuestros hijos y nietos un planeta en caos climático.

Es en Estados Unidos donde debemos prestar más atención a esta advertencia. Es en el Congreso Federal, tan poderosamente influenciado por las petroleras y carboneras, donde debe empezar este cambio. Nuestros representantes son los que tienen que acabar con el "manos arriba" y empezar con el "manos a la obra".

 

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Corazón de Piedra

Por Javier Sierra

¿Qué hizo falta para que 292 miembros abrumadamente republicanos de la Cámara de Representantes aprobaran el infame Proyecto de Ley HR 872?  Veamos. La iniciativa, o más bien el atropello legislativo, impediría que la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) regule los vertidos de pesticidas a los ríos, arroyos y lagos del país. Y para echar más sal a la herida, lo llamaron "Ley para Reducir las Cargas Normativas".

Este atropello impondría un castigo aún más severo a los trabajadores agrícolas, de los cuales el 88% es hispano, es decir 2.5 millones de personas. Esta comunidad tan vulnerable ya de por sí sufre un bombardeo diario de algunas de las sustancias más tóxicas conocidas por el ser humano. Los efectos de la exposición a los pesticidas son devastadores, concretamente por causar una aterradora variedad de cánceres. Según la American Cancer Society, las trabajadoras agrícolas tienen un 300% más probabilidades de contraer cáncer de seno que el resto de las mujeres del país.

Pero los que más sufren los efectos de los pesticidas son los niños de estos trabajadores, quienes padecen una desproporcionada incidencia de cánceres como leucemia, linfomas, neuroblastomas y tumores cerebrales. Además, estos venenos se han relacionado con defectos genéticos y malformaciones cerebrales que fomentan las dificultades de aprendizaje y el retraso mental. Estos niños están en constante exposición a los pesticidas a través del aire, el contacto físico con sus padres y el agua. El Registro Geológico Federal muestra que hay pesticidas en el 92% de las vías fluviales cercanas a las áreas agrícolas y en el 38% de los pozos de agua potable del país. Otro estudio del Registro develó que el 96% de todo el pescado analizado en las principales vías fluviales contenía al menos un pesticida.

Esos 292 supuestos representantes del pueblo han demostrado una profunda ignorancia sobre las realidades de la comunidad hispana o unos niveles de crueldad difíciles de comprender o quizá ambos. Pero esta ofensiva de la Cámara de Representantes republicana "para reducir las cargas normativas" no es nueva. Y sus víctimas propiciatorias seguimos siendo los hispanos.

Obligada por una orden judicial, la EPA finalmente ha propuesto nuevas reglas que eliminarían el 91% de las emisiones de mercurio, arsénico, plomo, dioxinas y otros venenos. Estas emisiones proceden de las plantas energéticas de combustión de carbón y se han relacionado con el cáncer, enfermedades cardiacas, defectos de nacimiento, asma y muerte prematura.

Según un estudio del Center for American Progress, el 66% de los hispanos -25.6 millones de personas- vivimos en las áreas del país que no cumplen con los estándares federales de aire limpio. Nosotros tenemos un 300% más probabilidades de morir de asma que la población anglosajona, y nuestros niños un 60% más de tener ataques de asma.

Aún así, la mayoría republicana de la Cámara está empeñada en arrebatar el poder regulador de la EPA, alegando que la modernización de estas plantas de carbón causará una supuesta pérdida de empleos y el encarecimiento de la energía eléctrica. Las nuevas reglas aumentarían la cuenta de la electricidad un promedio de $3 a $4 al mes. Pero lo que no mencionan estos supuestos representantes es que, según la EPA, cada año estas reglas evitarán 17,000 muertes prematuras, 120,000 ataques de asma y la pérdida de 850,000 días laborables debido a enfermedad. En total, anualmente el país se ahorraría $100,000 millones al año.

Pongamos el mercurio como ejemplo. Este veneno lo emiten estas plantas y la lluvia lo vierte a ríos, arroyos y lagos, donde se convierte en su versión más tóxica, el metilmercurio. Los peces a su vez lo ingieren y los seres humanos al comer pescado. Actualmente hay advertencias de pescado contaminado con mercurio y otros venenos en 50 estados. Según un estudio del Sierra Club, un tercio de los hispanos pesca al menos de vez en cuando, y de ellos, el 76% consume lo que pesca. Es decir, se exponen sin saberlo al envenenamiento de mercurio porque las advertencias de pescado contaminado o no existen o están sólo en inglés. El mercurio es especialmente peligroso para los niños y el feto, ya que tiende a acumularse en el cordón umbilical de la madre. Hasta el 16% de las mujeres en edad fértil tienen peligrosos niveles de mercurio en la sangre, y cada año al menos 300,000 bebés nacen con niveles riesgosos.

Entonces, ¿qué hace falta para legislar de esta manera tan cruel? Un corazón de piedra.

 

La unión hace la fuerza

Por Javier Sierra

Vivimos momentos que hubieran enorgullecido a César Chávez. Por primera vez en décadas los trabajadores del país han dicho "¡basta!" y exigido el respeto de quienes los emplean. En ésta nos jugamos todos los que no somos ricos o superricos nuestro futuro económico y nuestra capacidad de frenar a los enemigos de la salud de nuestras comunidades.

Ante a la desidia y negligencia de la inmensa mayoría de los medios de comunicación, en el Capitolio de Madison, Wisconsin, decenas de miles de trabajadores están al pié del cañón para defenderse contra los abusos de un corporatismo desenfrenado. Lo que está en juego en Madison es ni más ni menos que el derecho de los trabajadores a negociar sus condiciones de empleo, algo que el gobernador Scott Walter está emperrado en negarles.

"En la ausencia de las uniones (sindicatos), los ataques contra los derechos de los trabajadores y el declive en la calidad de los empleos no tendrá límites, especialmente para comunidades vulnerables como los latinos," advierte una declaración de apoyo a las protestas de Wisconsin firmada por 20 organizaciones hispanas de todo el país. "Wisconsin, Ohio, Indiana, Michigan, Tennessee, Iowa y Florida son algunos de los estados cuyas legislaturas tratan de destruir el derecho de los trabajadores a negociar sus condiciones de empleo".

En los últimos días, centenares de miles de trabajadores han demostrado en las calles de todas las capitales de los estados de la unión que se hartaron de este asalto contra sus derechos fundamentales.

Y a nadie nos sorprende que los políticos que empujan esta ofensiva contra el sueño americano al que todos aspiramos cuentan con las riquísimas contribuciones de corporaciones que también quieren arrebatarnos el derecho a una vida saludable libre de contaminación. Los patrones de Walker son los hermanos Koch, dueños de Koch Industries, una fuente inagotable de dinero y recursos para las causas más reaccionarias en la vida política de nuestro país. Hace meses, los Koch, cuya corporación es uno de los 10 peores contaminadores del país, apoyaron el incremento de la polución y acabar con la economía limpia en California por medio de la fracasada Proposición 23. Ahora, estos autodeclarados valladares de la "libertad económica" pretenden acabar con las uniones, la única fuerza electoral que puede competir contra Koch Industries y el resto de las megacorporaciones que alimentan la máquina electoral conservadora.

Los 10 grupos que más dinero contribuyeron a campañas electorales en 2010 fueron todos conservadores excepto tres, y esos tres eran uniones.

Walker ha puesto el grito en el cielo y presentado un presupuesto draconiano alegando el tremendo déficit que padece Wisconsin. Pero ese déficit no existía hasta que el mismo Walker concediera en enero $117 millones en cortes de impuestos a corporaciones que ni siquiera tienen sede en su estado.

La fórmula, que están aplicando otros gobernadores republicanos, es simple. Crea una crisis fiscal o aprovéchate de una ya existente y úsala como excusa para empobrecer a los empleados públicos y debilitar a las uniones que los representan.

Pero a Walker le ha salido el tiro por la culata. Los maestros, funcionarios, policías, bomberos y decenas de miles de otros trabajadores de Wisconsin no se dejan engañar y exigen que retire el proyecto de ley que acabaría con sus derechos sindicales.

"El declive de la presencia de las uniones en Estados Unidos es un gran problema que afecta la calidad de empleo de los latinos y del resto de los trabajadores del país", dice la declaración de los grupos hispanos. "Los trabajadores latinos sindicados ganan un 51% más que los no sindicados, y las trabajadoras sindicadas un 34% más que las no sindicadas".

Hace medio siglo, César Chávez dijo: "El principio fundamental de la acción no violenta es jamás cooperar con algo que sea humillante". Su formidable capacidad de persuasión e infatigable vitalidad consiguieron que millones de trabajadores agrícolas disfruten de mejores condiciones laborales y salarios, más acceso a servicios sociales, mejor protección contra los pesticidas y, sobre todo, una vida digna.

Lo que propone Walker con el apoyo incondicional de los hermanos Koch es humillante. Por medio de un virtual edicto, ya que se niega a negociar con los empleados públicos, pretende convertirse en un patrón incontestable con un poder abusivo.

Chávez convirtió las uvas de la ira en el dulce sabor de la victoria en una pelea abrumadoramente desigual. Pero él, al igual que los empleados públicos de Wisconsin, aplicó un remedio ancestral: la unión hace la fuerza.

 

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El negro porvenir del carbón

Por Javier Sierra

La industria carbonera ha redefinido el significado de la palabra "barato": quédate con las ganancias y pásale tus costos a la sociedad. El dominio de este combustible del siglo 19 en la producción de energía en nuestro país se ha basado en un abundante producto fósil y, en no pagar por sus terribles consecuencias para la salud y la economía del resto de la sociedad. Las 500 plantas energéticas de combustión de carbón que existen en Estados Unidos causan daños a la salud de nuestra sociedad por valor de $62,000 millones cada año, según la Academia Nacional de Ciencias.

Otro informe de Doctores por una Sociedad Responsable indica que los contaminantes de la combustión del carbón -como partículas, hollín, smog, arsénico y mercurio- afectan a todos los órganos del cuerpo y contribuyen a las cinco peores causas de muerte en Estados Unidos. Según la Asociación Pulmonar Americana, cada año, la contaminación de estas plantas causa en el país 24,000 muertes prematuras, 21,000 hospitalizaciones y 38,000 ataques al corazón.

Y para los hispanos, las consecuencias son incluso peores. El 80% de nosotros vive en los condados con la peor calidad de aire. Según un estudio de LULAC, el 39% de los hispanos vivimos peligrosamente cerca de una planta de carbón. Y sobre todo en comunidades de origen mexicano y puertorriqueño, el asma se considera una epidemia. "No es justo para nuestra gente que tenga que sufrir las consecuencias de esta contaminación", dice Rose Gómez, voluntaria de PERRO, una asociación comunitaria del sur de Chicago que lucha contra dos viejísimas plantas de carbón.

Las instalaciones -llamadas Fisk y Crawford, propiedad de Midwest Generation- tienen más de 40 años y dicen estar exentas de modernizar sus equipos para reducir sus emisiones tóxicas. Cada año, según un estudio de la Universidad de Harvard, ambas plantas causan 42 muertes, 2,500 ataques de asma y 500 hospitalizaciones en una comunidad cuyo 70% es hispano. "Estas plantas han estado contaminándonos demasiado tiempo", dice Gómez. "Han creado demasiados problemas de salud a demasiada gente".

Pero el mayor obstáculo para acabar con esto es un funcionario local, indica Gómez. Alderman Danny Solís se ha opuesto a una ordenanza municipal que obligaría a ambas plantas a reducir sus emisiones tóxicas. Resulta que Solís ha recibido más contribuciones a su campaña de Midwest Generation que ningún otro político. "Es muy triste que un funcionario latino no apoye esta ordenanza," se lamenta Gómez.

Esta historia se ha estado repitiendo en el país durante décadas. El poder cabildero de esta industria ha impedido las reformas federales necesarias para que las carboneras paguen por los daños que inflingen a nuestras comunidades.

Pero la industria carbonera tiene los días contados. Mientras el Congreso Federal se cruza de brazos, nuestras comunidades han dicho "¡basta!" Debido a campañas como "Más Allá del Carbón" del Sierra Club, el futuro carbonero es realmente negro. Desde el otoño de 2008 no se ha comenzado a construir ninguna planta de carbón. La Agencia de Protección Medioambiental (EPA) ha suspendido todas las operaciones de deslave de montañas -un método minero extremadamente destructor. Los bancos PNC y UBS, los mayores financieros de esta devastadora forma de extracción, se han unido a varias instituciones que han limitado su apoyo.

La única defensa que les queda a las carboneras es tratar de socavar el poder de la EPA, algo que sus aliados tratarán con especial intensidad en este nuevo Congreso Federal. Pero aun así, las carboneras nadan contracorriente. Gracias a los esfuerzos reguladores de la EPA, sólo en 2010 nuestras comunidades y barrios han evitado 1.7 millones de ataques de asma y se han ahorrado $110,000 millones en gastos de salud.

Tratar los daños a la salud causados por el carbón cuesta caro, y los costos de la contaminación de carbón están encareciendo los precios de la electricidad en todo el país. La solución es invertir en fuentes de energía limpia y renovable que acaben con nuestra dependencia carbonera, mejoren la salud de nuestras comunidades y creen millones de empleos en los rubros de la economía que emplean a más hispanos. "El carbón nos enferma a todos", dice Rose. "Ya es hora de avanzar porque la tecnología limpia ya está ahí".

La imagen de que el carbón es barato está tiznada de negro, tan negro como su futuro.

 

Sierra & tierra, un fabuloso regalo de Navidad

Por Javier Sierra

Nos cuenta la tradición que Santa Claus viaja desde su hogar del Polo Norte todos los años la Noche Buena para hacer felices a los niños del mundo.

Pero hace exactamente 50 años, Santa Claus fue especialmente generoso no sólo con los niños sino con todos los habitantes de Estados Unidos. Aquel fue un regalo de Navidad histórico ya que no demasiado lejos del Polo Norte se estableció el Refugio Nacional Artico de Vida Silvestre en el norte de Alaska. Santa Claus, por supuesto, contó con la valiosa ayuda del entonces Presidente Dwight Eisenhower, quien rubricó la protección de uno de los pocos ecosistemas completos que quedan intactos en el Hemisferio Occidental.

Este hermoso regalo es el hogar de una enorme variedad de flora y fauna comparable al legendario Serengeti africano. En la tundra y costas prístinas del Refugio existen casi 200 especies de aves, formidables rebaños de caribú, además del hábitat de osos polares más generoso de Estados Unidos. A esta riqueza se unen el buey almizclado, el wolverine, el oso grizzli y varias especies de ballena.

Y vigilando todo esto, está la cultura ancestral de la Nación Gwich'in, los indígenas que durante miles de años han vivido en armonía con el medio ambiente y dependiendo de un vital rebaño de caribús.

Todo este tesoro natural, sin embargo, lleva décadas asediado por la codicia de las compañías petroleras y sus sirvientes en el Congreso Federal, quienes ambicionan perforar la tundra ártica en busca de crudo y seguir alimentando nuestra adicción petrolera nacional. "Destruir este lugar constituiría un crimen ya que la fauna quedaría en peligro de muerte", dice Brenda Lemus, una activista del Sierra Club originaria de Guatemala que se ha comprometido a luchar por los lugares especiales de nuestro país. "No hay palabras para expresar la importancia de preservar el Refugio Artico".

El cerco petrolero amenaza con intensificarse una vez que comience la nueva sesión en la Cámara de Representantes en enero. Muchos de estos representantes conservadores llegan dispuestos a convertir el Refugio en un páramo industrial en nombre de la codicia corporativa. Y todo esto por un puñado de dólares.

La Administración Federal de Información Energética predice que la producción petrolera en el Refugio reduciría el precio del crudo en 75 centavos por barril en el año 2025. Si tenemos en cuenta que el barril cuesta hoy unos $90, esa reducción sería insignificante para el consumidor. De hecho, si la OPEC decidiera reducir su producción, el ahorro quedaría totalmente eliminado.

Esta codicia desenfrenada es un ataque directo contra el sentido común y las reglas de la aritmética. Con sólo el 5% de la población mundial, Estados Unidos quema el 25% de la producción petrolera del planeta, mientras que nuestro país posee sólo el 3% de las reservas globales. Seguir perforando en este agujero llamado crisis energética en el que estamos sólo beneficia a las cuentas corrientes de las petroleras.

Mientras tanto, ya tenemos al alcance de la mano una inagotable fuente alternativa de energía: el uso sensato de nuestros recursos. Mejorando los estándares de emisiones de vehículos y los de aislamiento térmico en los edificios, podríamos ahorrarnos todo el crudo que sacaríamos del Refugio, más el que extraemos de las costas del país y que importamos del Golfo Pérsico.

No sólo preservaríamos un tesoro natural de capital importancia ecológica. También mejoraríamos exponencialmente la calidad del aire que respiramos y la seguridad nacional, al dejar de depender de los caprichos de los jerarcas y dictadores que tienen la mano en el grifo petrolero en el Golfo Pérsico.

¿Cuál es la alternativa inmediata para el Refugio?

"Es de extremada importancia que el Refugio Artico se convierta en Monumento Nacional", dice Brenda. "Así de una vez por todas, debemos acabar con esta locura de temer que el Refugio pase a ser un recuerdo más del pasado".

Convertirlo en Monumento Nacional sería el antídoto perfecto contra la codicia petrolera ya que esta joya de la naturaleza quedaría completamente excluida de cualquier tipo de explotación. Y la única persona que puede hacer esto es el Presidente Obama, quien tiene la oportunidad única de pasar a la historia como uno de los grandes líderes conservacionistas. Presidente Obama, ahórrele trabajo al ese entrañable viejo barbudo y sea nuestro Santa Claus: convierta este monumento a la grandeza natural en un Monumento Nacional.

 

El sol salió por California

Por Javier Sierra

Cierto catedrático de Harvard predijo hace años que la energía solar estaría ampliamente disponible el día que Exxon fuera el dueño del sol. Después de esta elección en la que los contaminadores y sus lacayos electorales se ven amos y señores de Washington, la predicción del catedrático más bien parece una maldición

Pero una estrella brilla con especial intensidad en estas horas difíciles. Es la estrella de la bandera de California, el estado que una vez más ha dado una lección de sentido común y visión de futuro al resto del país. Y los votantes hispanos han resultado ser cruciales en este extraordinario éxito. Lo dejo en las palabras del Los Angeles Times: "Ganándose mucho del éxito... -y distanciando al estado de la marea republicana- fue el alzamiento de los votantes latinos. Se convirtieron en el 22% del total de votantes en California, un récord que hirió de muerte a muchos republicanos".

Y una de las heridas que más duelen, sin duda, es la calamitosa derrota de la Proposición 23, el engendro de dos petroleras texanas, Valero y Tesoro, y de los hermanos Koch, dueños de Koch Industries, el árbol de dinero para las causas más tóxicas del país. Pero sus casi $10 millones de dólares para promocionar una iniciativa encaminada a acabar con la AB 32, una de las leyes de energía limpia más avanzadas del mundo, se estrellaron contra un muro de oposición bipartidista, en el único referéndum de este ciclo electoral sobre el combate contra el cambio climático.

Las petroleras sufrieron una humillante derrota de 20 puntos en la que los votantes hispanos de nuevo jugaron un papel clave. Esta victoria ha sido un respiro especialmente para nosotros. El 80% de los latinos en California y el resto del país, vivimos en los condados con la peor calidad de aire. Los combustibles fósiles mantienen un asedio contra la salud de nuestras comunidades, donde el asma y otras enfermedades respiratorias se consideran una epidemia, sobre todo entre nuestros niños.

Además, la AB 32, desde su aprobación por lo votantes de California en 2006, ha creado 500,000 trabajos, sobre todo en los sectores de la economía que emplean a más latinos.

"Apoyar la energía limpia no es sólo esencial para el medio ambiente y el bien de la economía", dice un editorial del New York Times sobre la Proposición 23. "Cuando los votantes conocen los hechos, también puede ser un ganador político".

En California, y en otros estados, los grandes perdedores políticos fueron los enemigos de los inmigrantes. Para la contienda de la gobernación de California, el demócrata Jerry Brown y la republicana Meg Whitman estaban empatados hasta que se supo que ella había despedido a su empleada indocumentada. Más tarde, Whitman dijo que su empleada debía ser deportada pese a haberla considerado durante nueve años "un miembro de la familia". Esta crueldad disparó a los latinos hacia las urnas y el 86% por ciento de ellos votó no sólo por Brown sino también por la senadora demócrata Barbara Boxer, quien derrotó a la también enemiga de los inmigrantes Carly Fiorina.

Otra gran noticia fue el también catastrófico fracaso del intento de engañar a los latinos para que no votaran.

En Nevada, la candidata ultraconservadora Sharron Angle, se estrelló contra el mismo muro de indignación: el voto hispano. En su contienda con el senador líder de la mayoría demócrata Harry Reid, Angle dejó claro su desprecio por los inmigrantes y su apoyo a la draconiana ley antiinmigrante de Arizona. La campaña de Angle y otros operativos republicanos tenía bien claro que si los votantes hispanos acudían a las urnas en gran número, sería imposible derrotar a Reid. Y para evitarlo vimos vergonzosos ejemplos de supresión de voto, como el de Robert de Posada, un experto en las peleas políticas más sucias.  Por medio de anuncios de radio y televisión, el Sr. De Posada instruyó a los votantes hispanos a que se abstuvieran como "castigo" contra el Presidente Obama por no haber establecido una reforma migratoria. Pero al Sr. de Posada le salió el tiro por la culata, porque los latinos -en Nevada- salieron a votar en masa y el 90% lo hizo por Reid, quien gracias a ello logró una aplastante victoria sobre Angle. No es de extrañar, por tanto, que el Presidente Obama haya calificado el voto hispano de "crucial".

Y en estas horas sombrías, el sol salió por California.

 

Una proposición inaceptable

Por Javier Sierra

La energía solar al rescate. El Pentágono informa que los ataques de los insurgentes afganos contra convoyes de combustible se han convertido en un peligroso punto vulnerable para el ejército norteamericano en ese país. Los altos mandos del Pentágono han reconocido que la excesiva dependencia de los combustible fósiles constituye una "gran desventaja" para sus tropas. Así, recientemente, una unidad de los Marines empezó a distribuir en una remota provincia afgana paneles solares portátiles, escudos solares que ofrecen sombra y energía, y cargadores solares para computadoras y equipos de comunicaciones. Y los planes son expandir rápidamente el uso de la energía renovable.

Sin embargo, en Estados Unidos, donde el fuego de morteros sólo nos llega a través de las noticias, no acabamos de aprender la lección. En California, poderosas corporaciones petroleras han puesto en su mirilla un programa modelo cuyo objetivo es abandonar progresivamente los combustibles fósiles y adoptar las fuentes de energía limpia y renovable. Se trata de la Proposición 23 que se someterá a votación el 2 de noviembre y que si se llega a aprobar, nosotros los latinos seríamos los más perjudicados por el aumento de la contaminación y la reducción de empleos. Recuerde, vote NO a la Proposición 23.

Con el generoso apoyo financiero y logístico de dos de las petroleras texanas más sucias del país, Valero y Tesoro (¡el nombrecito!), la Proposición 23 pretende eliminar la Ley de Aire Limpio AB 32 aprobada hace cuatro años por los californianos. La AB 32 exige que los contaminadores -Valero y Tesoro están entre los 10 peores en California- reduzcan sus emisiones tóxicas que castigan con especial intensidad a nuestros barrios. Además, la ley incentiva el avance de la tecnología de energía limpia y está creando centenares de miles de empleos en medio de la Gran Recesión. En resumidas cuentas, la AB 32 es una de las mejores recetas del mundo para acabar con nuestra adicción petrolera y carbonera, crear empleos y combatir el calentamiento global.

Aún y así, las encuestas nos dicen que la contienda está muy igualada y que dependerá en gran parte de la comunidad latina el derrotar esta absurda proposición. Esto se debe a que Valero, Tesoro y el resto de los partidarios de la Proposición 23 se han puesto la piel de cordero para engañar a nuestra gente y al resto de los votantes de California. Nos dicen que la AB 32 se suspendería sólo "hasta que la economía mejore". Pero se guardan que esta mejora tendría que incluir niveles de empleo que raramente se han alcanzado.

Recuerde que el 80% de los latinos vivimos en los condados con la peor calidad de aire, no sólo de California, sino de todo el país. Entre nosotros, el asma y otras enfermedades respiratorias causadas por la contaminación atmosférica son una epidemia, sobre todo entre nuestros niños. Cada año, en California, miles de personas mueren prematuramente y miles más son hospitalizadas debido a la contaminación. Pero Valero y Tesoro también se guardan que si triunfa su proposición, los niveles de polución aumentarán exponencialmente.

No es de extrañar, por tanto, que los grupos comunitarios latinos del estado se hayan opuesto en bloque a la proposición petrolera, incluyendo LULAC California, Instituto Laboral De La Raza, Latino Coalition for a Healthy California, Latino Voter's League, The Mexican American Political Association y William C. Velasquez Institute.

Pero no se trata sólo de nuestra salud. También está en juego la creación de cientos de miles de empleos verdes, sobre todo en los sectores de la economía que emplean a más latinos, como el de la construcción y el manufacturero. Gracias en gran parte a la Ley AB 32, en California unas 500,000 personas trabajan en el sector de la tecnología limpia y en empleos verdes. Estos incluyen la construcción e instalación de paneles solares, la instalación de turbinas de viento, la refacción de edificios para hacerlos más eficientes, la construcción de viviendas y oficinas mucho más eficaces, etc. De hecho, los empleos verdes han crecido 10 veces más rápidamente que el resto de los sectores californianos. Las más de 12,000 empresas de tecnología limpia atraen $9,000 millones en inversiones de capital, cinco veces más que el competidor más cercano, Massachussets.

No deje que las petroleras maten a la gallina de los huevos de oro. Conviértase en el héroe de este drama real. Quienes están protegiendo su salud y su prosperidad necesitan refuerzos.

El 2 de noviembre, acuda con su familia y sus amigos a votar NO a la 23. Una proposición inaceptable.

 

Los ceniceros tóxicos

Por Javier Sierra

El Sureste de Puerto Rico contiene algunos de los lugares más encantadores de esta Isla del Encanto. Sus playas, sus palmeras, su blanca arena y abundantes horas de sol, sin embargo, esconden una amenaza cierta a la salud de casi 100 mil residentes.

Se trata de centenares de miles de toneladas de cenizas de carbón que se han ido distribuyendo a lo largo y ancho de esta parte de la isla. Este subproducto de la combustión del carbón procede de una planta energética cercana propiedad de la multinacional AEF. Cada año, la planta genera unas 300 mil toneladas de cenizas, las cuales contienen metales pesados de gran toxicidad, como mercurio, plomo, bario, cadmio y otros. Y AEF empeora la situación librándose de las cenizas de la peor manera posible: prácticamente regalándosela a las comunidades vecinas. "AEF no tiene absolutamente ninguna instalación para el desecho de las cenizas", dice Ruth Santiago, asesora legal del Comité Diálogo Ambiental y otros grupos comunitarios de la isla. "Todas las cenizas las distribuyen aquí para lugares de construcción".

La corporación "vende" las cenizas tóxicas a 19 centavos la tonelada como relleno para carreteras y otras construcciones. "Es un regalo para librarse de ellas", agrega Santiago. "La corporación provee la transportación gratuita de las cenizas. Es un subterfugio para cumplir con una resolución de la Junta de Calidad Ambiental que exige que las cenizas se vendan a precio de mercado". Los 19 centavos por tonelada son mucho menos que el valor de otros materiales de relleno.

Durante una reciente audiencia ante la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), Santiago testificó que en un lugar de Puerto Rico, AEF "vertió una virtual montaña de cenizas", un acto irresponsable parecido al que ocurrió en la República Dominicana en 2003, que le costó a AEF varios millones de dólares en multas y compensaciones legales.

Pero en Puerto Rico, AEF tiene las manos libres. Y esta falta de responsabilidades la acabarán pagando las comunidades aledañas, como Arroyo, Guayama y Salinas. "En algunos lugares donde han enterrado las cenizas profundamente, han llegado por debajo del nivel freático del acuífero", advierte Santiago. "Eso quiere decir que esas cenizas ya están en contacto con el agua potable de la comunidad".

Pero incluso los residentes del área que reciben el agua de otras fuentes también están expuestos a las cenizas. "Debido a los vientos y a que las cenizas se depositan sin cubierta alguna", explica Santiago, "hay lugares en los que se levantan nubes completas que exponen a la población a estas cenizas".

Lo que está ocurriendo en el Sureste de Puerto Rico se repite centenares de veces en comunidades de todo Estados Unidos. Las 500 plantas de combustión de carbón existentes en el país generan cada año 150 millones de toneladas de cenizas. Al ser almacenados en estanques sin prácticamente ninguna protección, estos venenos llegan a fuentes de agua potable subterráneas y de superficie. Más de 100 ríos, arroyos y lagos ya han sido contaminados, y el número aumenta sin cesar.

Estudios de la Academia Nacional de Ciencias demuestran que estos almacenamientos de cenizas son tóxicos; y según la EPA, pueden aumentar los riesgos de contraer cáncer a 2 mil veces más de lo considerado aceptable. Sin embargo, pese a su gran toxicidad, las cenizas de carbón están menos reguladas que la basura de nuestros hogares. No existen regulaciones federales para estos residuos, y más de dos tercios de los estados no requieren protección alguna en los estanques y depósitos donde se almacenan, como colocar revestimientos para aislarlas de las fuentes de agua potable.

Por fortuna, la EPA ha reconocido la toxicidad de las cenizas de carbón y está celebrando audiencias públicas, incluyendo una en la que testificó Santiago, para determinar si el gobierno federal debe adoptar regulaciones para proteger a nuestras comunidades y asegurarse del correcto desecho de estos materiales tóxicos.

Como era de esperar, la industria carbonera se está oponiendo con uñas y dientes a esta propuesta de la EPA. Esta actitud es especialmente indignante si consideramos que ya hay alternativas, incluyendo en Puerto Rico, a las terribles consecuencias de nuestra adicción a los combustibles fósiles. "El Sureste de Puerto Rico es idóneo para la energía solar por la gran cantidad de horas de sol que recibe", dice Santiago. "Además, las brisas de la isla son ideales para la generación de energía de viento".

Ya basta de que la industria carbonera use a nuestras comunidades como sus ceniceros tóxicos.

 

El incesante asalto de la codicia petrolera

Por Javier Sierra

La catástrofe de BP en el Golfo de México ha debilitado uno de los ecosistemas más prolíficos del mundo. Asimismo, la audacia y la codicia que llevaron a la petrolera a perforar un pozo 50 millas mar adentro y a una milla de profundidad,  es resultado del sistemático debilitamiento de las regulaciones y salvaguardas que podrían haber evitado el desastre.

Durante décadas, la perniciosa influencia no sólo de BP sino de todas las petroleras ha socavado profundamente la única entidad que nos puede proteger de la codicia corporativa, el gobierno federal.

Cuando el público empezó a darse cuenta de que BP no tenía ni idea de cómo contener el pozo desbocado que manaba decenas de miles de barriles de crudo diarios, todos nos preguntamos, ¿por qué no hace más el gobierno federal? ¿Por qué no se adueña de BP?

De repente, después de oír durante décadas que el gobierno era el problema, todos nos volvimos hacia él en busca de soluciones. Pero el gobierno federal entró cojeando en el escenario de este drama y demostró su impotencia ante la catástrofe. El país entero no tuvo más remedio que depender de los ineptos de BP que causaron el desastre para solucionarlo.

Este debilitamiento alcanzó su punto álgido durante la administración de George Bush y Dick Cheney, dos veteranos petroleros. Y la Comisión Especial sobre Energía de Cheney se convirtió en el principal motor de este debilitamiento.

Con la participación casi exclusiva de esta industria, y tras innumerables reuniones con BP, ExxonMobil, Shell, Chevron y otras, Cheney elaboró una de las políticas energéticas más desastrosas de la historia. Su principal resultado fue la Ley de Política Energética de 2005, la cual entregó a la industria, entre otros, los siguientes regalos:

- La eliminación de regulaciones y salvaguardas, como partes de la Ley de Agua Limpia, que la industria consideró "onerosas".

- La expansión de las perforaciones en las costas del país y otras zonas protegidas, como áreas cercanas a parques nacionales y terrenos federales sensibles.

- $14,500 millones en reducciones fiscales e incentivos para una industria que ya estaba nadando en ganancias.

Pero quizá el legado más tóxico de los Petroleros de la Casa Blanca fue la corrupción en la Agencia de Gestión de Minerales (MMS), la entidad reguladora de la industria petrolera. El compadreo reinante en la MMS es legendario. En 2008, una investigación federal descubrió que los reguladores estaban literalmente en la cama con los regulados, compartiendo drogas y alcohol como parte de "una cultura de vicio y promiscuidad", en la que los empleados aceptaban regalos "con prodigiosa frecuencia". En un email a un ejecutivo de la Shell, una empleada de la MMS decía, "Eres tannnn maravilloso. Tú ya sabes lo mucho que te adoro".

El dinero tiene este asombroso poder de derribar puertas y descerrajar voluntades. Y la industria petrolera tiene tanto dinero, que se llama de otra manera, se llama poder. Entre 2001 y 2007, con la Casa Blanca y gran parte del Congreso en el bolsillo, las cinco mayores petroleras obtuvieron ganancias por un total de $556,000 millones, un aumento del 300% con respecto al 2000.

Entre 2001 y 2008, la industria petrolera y de gas invirtió cerca de $450 millones de dólares en cabildear al Congreso, y desde enero de 2009 hasta abril de este año, $215 millones, principalmente para obstaculizar la Reforma Energética que lleva 13 meses atascada en el Senado.

Las petroleras también saben cómo colocar con maestría a sus funcionarios más fieles en las posiciones claves de la burocracia federal y cómo recompensarlos. Dos ex directores y otros varios ex empleados de la MMS trabajan en esta industria. El 71% de los más de 600 cabilderos de la industria han ocupado puestos en la burocracia federal o trabajado en el Congreso.

El público, desprotegido contra los efectos de esta poderosísima relación incestuosa, tarde o temprano tenía que pagar las consecuencias. Así fue el 20 de abril, cuando la plataforma Deepwater Horizon estalló en mil pedazos, causando la muerte de 11 trabajadores y la peor calamidad ecológica en la historia del país.

Es ahora más que nunca cuando necesitamos el coraje de nuestros representantes en Washington. Ya es hora de acabar con nuestra adicción petrolera, con los escandalosos subsidios a esta industria, y de aprobar una Reforma Energética que, gracias a las fuentes de energía limpia y renovable, nos permitirá abandonar el petróleo en 20 años.

Ya es hora de acabar con este incesante asalto de la codicia petrolera.

 

Con el Petróleo al Cuello

Por Javier Sierra

Desde el 20 de abril, cuando la plataforma Deepwater Horizon estallara en llamas desatando el volcán petrolero submarino que asola hoy un ecosistema completo, hemos presenciado el desesperante espectáculo de la compañía BP dando palos de ciego.

Intento tras intento de detener este géiser tóxico ha fracasado estrepitosamente. Ahora sólo esperamos que este nuevo intento de contener el torrente realmente funcione. Y todos seguimos preguntándonos, ¿cómo es posible que esta pesadilla esté durando tanto? La explicación es bien sencilla. BP jamás tuvo un Plan B, jamás estuvo preparada para remediar esta catástrofe. Y ahora vemos que su única solución es improvisar sobre la marcha.

Primero debemos recordar los extraordinarios riesgos que asumió BP antes de comenzar a perforar. El pozo decapitado se encuentra a unas 50 millas mar adentro y a una milla de profundidad. Tratar de cortar el flujo en las presentes condiciones, algo que sólo puede hacer esta industria, es como atajar un derrame petrolero en la luna.

Durante años, el Sierra Club advirtió que las explotaciones petroleras costeras conllevaban riesgos extraordinarios que constituían una amenaza cierta para los ecosistemas marinos y las economías que dependen de ellos.

Durante todos estos años, BP y el resto de las petroleras han despreciado nuestros temores y advertencias diciendo que gracias a su tecnología y su saber hacer, no había que preocuparse.

Y desde el 20 de abril se ha desatado otro torrente, un torrente de noticias y descubrimientos que describen a una compañía obsesionada con las ganancias y negligente con las víctimas potenciales de su descabellada aventura petrolera.

Desde entonces se han develado los siguientes escándalos de BP:

- BP se negó a instalar una válvula de seguridad valorada en $500,000 en el pozo accidentado que lo hubiera sellado automáticamente en caso de accidente.

- Un técnico que trabajaba en la Deepwater Horizon confesó al programa 60 Minutes de CBS que la válvula de seguridad de inferior calidad instalada en la corona del pozo se había averiado semanas antes de la explosión y que los ejecutivos de BP lo sabían.

- BP continúa inyectado cientos de miles de galones de dispersantes en el Golfo de México pese a que se dice que ha intoxicado a varias personas, está prohibido en Gran Bretaña y el gobierno federal le ha ordenado usar otros menos tóxicos.

- BP obliga a los trabajadores de limpieza del Golfo a firmar un contrato que les prohíbe hablar con los medios. Muchos de esos trabajadores se han enfermado con síntomas de intoxicación de hidrocarburos.

Etc., etc., etc.

El otro comparsa de esta tragedia es el Servicio de Gestión de Minerales, la oficina del Departamento del Interior encargada de "regular" a la industria petrolera. Entre sus hazañas se cuentan las siguientes:

- Conceder el permiso de perforación a BP en el pozo hoy accidentado sin verificar que la válvula de seguridad funcionaba.

- Ignorar durante años informes falsificados por BP sobre el funcionamiento de válvulas de seguridad parecidas a la que colapsó bajo la Deepwater Horizon.

- Consumir drogas y alcohol, y ver pornografía durante sus horas de trabajo.

- Aceptar regalos y favores de la industria que se suponía que tenía que vigilar.

Etc., etc., etc.

¿Y todo esta debacle a cambio de qué? Estados Unidos, con un 5% de la población mundial consume el 25% de la producción petrolera del planeta. ¿Qué porcentaje procede de las costas del país? Un 0.2%  Los beneficios son insignificantes y los riesgos descomunales. ¡Ya basta! Tenemos que acabar con nuestra adicción petrolera.

El Sierra Club ha instado al Presidente Obama a declarar nuestra independencia del petróleo, empezando por establecer una moratoria de exploraciones en las costas del país.

Incluso si el torrente logra detenerse, el daño ya está hecho, y ahora debemos ayudar a las comunidades del Golfo a recuperarse de semejante catástrofe. Ya es hora de exigir transparencia a la industria petrolera y a los reguladores que deben vigilarla para que esto no vuelva a ocurrir. Ya es hora de acabar con nuestra adicción petrolera y adoptar fuentes de energía limpias y renovables.

Las dantescas imágenes de un Golfo de México en llamas e inyectado de ponzoña tienen que abrirnos los ojos a todos para darnos cuenta de que estamos con el petróleo al cuello.

 

Limpiemos el rostro de nuestra Madre Tierra

Por Javier Sierra

Qué irónico que en el mes que celebramos las maravillas de nuestra Madre Tierra, su rostro esté tiznado de petróleo y carbón.

Según escribo estos renglones, una marea negra mayor en superficie que Rhode Island amenaza las costas de Louisiana. El 20 de abril, una explosión que casi con certeza ha causado la muerte a 11 trabajadores de la plataforma petrolera Deepwater Horizon, operada por British Petroleum (BP), provocó que el pozo marítimo se desangrara a un ritmo de 42,000 galones diarios.

Si no se tapona la boca del pozo, algo extremadamente difícil porque está a una milla de profundidad, el derrame petrolero podría ser el peor desde el desastre del Exxon Valdes, el cual cubrió con un manto mortal buena parte de las costas de Alaska en 1989.

Esto no tenía que haber ocurrido. Según el Huffington Post, pese a su desolador historial de seguridad, en 2009 la industria petrolera se opuso enérgicamente a un nuevo conjunto de regulaciones federales para plataformas marítimas. Las normas se propusieron ya que entre 2001 y 2007, cerca de 1,500 incidentes causaron la muerte de 41 trabajadores y heridas a 302 en las costas del país. El Post agrega que la industria exigió "flexibilidad" para autorregularse voluntariamente de acuerdo con su "cultura corporativa".

El 5 de abril, la industria carbonera protagonizó un drama muy similar. Una explosión en la mina Upper Big Branch, propiedad de Massey Energy, en Virginia Occidental, causó la muerte de 29 trabajadores, el peor desastre minero en 40 años. Desde 2005, Massey Energy ha cometido 1,342 violaciones federales de seguridad que podrían costarle un total de $1.89 millones. Sólo en el mes de marzo, en la mina accidentada se detectaron 50 violaciones, incluyendo mala ventilación de polvo y metano, y la acumulación de materiales combustibles. La oposición de Massey Energy a las regulaciones federales son legendarias. También lo son los ataques de su Director Ejecutivo, Don Blankenship, contra quienes apoyamos la reforma energética, llamándonos a todos "locos".

La irresponsabilidad corporativa de estas industrias no deja de asombrarnos. Cinco gigantes petroleros -ExxonMobil (2a), Sunoco (3a), Koch Industries (10a), ConocoPhillips (11a) y Valero Energy (12a)- encabezan la lista de los peores contaminadores de 2009, según la Universidad de Massachussets.

Pero hay más. En este mes en el que todos hemos tenido que rendir cuentas al Servicio de Recaudación de Impuestos, la revista Forbes informó que ExxonMobil -la más rica corporación del mundo, con ganancias limpias en 2009 de $45,200 millones- no pagó ni un centavo en impuestos al gobierno federal. ¿Cómo lo hace? Estableciendo entidades corporativas en paraísos fiscales como las Bahamas o las Bermudas. De hecho, según el sitio ThinkProgress, los trucos fiscales de las corporaciones del país nos cuestan al resto de los contribuyentes unos $100,000 millones anuales.

¿Debemos seguir perforando el agujero de adicción petrolera y carbonera en el que estamos metidos? Los votantes hispanos responden con un rotundo "no". Una encuesta patrocinada por la Coalición Nacional Latina sobre Cambio Climático (NLCCC) reveló un abrumador apoyo por el cambio hacia una nueva política de energía limpia y renovable, a la vez que confirmó una vez más que los hispanos consideran el calentamiento global un problema serio. El estudio -realizado en tres estados claves para las próximas elecciones parlamentarias de noviembre, Colorado, Florida y Nevada- develó que más de tres cuartas partes de los votantes hispanos opinan que el Congreso debe actuar ya para aprobar la reforma energética del país. Los encuestados también favorecen abrumadoramente a candidatos que apoyen la reforma energética en el Congreso (80% en Florida, 67% en Nevada y 50% en Colorado). La gran mayoría de los votantes también identifica la reforma energética con la creación de empleos (72% en Nevada, 66% en Florida y 54% en Colorado).

Y mientras los sondeos del público en general indican un descenso en la creencia de que el calentamiento global es una amenaza, la encuesta de la NLCCC nos dice que para la inmensa mayoría de los hispanos lo es (76% en Florida, 74% en Nevada y 64% en Colorado). Asimismo, por mayorías abrumadoras, los votantes dijeron estar dispuestos a hacer sacrificios para combatir el calentamiento global (91% en Florida y Nevada, y 83% en Colorado).

Es una extraordinaria lección de civismo y patriotismo que los hispanos, uno de los grupos más desaventajados del país, estén dispuestos a sacrificarse por el bien común. Es también un gran gesto simbólico para limpiar la cara de nuestra Madre Tierra.

 

Viva la vida verde

Por Javier Sierra

No, este no es el título de un nuevo éxito musical. Es simplemente un nuevo estilo de vida que está transformando a nuestra comunidad. Y lo está haciendo gracias a pioneros como Juan Parras, Chris Vélez y Alberto González, cuyos extraordinarios ejemplos se sienten como un baño de optimismo para el espíritu. Los tres ejemplos son parte del libro "Hispanics Living Green," una colección de biografías de 14 hispanos cuyas vidas están centradas en buscar un equilibrio con la naturaleza y en el respeto a nuestro planeta. El libro está disponible aquí: http://aasbea.com/portal/index.php/category/books/hispanics-living-green/ .

Juan Parras, un veterano activista de Houston, trabaja en las trincheras, en la línea de fuego de la lucha contra las injusticias medioambientales. Su campo de batalla es Manchester, el barrio más contaminado de Houston, la ciudad más contaminada del país. "Las injusticias medioambientales tienen que ver con la sobrecarga de contaminación de nuestras comunidades", dice Juan, cuya organización T.E.J.A.S., enseña al público los peligros de la degradación medioambiental. "Demasiadas comunidades asumen que sus condiciones medioambientales son una manera de vivir y que nada puede cambiarlas". Este estilo de vida puede ser letal. Según la Asociación Pulmonar Americana, correr en Houston equivale a fumarse un paquete de cigarrillos al día. A lo largo del Canal Naviero, donde se encuentra Manchester, las condiciones empeoran exponencialmente. Allá, decenas de plantas petroquímicas envenenan el aire emitiendo toneladas de algunos de los peores carcinógenos que se conocen. "A nosotros, la gente de color, nos tratan como basurales", dice Juan, recordando que el 66% de los latinos vivimos peligrosamente cerca de un lugar tóxico. "Lo que debemos hacer es concentrarnos en educar a nuestra gente sobre las injusticias medioambientales" que sufren y cómo defenderse contra ellas. "Un medio ambiente limpio es un derecho humano. Todos tenemos derecho a respirar aire limpio," proclama Juan.

Chris Vélez, por su parte, cree que todos tenemos también derecho a una tierra limpia que cultivar. Como dueño de una granja biodinámica en Auberry, California, en la que no se usan pesticidas ni otros productos químicos, Chris considera su propiedad "un gran organismo saludable" resultado de "prácticas agrícolas saludables". Sus métodos se basan en un estricto respeto por la tierra y los organismos que viven en ella y considera su granja, llamada Stella Luna, una parte de la comunidad que les rodea. "Lo que tratamos de hacer es restaurar la cultura en la palabra agricultura", dice, crear una "fertilidad saludable". Esto, agrega, es lo que les diferencia de la agricultura industrial. Chris mantiene una simbiosis con las comunidades que le rodean, ya que sus productos se venden en los supermercados locales. "Es mucho más barato y más fresco comprar productos locales", insiste y recomienda a los consumidores que apoyen a las granjas cercanas y que pidan a los gerentes de los supermercados que compren productos de esas granjas. Chris resume su filosofía en el siguiente círculo virtuoso: "La gente saludable forma comunidades saludables que mantienen saludable a nuestro planeta".

Granjeros como Chris son los únicos abastecedores de Alberto González, dueño de GustOrganics, el primer restaurante orgánico certificado por el Departamento de Agricultura en Nueva York. "El sistema alimentario de nuestro país es un monstruo que hemos creado apoyando durante demasiados años la comida barata y con ello hemos eliminado las buenas prácticas agrícolas", dice Alberto, cuyo lema es "Cambiando el mundo comida a comida". Todos los ingredientes que se sirven en su restaurante, incluyendo el bar, carecen absolutamente de productos químicos, antibióticos sintéticos y hormonas, lo que se traduce en un menú que Alberto llama "puro amor". "Los productos orgánicos saben mejor y son mucho más saludables", insiste, "no sólo porque tienen más nutrientes y antioxidantes, sino porque no contienen los productos químicos y artificiales que están matando a nuestra gente". Alberto se lamenta del menú insípido al que está acostumbrada la inmensa mayoría de los norteamericanos. "El problema en nuestro país es que perdimos el gusto de la buena comida hace mucho tiempo, por eso agregamos más y más especies y productos artificiales para que sepa a algo, y esto gradualmente nos ha arruinado el paladar", dice.

La filosofía empresarial de Alberto rechaza las ganancias como objetivo principal e insiste que su prioridad es ofrecer buena comida al público sin dañar el medio ambiente. "Mi propuesta es una triple ganadora", dice, "porque es buena para ti, buena para la comunidad y buena para el planeta". Obviamente, una receta de muy buen gusto. Que viva la vida verde.

 

Poderoso caballero es Don Dinero

Por Javier Sierra

Poderoso caballero es Don Dinero y la Corte Suprema de Justicia lo acaba de hacer aún más poderoso. De un plumazo, la corte más conservadora en 100 años sacudió los cimientos de la democracia permitiendo a las corporaciones gastar tanto dinero como gusten para apoyar u oponerse a un determinado candidato electoral. En otras palabras, los cinco magistrados conservadores prácticamente legalizaron el soborno de políticos electos, argumentando que el dinero es una forma de expresión protegida por todos los derechos de la Primera Enmienda.

La decisión abre las puertas de par en par a un cáncer que ya lleva décadas corroyendo la fibra democrática de nuestra nación: el legislar a golpe de chequera. El que más dinero y cabilderos tenga, más poder acumula. Le ofrezco el síntoma más reciente de este cáncer. Una nueva enmienda presentada en el Senado arrebataría a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) su poder de regular los gases de calentamiento global. La administración Obama, obedeciendo una decisión de la Corte Suprema y guiándose por estudios científicos, determinó en diciembre que los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, constituyen una amenaza contra la salud pública y que deben ser regulados. Pero ahora, las industrias petrolera y carbonera quiere arrebatarnos a todos el poder de regular a los contaminadores.

A los hispanos, esta decisión nos afectaría prácticamente más que a ninguna otra comunidad. Según un estudio de LULAC, el 80% de los hispanos vivimos peligrosamente cerca de una planta de combustión de carbón. Asimismo, el 80% de nosotros vivimos en los condados del país con la peor calidad de aire. No es de extrañar que entre los méxico-americanos y los puertorriqueños, es decir, dos terceras partes de la comunidad hispana, el asma se considere una epidemia, especialmente entre nuestros niños.

Los emisores de los gases de cambio climático no sólo están calentando el planeta de manera alarmante, también están envenenando a nuestras comunidades. Las 500 plantas de combustión de carbón que existen en Estados Unidos causan anualmente 21,000 hospitalizaciones, 38,000 ataques al corazón y 24,000 muertes innecesarias.

Pero donde hay humo (o smog) hay fuego. El Washington Post informó que dos cabilderos que representan a varios miembros de la industria energética, especialmente el sector eléctrico, ayudaron a redactar la enmienda que debilitaría la autoridad de la EPA. Entre los clientes de Jeffrey R. Holmstead y Roger R. Martella -dos ex funcionarios de la EPA de la administración Bush- están Southern Co., Duke Energy y Progress Energy.

Pero hay más. Según documentos del Senado, seis compañías contaminadoras gastaron un total de $142 millones en cabildeo directo en 2009. Estas mismas compañías, incluyendo ExxonMobil, British Petroleum y Chevron, también gastaron millones más en cabildeo indirecto y en propaganda para influenciar a funcionarios públicos. Estos contaminadores están obstaculizando las importantes regulaciones que protegerían a nuestras comunidades contra el calentamiento global y la contaminación, como el smog.

Y hablando de smog, la EPA ha propuesto estándares nacionales de esta peligrosa forma de ozono mucho más exigentes. Obedeciendo las recomendaciones de sus científicos, la agencia quiere reducir los niveles de smog de 75 a entre 60 y 70 partes por mil millones. El smog, una de las formas de contaminación más tóxicas, proviene de las plantas de combustión de carbón, refinerías y vehículos. Incluso a bajos niveles puede causar una variedad de enfermedades, incluyendo asma, daños permanentes en los pulmones y muerte prematura. Los científicos comparan la exposición al smog con quemaduras de sol en los pulmones.

No es de extrañar entonces que el público norteamericano esté abrumadoramente a favor de que la administración Obama reduzca las emisiones tóxicas y de calentamiento global. Una encuesta nacional patrocinada por la campaña La Energía Limpia Funciona, reveló que el 59% de los norteamericanos está de acuerdo en que la EPA debe regular a los contaminadores de carbono. Además, el estudió develó que el 58% apoya un proyecto de ley energético similar al aprobado por la Cámara de Representantes en junio y que desde entonces lleva estancado en el Senado debido a la oposición del Partido Republicano.

¿Cómo es posible entonces que esta minoría haya tenido tanto éxito en bloquear el progreso hacia una economía de energía limpia y renovable que genere millones de nuevos empleos, hacia nuestra independencia energética y el fin de nuestra adicción petrolera, y hacia un aire más limpio que no envenene a nuestras comunidades? Poderoso caballero es don Dinero.

 

Trucos sucios al carbón

Por Javier Sierra

La vieja industria energética, especialmente la carbonera y la petrolera, son expertos cocineros de algunas de las campañas políticas más sucias de la escena política de Estados Unidos.

Las negras huellas dactilares de estos chefs del engaño político están marcadas por todos lados en esta ciudad de mármol blanco llamada Washington, DC. Y su creación más reciente de tacos de mentiras nos la han servido al carbón, envuelta en tortillas de cinismo y desvergüenza.

Se trata de un escándalo que lleva ya un par de meses asombrando incluso a los observadores más resabiados de la capital, una campaña de mentiras y engaños diseñados para descarrilar el proyecto de reforma energética que se debate en el Congreso.

La cocina de la que provino fue Bonner & Associates, una firma de relaciones públicas dispuesta a jugar tan sucio como sus clientes, en este caso la industria carbonera, se lo pidan. De allí salieron al menos 13 cartas destinadas a miembros de la Cámara de Representantes en las que grupos cívicos se oponían a la nueva ley energética.

Una de las cartas provino de la organización comunitaria Creciendo Juntos, de Charlottesville, VA, de una tal Marisse K. Acevedo. Pero la carta, el nombre y el título eran todos falsos. Un empleado de Bonner & Associates se inventó todo el cuento para influenciar al Rep. Tom Perriello (D-VA).

El grupo carbonero que contrató a Bonner & Associates eventualmente se desmarcó de las cartas falsas diciendo que no tenía nada que ver con ellas. Pero el daño estaba hecho.

Al menos dos representantes más recibieron cartas fraudulentas de este empleado antes que la Cámara Baja votara, y aprobara por los pelos, el proyecto de ley energético. El escándalo provocó que una comisión del Congreso investigara el asunto. Hasta el momento se han identificado 45 cartas similares a las de Bonner & Associates, una firma que instruye a sus empleados a mentir para lograr sus propósitos y los incentiva para producir la mayor cantidad de cartas de este tipo.

Pero el escándalo que más nos duele a los hispanos no es sólo el uso fraudulento de una organización de base dedicada a beneficiar a la comunidad; es una industria carbonera que envenena el aire que respiramos y el pescado que consumimos.

Las plantas energéticas de combustión de carbón producen el 40% de los gases de calentamiento global en nuestro país. Sus emisiones tóxicas causan anualmente 21000 hospitalizaciones, 38000 ataques al corazón y 24000 muertes innecesarias.

Según la Asociación Pulmonar Americana (ALA), el 80% de los latinos vivimos en condados que han violado los estándares federales de contaminación atmosférica.

ALA indica que un niño hispano tiene cerca de tres veces más probabilidades de contraer asma que un niño no hispano. El asma -una enfermedad agravada por las emisiones de carbón- se considera una epidemia en las comunidades de origen mexicano y puertorriqueño, casi dos tercios de la población hispana.

Según un estudio de LULAC, el 39% de los latinos vivimos a menos de 30 millas de una planta de carbón, el radio donde el hollín y otros contaminantes causan más daño.

Las plantas de carbón son también las mayores fuentes de mercurio, una toxina que causa daños cerebrales y hasta retardo mental. El mercurio se precipita a ríos y lagos por medio de la lluvia. Allí se convierte en su forma más tóxica, el metil-mercurio, el cual es absorbido por los peces, y los seres humanos lo ingieren al comer pescado.

Según el estudio de LULAC, las emisiones de mercurio nos impactan desproporcionadamente ya que en Estados Unidos hay 1.3 millones de pescadores de caña hispanos, quienes consumen lo que pescan con mucha más frecuencia que sus contrapartes anglos.

Pero el carbón no es el único cocinero de esta campaña mugrienta.

La industria petrolera sabe que la nueva ley energética sería el principio del fin de su virtual monopolio sobre el combustible del que depende nuestro sistema de transporte. Y ya ha lanzado una campaña nacional de desprestigio contra el proyecto energético comparable con la patrocinada por la industria de seguros médicos contra la reforma de ese sector.

Los carboneros y petroleros quieren taparnos los oídos para que no escuchemos las abrumadoras ventajas del proyecto energético, sobre todo para los hispanos. La iniciativa de energía limpia mejoraría el aire que respiramos, combatiría el calentamiento global, crearía millones de nuevos empleos y reforzaría nuestra seguridad nacional rompiendo nuestra adicción petrolera.

Ellos saben que si escuchamos, sus trucos sucios al carbón se les van a atragantar.

 

La Fe mueve montañas

Mariana Chew-Sánchez ha sido el blanco de un bombardeo tóxico que ha durado prácticamente toda su vida. Cuando era muy niña, desde Ciudad Juárez, México, miraba con una mezcla de amargura e impotencia esa nube de humo negro amarillento que día y noche cabalgaba de la chimenea de la fundición de plomo ASARCO en El Paso, Texas, hasta los pulmones de toda su comunidad. "Nunca se me olvidará el mal olor, el humo, el sabor metálico en la boca", recuerda Mariana. "Yo padecía tremendamente de los ojos, siempre los traía irritados".

Por Javier Sierra

Mariana, al igual que cientos de miles de vecinos suyos, arrastra las secuelas de este bombardeo, que según ella le ha causado una grave condición gastrointestinal de la cual se ha tenido que operar ocho veces.

Pero las cicatrices son la armadura de Mariana, una organizadora del Sierra Club en Texas. Y en la batalla por clausurar para siempre la fundición de ASARCO, pocos soldados han podido igualar su heroísmo, su fe y su coraje.

"ASARCO ha sido un tema latente, vivo, tangible, cercano, muy cercano durante toda mi vida", dice. "Era la representación del poder absoluto".

Durante más de un siglo, desde 1887 a 1999, la instalación emitió cientos de miles de toneladas de plomo, arsénico y cadmio -sustancias altamente tóxicas- a la atmósfera y a las comunidades que vivían a su sombra: El Paso, Ciudad Juárez y Sunland Park y Anapra, Nuevo México. De hecho, ASARCO tiene problemas de contaminación en 40 instalaciones en todo Estados Unidos.

Una investigación realizada en 1971 descubrió que en un año la fundición emitía 1,012 toneladas de plomo, 508 toneladas de zinc, 11 toneladas de cadmio y una tonelada de arsénico. Aun así siguió operando. Cientos de niños entre las edades de dos y seis años que viven cerca tienen niveles de plomo en la sangre tan elevados que necesitan inmediata intervención médica.

El plomo es una toxina de enorme potencia. Los niños -debido a su tendencia natural a llevarse objetos a la boca- son los más expuestos y vulnerables a sus devastadores efectos, incluyendo irreparables daños cerebrales, retraso mental y comportamiento agresivo.

Consciente de los terribles daños causados por la fundición, para Mariana, ya residente en Estados Unidos, la batalla se convirtió en una cuestión personal cuando se enteró en 2002 que ASARCO solicitó un permiso para reabrir la instalación.

"Mi mamá me enseñó que las cuestiones de justicia social están íntimamente relacionadas con las cuestiones de justicia medioambiental", dice. "Y así entré de nuevo en la pelea".

Y la pelea iba a ser durísima. ASARCO puso en marcha su poderosa red de apoyo, sobre todo a sus aliados en los gobiernos locales y estatales. Pero esto no amilanó la enorme fe en el triunfo de Mariana y del resto de los activistas que lucharon contra esta injusticia.

Ella comenzó trabajando desde el lado mexicano, al comprender que era un problema binacional, que la contaminación no necesita visado para cruzar la frontera. En enero de 2005, empezó a trabajar en el Sierra Club como organizadora comunitaria, cultivando sus contactos en las burocracias mexicanas, y preparando su ofensiva para que el país entero rechazara la reapertura de la fundición.

En su trabajo de cabildeo usó con frecuencia el arma más poderosa de su arsenal: una investigación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) que sugirió que durante su última década en funcionamiento, la instalación de ASARCO incineró ilegal e impunemente 50,000 toneladas de desechos peligrosos.

Tras años de perseverancia, Mariana consiguió que Ciudad Juárez, el estado de Chihuahua y el Congreso mexicano rechazaran el permiso de reapertura, una victoria épica, si consideramos la complejidad de las burocracias mexicanas.

Además Mariana tuvo que sufrir el acoso de los aliados de ASARCO, como notas amenazadoras en el parabrisas de su carro, detenciones ilegales de varias horas en el paso fronterizo para amedrentarla, y lo que más le dolió, el acoso contra su hija Ximena.

"Ella presentó un trabajo científico en la escuela sobre ASARCO. A la superintendente no le gustó y la acusó injustamente de plagio. Tanto la acosaron que tuve que llevarla a otra escuela", recuerda.

Pero mereció la pena. Tras siete años de batallar, el activismo de Mariana, de varios grupos medioambientales y de cientos de voluntarios lograron que el 11 de febrero ASARCO finalmente retirara su solicitud de reapertura.

"Fue una alegría inmensa", dice. "He arriesgado mi libertad y mi vida para luchar contra esta injusticia. Pero estos tipos corruptos no sabían con quién estaban tratando".

La fe mueve montañas, y tumba chimeneas.

 

Algo apesta en La Gloria

En el reparto de las prometidas bendiciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) en México, al poblado de La Gloria le tocó el infierno. A esa población del estado de Veracruz le cayó encima el hediondo regalo de la multinacional estadounidense Smithfield Farms, la cual se aprovechó de las terribles taras del TLC para establecer allá un criadero industrial de puercos llamado Granjas Carroll.

Por Javier Sierra

La instalación -más bien deberíamos llamarla cámara de los horrores- cada año procesa la carne de unos 800,000 puercos, los cuales producen cientos de miles de toneladas de masa fecal, el equivalente a la generada por una ciudad de tamaño medio. Estos residuos, sin ningún tipo de tratamiento, van a parar a varias fétidas lagunas a cielo abierto, cubiertas de nubes de moscas, que someten a un continuo asedio la salud y el bienestar de los residentes. El mes pasado, este asedio se hizo insostenible.

El 5 de abril, el diario mexicano La Jornada, citando a funcionarios municipales, informó que la contaminación de las lagunas fecales de Granjas Carroll "generó una epidemia de infecciones respiratorias en el poblado de La Gloria". "Ya son 400 las personas atendidas", agregó el diario. "Sin embargo, gripas, neumonías y bronconeumonías afectan a 60% de los 3,000 habitantes de La Gloria".

CNN ha identificado a Edgar Hernández, un niño de cinco años residente de La Gloria que sobrevivió a la enfermedad, como el "paciente cero" de la pandemia de gripe porcina que ya afecta a 46 países. Aun así, todavía no hay evidencias claras de que la gripe porcina provenga exactamente de las Granjas Carroll. Pero lo que sí está claro es que estas tenebrosas instalaciones han sido una amenaza cierta a la salud pública desde que empezaron a funcionar hace más de dos décadas.

Las lagunas fecales que caracterizan a estas instalaciones están cargadas de sustancias de gran toxicidad, como nitritos, amoniaco y compuestos sulfurosos, que contaminan el aire, el agua y la tierra. En un estudio realizado en varias comunidades de Carolina del Norte, los residentes que vivían cerca de un criadero de 6,000 puercos sufrieron dolores de cabeza, irritación nasal, dolor de garganta, tos, diarrea y escozor de ojos. En otro del Departamento de Siquiatría de la Duke University, personas que vivían en un radio de dos millas de otro criadero industrial experimentaron altos niveles de tensión, depresión, enojo y fatiga.

En otra comunidad de Carolina del Norte, el hedor procedente de un criadero cercano era tan intenso, que la pintura se desprendió de las fachadas de las casas.

La lista es interminable, y a nadie le debe extrañar porque esta industria, una de las más sucias del país, genera 130 millones de toneladas de estiércol y orín al año, que en demasiados casos acaban en los ríos y costas del país causando terribles daños ecológicos.

Uno de los casos más escandalosos ocurrió en 1997, cuando la Agencia de Protección Medioambiental impuso a Smithfield Farms una multa de $12.5 millones por haber vertido desechos de matadero sin tratar al río Pagan, parte de la cuenca de la Bahía de Chesapeake.

Pero hay una tercera víctima de estos criaderos industriales: sus trabajadores. El 65% de esta fuerza laboral es hispano, y en la mayoría de los casos, indocumentados dispuestos a trabajar en lo que sea, incluso en estos lugares despreciados por los trabajadores norteamericanos. Esta industria, la cual genera más accidentes laborales que cualquier otra en Estados Unidos, con frecuencia trata a sus empleados incluso peor que a los animales. "Es fácil encontrar reemplazos, y si te lastimas, te despiden", dice Francisco Risso, director del Centro de Trabajadores, un grupo que asiste a los inmigrantes de la industria cárnica en Morgantown, Carolina del Norte. “Y ya que la mayoría son indocumentados, son incluso más vulnerables a los abusos laborales”.

Rossi insiste en que para mejorar las condiciones laborales de esta industria, es esencial que el Congreso apruebe la Ley de Libre Elección Laboral, para que los trabajadores puedan unirse a un sindicato libremente y así tener fuerza a la hora de negociar con los patronos.

Mientras tanto, la gloria de estos trabajadores está tan lejos como el poblado de Veracruz.

 

Una lección tóxica

Al acercarse a cualquiera de las cuatro plantas petroquímicas que rodean la Escuela Secundaria César Chávez, se hace cada vez más claro el tintineo. Y al llegar a cualquiera de ellas, nos damos cuenta que el concierto de campanillas proviene de los cientos de etiquetas de aluminio adjuntas al laberinto de tuberías que forman las instalaciones. Pero ésta música es lúgubre porque cada etiqueta marca un escape de alguna de las sustancias más tóxicas que se conocen. Además, cuanto más nos aproximamos a las plantas petroquímicas, más insoportable se hace el hedor a huevos podridos causado por las emisiones.

Por Javier Sierra

La escuela se encuentra en el barrio de Manchester, el más contaminado de Houston, la ciudad más contaminada de Estados Unidos. Cada año las diez plantas petroquímicas situadas en o cerca de Manchester emiten 1.9 millones de libras de contaminantes atmosféricos, más que en ningún otro lugar de Estados Unidos. Según un informe del Houston Chronicle, allá los niveles de tres reconocidas sustancias cancerígenas -1,3 butadin, benceno y cloroformo- sobrepasan con mucho los niveles máximos permitidos por el gobierno federal.

En la “Capital Mundial de las Fresas”, Watsonville, en la Costa Central de California, existe una escuela elemental predominantemente latina en el fondo de una hondonada prácticamente rodeada de campos de cultivo. Esos campos han fumigado con algunos de los pesticidas más tóxicos que se conocen, como el bromuro metílico, un conocido causante del cáncer. ¿Cómo se llama la escuela? Salsipuedes Elementary School.

Estas y muchas otras escuelas predominantemente latinas del país tienen mucho en común, todas se encuentran en lugares peligrosamente tóxicos que comprometen la salud física y mental de sus estudiantes. Según un estudio del Centro para la Salud, el Medioambiente y la Justicia, en los estados de Massachussets, Michigan, Nueva Jersey y Nueva Cork, hay medio millón de estudiantes en escuelas que están a sólo media milla de basurales tóxicos. Otro estudio en Texas develó que 200,000 estudiantes asisten a escuelas situadas a menos de dos millas de una planta química.

En nuestro país, una escuela puede construirse en cualquier lugar tóxico abandonado, y sólo siete estados prohíben la edificación de centros escolares en lugares tóxicos activos. En otras palabras, hasta hace unas semanas nuestro país parecía no tener remordimiento alguno de mandar a su más valioso recurso, sus niños, a estudiar junto a los desechos tóxicos de nuestra sociedad.

Y digo unas semanas porque fue el 31 de marzo cuando la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), rompiendo con ocho años de total apatía por parte de la administración Bush, finalmente anunció que estudiaría 62 escuelas de 22 estados para medir la toxicidad del aire que respiran sus estudiantes. “Como madre, comprendo que los padres de familia se merecen recibir esta información tan pronto como sea posible”, dijo la Administradora de la EPA, Lisa Jackson, prometiendo que una vez que se sepan los resultados “se actuará de inmediato para proteger a nuestros hijos y sus escuelas”.

La decisión de la EPA se basó en un informe del diario USA Today publicado en diciembre, el cual develó que el aire que se respiraba en 435 escuelas de todo el país pareció ser más tóxico que el de una escuela de Ohio que se clausuró en 2005 debido a la inaceptable calidad del aire.

En más de la mitad de las escuelas investigadas, los estudiantes están en peligro de contraer cáncer y enfermedades respiratorias debido a la existencia de compuestos tóxicos. En siete de esas escuelas, se detectaron niveles muy superiores a lo que el gobierno federal considera seguro de metales pesados como el manganeso y el cromo, y sustancias cancerígenas como el benceno y el naftaleno.

“No basta con insistir en una mejor educación”, dice Juan Parras, un activista texano que lleva años tratando de relocalizar la escuela César Chávez de Houston. “Tenemos que dejar fuera de la ecuación escolar los venenos a los que están expuestos nuestros hijos”.

Y lo menos que todos les debemos en este mes en el que celebramos el Día de la Tierra, es aprender esta lección tóxica.

 

Una industria borracha de ganancias

El Capitán Joseph Hazelwood había tomado unas cuantas copas de más y se retiró a su camarote, dejando a su poco experimentado y agotado contramaestre, Gregory Cousins, al mando de la enorme nave. El Exxon Valdez, cargado con 53 millones de galones de crudo, debía evitar los icebergs que obstaculizaban de la ruta habitual de salida del la Ensenada Prince William, en Alaska. Después de varias maniobras y creyendo que el peligro quedaba atrás, Causins decidió conectar el piloto automático, y a las 12:04 am del 24 de marzo de 1989, el colosal tanquero encalló contra el Arrecife Bligh.

Por Javier Sierra 

El Exxon Valdez empezó a desangrarse por el enorme boquete del que surtirían 11 millones de galones de petróleo. La indecisión de Exxon —la compañía propietaria de la nave— y lo remoto de la zona contribuyeron a agravar lo que se convertiría en una pesadilla medioambiental y económica que todavía perdura.

El terrible derrame cubrió con un manto mortal 1,300 millas de una de las costas más prístinas y fecundas del Hemisferio Occidental, causando la ruina de la floreciente industria pesquera, además de la muerte de hasta 500,000 aves marinas, miles de millones de huevas de pescado y centenares de otros animales mayores, como orcas, focas, nutrias y águilas calvas.

La consiguiente investigación federal concluyó que Exxon y sus empleados cometieron una larga lista de errores que desembocaron en la catástrofe, incluyendo la falta de supervisón de un capitán ebrio, y las excesivas horas de trabajo y el agotamiento de otros oficiales. También se culpó a Exxon por su lamentable falta de reacción ante semejante desastre.

En este 20 aniversario de la peor catástrofe ecológica en la historia de Estados Unidos, ExxonMobil parece haber pasado la página hace casi dos décadas. Pero los residentes de las costas de Alaska, especialmente los pescadores, aún viven esta pesadilla. Según el gobierno federal bajo la superficie de las playas de la zona todavía quedan 26,600 galones de crudo. No es de extrañar, por tanto, que la pesca en Prince William nunca haya recuperado su pasado esplendor. El arenque, por ejemplo, el cual es la base de esta pirámide alimenticia, nunca recobró sus números.

ExxonMobil, por el contrario, se ha convertido en la corporación más rica del mundo. El año pasado, en medio de una recesión, la compañía obtuvo unos asombrosos $45,000 millones en ganancias. Cada minuto de cada día del año 2008, la petrolera ganó más de $75,000. Recordemos que el salario promedio en nuestro país es de poco más de $40,000 al año. Aún así, ExxonMobil sigue negándose a pagar a los 30,000 pescadores de Prince Williams los $5,000 millones que una corte dictaminó que les debía para compensar por los terribles daños económicos que causó el derrame. Mientras tanto, 6,000 de los pescadores han envejecido y muerto sin ver un solo centavo de la compensación que se merecían.

ExxonMobil, asimismo, actúa como si el desastre del Exxon Valdez fue un caso aislado y que no debemos preocuparnos de que se repita el desastre. El Servicio de Gestión de Minerales, sin embargo, informa que las explotaciones petroleras en las costas del país derraman casi 300,000 galones de crudo en el océano. Solo los huracanes Katrina y Rita derramaron unos 9 millones de galones de crudo.

Estas son abrumadoras razones para buscar otras opciones a los combustibles fósiles, a la energía del siglo 19. Sin embargo, ExxonMobil y el resto de la industria petrolera y de gas quieren que continúe la borrachera sin pensar en la inevitable cruda.

El año pasado, esta industria aumentó en un astronómico 64% sus gastos de cabildeo en Washington, de $82 millones en 2007 a $128.6 en 2008. Por supuesto, la que más invirtió en influenciar a los políticos federales fue ExxonMobil, con $29 millones.

Los observadores consideran que este espectacular aumento en los gastos de cabildeo es un síntoma de pánico en una industria que ya no tiene a su mejor aliado en la Casa Blanca, sino a un nuevo Presidente, Barack Obama, empeñado en buscar y establecer fuentes de energía limpia y renovable. También se ha dado cuenta que el Presidente Obama está convencido de que debemos tomar medidas urgentes y efectivas para combatir el calentamiento global.

Veinte años después del desastre del Exxon Valdez, esta industria, borracha de ganancias, quizá también esté a punto de encallar contra un arrecife llamado soberbia y tenga los días contados.

 

Una medicina llamada esperanza

“Ojalá vivas en tiempos interesantes”, dice la maldición china. Y estos tiempos nuestros se pueden llamar cualquier cosa menos aburridos. La peor crisis económica en 80 años, el derretimiento de los mercados financieros y una recesión que asola los mercados laborales de todo el mundo nos han metido el miedo en el cuerpo.

Por Javier Sierra

Contra esa enfermedad llamada miedo, no obstante, existe un antídoto. Se llama esperanza, y en su Discurso al Congreso el Presidente Obama nos dio a todos una enorme dosis de esta medicina.

El mandatario caminó con determinación y confianza sobre una cuerda floja, elevar el espíritu de una nación desmoralizada al tiempo que explicar la verdadera magnitud de nuestra crisis. “Somos una nación que ha visto las promesas en medio del peligro, y que ha sabido extraer oportunidades de las crisis,” dijo el Presidente Obama. “Ahora tenemos que ser esa nación de nuevo”.

Y para salir de éste agujero, delineó un detallado plan sustentado por tres pilares, incluyendo, por primera vez, una clara política de energía limpia y renovable que conduzca a Estados Unidos de nuevo al liderazgo mundial. “Gracias a nuestro plan de recuperación económica, vamos a duplicar el suministro de energía renovable en los próximos tres años”, declaró el Presidente. “Hemos hecho también la mayor inversión en investigaciones básicas en la historia de nuestro país, una inversión que generará nuevos descubrimientos no sólo en energía, sino también en medicina, ciencia y tecnología”.

La comunidad hispana será una importante beneficiaria de estas inversiones. De los $25000 millones destinados a la eficacia energética, más de la mitad serán para hacer más eficientes un millón de hogares de familias de bajos ingresos. Otros $20000 millones serán destinados a fomentar la energía procedente del sol, el viento y otras fuentes renovables. Estas iniciativas ayudarán a crear millones de empleos en industrias de las que dependen los ingresos de una gran parte de los trabajadores latinos del país.

Pero el mandatario insistió en que para “transformar nuestra economía, proteger nuestra seguridad y salvar al planeta de la devastación del cambio climático”, la energía renovable tiene que ser rentable. Y para ello pidió al Congreso que le envíe legislación que ponga precio a las emisiones que causan el calentamiento global. Es decir, los contaminadores ya no podrán ensuciar nuestro aire impunemente, tendrán que buscar otras alternativas, lo cual desatará un torrente de inversiones en energías limpias y renovables de caracteres históricos.

Estos son importantes pasos para que se cumplan dos de mis cuatro deseos al “Otro Santa Claus” que expresé en mi reciente columna: la reducción de los niveles de dióxido de carbono, el principal causante del calentamiento global; y un cambio hacia las fuentes de energía limpia y renovable. Barack Obama ha cumplido plenamente otro de mis deseos. En enero, ordenó a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) revisar la concesión de una excepción de las leyes que regulan las emisiones de los carros para el estado de California que reducirán sus emisiones de calentamiento global en un 30% para el 2016. Casi veinte estados desean seguir el ejemplo de California. Esto significa que cuando la EPA otorgue la excepción, algo que se da por seguro, más de la mitad del país -donde vive el 80% de los latinos- dará un gigantesco paso en el combate contra la adicción petrolera y el cambio climático.

Para el movimiento medioambiental, el primer mes y medio de la presidencia de Barack Obama ha significado mucho más que una carta a Santa Claus. El New York Times lo califica de “asombroso golpe de timón”. En concreto, el diario se refiere a la labor de la nueva administradora de la EPA, Lisa Jackson, quien además de someter a revisión la excepción de California, ha anulado o revisado tres directrices de la administración Bush diseñadas para retrasar el combate contra el cambio climático.

Pero hay más. La administración Obama:

- Ha abierto el proceso para clasificar el dióxido de carbono como un peligro público que debe ser regulado.

- Ha ordenado reevaluar la decisión de su predecesor de expandir la exploración petrolera en las costas del país.

- Y ha cancelado los permisos de explotación petrolera cercanos a varios parques nacionales y estatales de Utah.

Sí, al mundo entero nos ha tocado vivir en tiempos interesantes. Pero desde el 20 de enero, todos contamos al menos con una medicina llamada esperanza.

 

El carbón es mugre. Punto.

Por Javier Sierra

Lo mismo que una madre obliga a su hijo a lavarse la boca después de mentir, una de las peores catástrofes ecológicas de nuestra historia le está haciendo a la industria del carbón lavarse la cara de hollín.

El año pasado ésta industria se gastó $45 millones en una engañosa campaña nacional de publicidad para vendernos el cuento del “carbón limpio”, de la “Energía de América”, casi diciéndonos que éste mineral negro y sucio es oro en paño.

También el año pasado, las industrias carbonera y eléctrica gastaron la friolera de $125 millones en cabildear al gobierno federal para combatir propuestas legislativas que promocionaban la energía limpia y los límites contra las emisiones de calentamiento global.

Pero este cuento de hadas se vino abajo el 22 de diciembre junto con la represa que contenía mil millones de galones de cenizas y barro de carbón que como un tsunami de escoria sepultaron cientos de acres, muchos de ellos habitados, en el Condado de Roane, en Tennessee. Las cenizas llevaban años acumulándose junto a la Kingston Fossil Plant, propiedad de la Autoridad del Valle del Tennessee (TVA).

La TVA en principio informó que el derrame fue sólo la mitad, ya que ésa era la cantidad máxima que el estanque de almacenamiento podía contener. También informó que la ceniza no constituía peligro alguno a no ser que “se comiera.”

Pero la verdad resultó ser que, según análisis independientes, las cenizas derramadas contenían cantidades hasta 300 veces mayores que el límite legal de arsénico, bario, cadmio, cromo, mercurio, níquel, plomo y talio. Estos son los ingredientes de un cocido de enorme potencial tóxico, causante de cáncer, defectos genéticos, y trastornos en el desarrollo físico y mental del ser humano.

Hay más. Resulta que la TVA, en su afán por abaratar costos, había dejado escapar la oportunidad de reforzar la represa a un costo de $25 millones. Ahora limpiar el derrame podría significar un gasto de cientos de millones de dólares. En 2005, limpiar un derrame de cenizas 63 veces menor costó $37 millones.

La tormenta de indignación desatada por esta lamentable, y evitable, catástrofe está causando lo que el New York Times llama “el colapso del mito del carbón limpio”. El diario especula que finalmente el derrame podría abrir los ojos de los reguladores federales y finalmente poner freno a los excesos de las plantas de combustión de carbón.

“Los recientes problemas de [la TVA] podrían persuadir al público de que el carbón no es ni mucho menos tan ‘limpio’ como nos lo trata de vender una costosa campaña de publicidad”, opina el Times.

En realidad, la catástrofe de la Kingston Fossil Plant es tan sólo la punta de este negro iceberg. El Times cita a la Sen. Barbara Boxer diciendo que la combustión de carbón en este país genera 130 millones de toneladas de cenizas al año, “suficiente como para llenar todos los vagones de un tren de mercancías que se extendiera desde Washington, DC, hasta Australia”.

¿Y a dónde van a parar estos desechos tóxicos? A cualquiera de los 1,300 estanques de almacenamiento esparcidos por todo el país. Lo que más miedo da de esta historia de terror es que ninguno de esos estanques está regulado federalmente, y que los residuos podrían estar filtrando sus venenos al agua potable de las comunidades que tengan la pésima fortuna de encontrarse demasiado cerca.

En su discurso de juramentación, el Presidente Obama proclamó que “no podemos consumir los recursos del mundo sin considerar sus efectos” y que “cada día nos demuestra más claramente que las maneras en las que usamos energía […] amenazan a nuestro planeta”. También nos dijo que lo que necesitamos es “una nueva era de responsabilidad”.

Sin embargo, las industrias carbonera y eléctrica llevan décadas comportándose irresponsablemente. Las emisiones de las plantas de carbón causan anualmente 21,000 hospitalizaciones, 38,000 ataques al corazón y 24,000 muertes innecesarias.

Pero ya existen alternativas. Una se llama ahorro. Cada año, en Estados Unidos desperdiciamos la energía equivalente a toda la producida por las plantas de carbón. El plan de recuperación económica del Presidente Obama apoya decididamente la inversión en fuentes de energía limpia y renovable, como la solar y la de viento. Además haría energéticamente eficaces dos millones de edificios y el 75% de las instalaciones federales.

Y este plan crearía millones de trabajos “verdes” en los sectores que más hispanos emplean. Es por éstas y muchas otras razones que el carbón es mugre. Punto.

 

Nota: La opinión de los columnistas no necesariamente es la opinión de éste medio de comunicación. Las opiniones son de pura y exclusiva responsabilidad del columnista.

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