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Con el Petróleo al Cuello

Por Javier Sierra

Desde el 20 de abril, cuando la plataforma Deepwater Horizon estallara en llamas desatando el volcán petrolero submarino que asola hoy un ecosistema completo, hemos presenciado el desesperante espectáculo de la compañía BP dando palos de ciego.

Intento tras intento de detener este géiser tóxico ha fracasado estrepitosamente. Ahora sólo esperamos que este nuevo intento de contener el torrente realmente funcione. Y todos seguimos preguntándonos, ¿cómo es posible que esta pesadilla esté durando tanto? La explicación es bien sencilla. BP jamás tuvo un Plan B, jamás estuvo preparada para remediar esta catástrofe. Y ahora vemos que su única solución es improvisar sobre la marcha.

Primero debemos recordar los extraordinarios riesgos que asumió BP antes de comenzar a perforar. El pozo decapitado se encuentra a unas 50 millas mar adentro y a una milla de profundidad. Tratar de cortar el flujo en las presentes condiciones, algo que sólo puede hacer esta industria, es como atajar un derrame petrolero en la luna.

Durante años, el Sierra Club advirtió que las explotaciones petroleras costeras conllevaban riesgos extraordinarios que constituían una amenaza cierta para los ecosistemas marinos y las economías que dependen de ellos.

Durante todos estos años, BP y el resto de las petroleras han despreciado nuestros temores y advertencias diciendo que gracias a su tecnología y su saber hacer, no había que preocuparse.

Y desde el 20 de abril se ha desatado otro torrente, un torrente de noticias y descubrimientos que describen a una compañía obsesionada con las ganancias y negligente con las víctimas potenciales de su descabellada aventura petrolera.

Desde entonces se han develado los siguientes escándalos de BP:

- BP se negó a instalar una válvula de seguridad valorada en $500,000 en el pozo accidentado que lo hubiera sellado automáticamente en caso de accidente.

- Un técnico que trabajaba en la Deepwater Horizon confesó al programa 60 Minutes de CBS que la válvula de seguridad de inferior calidad instalada en la corona del pozo se había averiado semanas antes de la explosión y que los ejecutivos de BP lo sabían.

- BP continúa inyectado cientos de miles de galones de dispersantes en el Golfo de México pese a que se dice que ha intoxicado a varias personas, está prohibido en Gran Bretaña y el gobierno federal le ha ordenado usar otros menos tóxicos.

- BP obliga a los trabajadores de limpieza del Golfo a firmar un contrato que les prohíbe hablar con los medios. Muchos de esos trabajadores se han enfermado con síntomas de intoxicación de hidrocarburos.

Etc., etc., etc.

El otro comparsa de esta tragedia es el Servicio de Gestión de Minerales, la oficina del Departamento del Interior encargada de "regular" a la industria petrolera. Entre sus hazañas se cuentan las siguientes:

- Conceder el permiso de perforación a BP en el pozo hoy accidentado sin verificar que la válvula de seguridad funcionaba.

- Ignorar durante años informes falsificados por BP sobre el funcionamiento de válvulas de seguridad parecidas a la que colapsó bajo la Deepwater Horizon.

- Consumir drogas y alcohol, y ver pornografía durante sus horas de trabajo.

- Aceptar regalos y favores de la industria que se suponía que tenía que vigilar.

Etc., etc., etc.

¿Y todo esta debacle a cambio de qué? Estados Unidos, con un 5% de la población mundial consume el 25% de la producción petrolera del planeta. ¿Qué porcentaje procede de las costas del país? Un 0.2%  Los beneficios son insignificantes y los riesgos descomunales. ¡Ya basta! Tenemos que acabar con nuestra adicción petrolera.

El Sierra Club ha instado al Presidente Obama a declarar nuestra independencia del petróleo, empezando por establecer una moratoria de exploraciones en las costas del país.

Incluso si el torrente logra detenerse, el daño ya está hecho, y ahora debemos ayudar a las comunidades del Golfo a recuperarse de semejante catástrofe. Ya es hora de exigir transparencia a la industria petrolera y a los reguladores que deben vigilarla para que esto no vuelva a ocurrir. Ya es hora de acabar con nuestra adicción petrolera y adoptar fuentes de energía limpias y renovables.

Las dantescas imágenes de un Golfo de México en llamas e inyectado de ponzoña tienen que abrirnos los ojos a todos para darnos cuenta de que estamos con el petróleo al cuello.

Oil disaster photo

Foto cortesía U.S. Coast Guard – Patrick Kelley

 

Limpiemos el rostro de nuestra Madre Tierra

Por Javier Sierra

Qué irónico que en el mes que celebramos las maravillas de nuestra Madre Tierra, su rostro esté tiznado de petróleo y carbón.

Según escribo estos renglones, una marea negra mayor en superficie que Rhode Island amenaza las costas de Louisiana. El 20 de abril, una explosión que casi con certeza ha causado la muerte a 11 trabajadores de la plataforma petrolera Deepwater Horizon, operada por British Petroleum (BP), provocó que el pozo marítimo se desangrara a un ritmo de 42,000 galones diarios.

Si no se tapona la boca del pozo, algo extremadamente difícil porque está a una milla de profundidad, el derrame petrolero podría ser el peor desde el desastre del Exxon Valdes, el cual cubrió con un manto mortal buena parte de las costas de Alaska en 1989.

Esto no tenía que haber ocurrido. Según el Huffington Post, pese a su desolador historial de seguridad, en 2009 la industria petrolera se opuso enérgicamente a un nuevo conjunto de regulaciones federales para plataformas marítimas. Las normas se propusieron ya que entre 2001 y 2007, cerca de 1,500 incidentes causaron la muerte de 41 trabajadores y heridas a 302 en las costas del país. El Post agrega que la industria exigió "flexibilidad" para autorregularse voluntariamente de acuerdo con su "cultura corporativa".

El 5 de abril, la industria carbonera protagonizó un drama muy similar. Una explosión en la mina Upper Big Branch, propiedad de Massey Energy, en Virginia Occidental, causó la muerte de 29 trabajadores, el peor desastre minero en 40 años. Desde 2005, Massey Energy ha cometido 1,342 violaciones federales de seguridad que podrían costarle un total de $1.89 millones. Sólo en el mes de marzo, en la mina accidentada se detectaron 50 violaciones, incluyendo mala ventilación de polvo y metano, y la acumulación de materiales combustibles. La oposición de Massey Energy a las regulaciones federales son legendarias. También lo son los ataques de su Director Ejecutivo, Don Blankenship, contra quienes apoyamos la reforma energética, llamándonos a todos "locos".

La irresponsabilidad corporativa de estas industrias no deja de asombrarnos. Cinco gigantes petroleros -ExxonMobil (2a), Sunoco (3a), Koch Industries (10a), ConocoPhillips (11a) y Valero Energy (12a)- encabezan la lista de los peores contaminadores de 2009, según la Universidad de Massachussets.

Pero hay más. En este mes en el que todos hemos tenido que rendir cuentas al Servicio de Recaudación de Impuestos, la revista Forbes informó que ExxonMobil -la más rica corporación del mundo, con ganancias limpias en 2009 de $45,200 millones- no pagó ni un centavo en impuestos al gobierno federal. ¿Cómo lo hace? Estableciendo entidades corporativas en paraísos fiscales como las Bahamas o las Bermudas. De hecho, según el sitio ThinkProgress, los trucos fiscales de las corporaciones del país nos cuestan al resto de los contribuyentes unos $100,000 millones anuales.

¿Debemos seguir perforando el agujero de adicción petrolera y carbonera en el que estamos metidos? Los votantes hispanos responden con un rotundo "no". Una encuesta patrocinada por la Coalición Nacional Latina sobre Cambio Climático (NLCCC) reveló un abrumador apoyo por el cambio hacia una nueva política de energía limpia y renovable, a la vez que confirmó una vez más que los hispanos consideran el calentamiento global un problema serio. El estudio -realizado en tres estados claves para las próximas elecciones parlamentarias de noviembre, Colorado, Florida y Nevada- develó que más de tres cuartas partes de los votantes hispanos opinan que el Congreso debe actuar ya para aprobar la reforma energética del país. Los encuestados también favorecen abrumadoramente a candidatos que apoyen la reforma energética en el Congreso (80% en Florida, 67% en Nevada y 50% en Colorado). La gran mayoría de los votantes también identifica la reforma energética con la creación de empleos (72% en Nevada, 66% en Florida y 54% en Colorado).

Y mientras los sondeos del público en general indican un descenso en la creencia de que el calentamiento global es una amenaza, la encuesta de la NLCCC nos dice que para la inmensa mayoría de los hispanos lo es (76% en Florida, 74% en Nevada y 64% en Colorado). Asimismo, por mayorías abrumadoras, los votantes dijeron estar dispuestos a hacer sacrificios para combatir el calentamiento global (91% en Florida y Nevada, y 83% en Colorado).

Es una extraordinaria lección de civismo y patriotismo que los hispanos, uno de los grupos más desaventajados del país, estén dispuestos a sacrificarse por el bien común. Es también un gran gesto simbólico para limpiar la cara de nuestra Madre Tierra.

 

Viva la vida verde

Por Javier Sierra

No, este no es el título de un nuevo éxito musical. Es simplemente un nuevo estilo de vida que está transformando a nuestra comunidad. Y lo está haciendo gracias a pioneros como Juan Parras, Chris Vélez y Alberto González, cuyos extraordinarios ejemplos se sienten como un baño de optimismo para el espíritu. Los tres ejemplos son parte del libro "Hispanics Living Green," una colección de biografías de 14 hispanos cuyas vidas están centradas en buscar un equilibrio con la naturaleza y en el respeto a nuestro planeta. El libro está disponible aquí: http://aasbea.com/portal/index.php/category/books/hispanics-living-green/ .

Juan Parras, un veterano activista de Houston, trabaja en las trincheras, en la línea de fuego de la lucha contra las injusticias medioambientales. Su campo de batalla es Manchester, el barrio más contaminado de Houston, la ciudad más contaminada del país. "Las injusticias medioambientales tienen que ver con la sobrecarga de contaminación de nuestras comunidades", dice Juan, cuya organización T.E.J.A.S., enseña al público los peligros de la degradación medioambiental. "Demasiadas comunidades asumen que sus condiciones medioambientales son una manera de vivir y que nada puede cambiarlas". Este estilo de vida puede ser letal. Según la Asociación Pulmonar Americana, correr en Houston equivale a fumarse un paquete de cigarrillos al día. A lo largo del Canal Naviero, donde se encuentra Manchester, las condiciones empeoran exponencialmente. Allá, decenas de plantas petroquímicas envenenan el aire emitiendo toneladas de algunos de los peores carcinógenos que se conocen. "A nosotros, la gente de color, nos tratan como basurales", dice Juan, recordando que el 66% de los latinos vivimos peligrosamente cerca de un lugar tóxico. "Lo que debemos hacer es concentrarnos en educar a nuestra gente sobre las injusticias medioambientales" que sufren y cómo defenderse contra ellas. "Un medio ambiente limpio es un derecho humano. Todos tenemos derecho a respirar aire limpio," proclama Juan.

Chris Vélez, por su parte, cree que todos tenemos también derecho a una tierra limpia que cultivar. Como dueño de una granja biodinámica en Auberry, California, en la que no se usan pesticidas ni otros productos químicos, Chris considera su propiedad "un gran organismo saludable" resultado de "prácticas agrícolas saludables". Sus métodos se basan en un estricto respeto por la tierra y los organismos que viven en ella y considera su granja, llamada Stella Luna, una parte de la comunidad que les rodea. "Lo que tratamos de hacer es restaurar la cultura en la palabra agricultura", dice, crear una "fertilidad saludable". Esto, agrega, es lo que les diferencia de la agricultura industrial. Chris mantiene una simbiosis con las comunidades que le rodean, ya que sus productos se venden en los supermercados locales. "Es mucho más barato y más fresco comprar productos locales", insiste y recomienda a los consumidores que apoyen a las granjas cercanas y que pidan a los gerentes de los supermercados que compren productos de esas granjas. Chris resume su filosofía en el siguiente círculo virtuoso: "La gente saludable forma comunidades saludables que mantienen saludable a nuestro planeta".

Granjeros como Chris son los únicos abastecedores de Alberto González, dueño de GustOrganics, el primer restaurante orgánico certificado por el Departamento de Agricultura en Nueva York. "El sistema alimentario de nuestro país es un monstruo que hemos creado apoyando durante demasiados años la comida barata y con ello hemos eliminado las buenas prácticas agrícolas", dice Alberto, cuyo lema es "Cambiando el mundo comida a comida". Todos los ingredientes que se sirven en su restaurante, incluyendo el bar, carecen absolutamente de productos químicos, antibióticos sintéticos y hormonas, lo que se traduce en un menú que Alberto llama "puro amor". "Los productos orgánicos saben mejor y son mucho más saludables", insiste, "no sólo porque tienen más nutrientes y antioxidantes, sino porque no contienen los productos químicos y artificiales que están matando a nuestra gente". Alberto se lamenta del menú insípido al que está acostumbrada la inmensa mayoría de los norteamericanos. "El problema en nuestro país es que perdimos el gusto de la buena comida hace mucho tiempo, por eso agregamos más y más especies y productos artificiales para que sepa a algo, y esto gradualmente nos ha arruinado el paladar", dice.

La filosofía empresarial de Alberto rechaza las ganancias como objetivo principal e insiste que su prioridad es ofrecer buena comida al público sin dañar el medio ambiente. "Mi propuesta es una triple ganadora", dice, "porque es buena para ti, buena para la comunidad y buena para el planeta". Obviamente, una receta de muy buen gusto. Que viva la vida verde.

 

Poderoso caballero es Don Dinero

Por Javier Sierra

Poderoso caballero es Don Dinero y la Corte Suprema de Justicia lo acaba de hacer aún más poderoso. De un plumazo, la corte más conservadora en 100 años sacudió los cimientos de la democracia permitiendo a las corporaciones gastar tanto dinero como gusten para apoyar u oponerse a un determinado candidato electoral. En otras palabras, los cinco magistrados conservadores prácticamente legalizaron el soborno de políticos electos, argumentando que el dinero es una forma de expresión protegida por todos los derechos de la Primera Enmienda.

La decisión abre las puertas de par en par a un cáncer que ya lleva décadas corroyendo la fibra democrática de nuestra nación: el legislar a golpe de chequera. El que más dinero y cabilderos tenga, más poder acumula. Le ofrezco el síntoma más reciente de este cáncer. Una nueva enmienda presentada en el Senado arrebataría a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) su poder de regular los gases de calentamiento global. La administración Obama, obedeciendo una decisión de la Corte Suprema y guiándose por estudios científicos, determinó en diciembre que los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, constituyen una amenaza contra la salud pública y que deben ser regulados. Pero ahora, las industrias petrolera y carbonera quiere arrebatarnos a todos el poder de regular a los contaminadores.

A los hispanos, esta decisión nos afectaría prácticamente más que a ninguna otra comunidad. Según un estudio de LULAC, el 80% de los hispanos vivimos peligrosamente cerca de una planta de combustión de carbón. Asimismo, el 80% de nosotros vivimos en los condados del país con la peor calidad de aire. No es de extrañar que entre los méxico-americanos y los puertorriqueños, es decir, dos terceras partes de la comunidad hispana, el asma se considere una epidemia, especialmente entre nuestros niños.

Los emisores de los gases de cambio climático no sólo están calentando el planeta de manera alarmante, también están envenenando a nuestras comunidades. Las 500 plantas de combustión de carbón que existen en Estados Unidos causan anualmente 21,000 hospitalizaciones, 38,000 ataques al corazón y 24,000 muertes innecesarias.

Pero donde hay humo (o smog) hay fuego. El Washington Post informó que dos cabilderos que representan a varios miembros de la industria energética, especialmente el sector eléctrico, ayudaron a redactar la enmienda que debilitaría la autoridad de la EPA. Entre los clientes de Jeffrey R. Holmstead y Roger R. Martella -dos ex funcionarios de la EPA de la administración Bush- están Southern Co., Duke Energy y Progress Energy.

Pero hay más. Según documentos del Senado, seis compañías contaminadoras gastaron un total de $142 millones en cabildeo directo en 2009. Estas mismas compañías, incluyendo ExxonMobil, British Petroleum y Chevron, también gastaron millones más en cabildeo indirecto y en propaganda para influenciar a funcionarios públicos. Estos contaminadores están obstaculizando las importantes regulaciones que protegerían a nuestras comunidades contra el calentamiento global y la contaminación, como el smog.

Y hablando de smog, la EPA ha propuesto estándares nacionales de esta peligrosa forma de ozono mucho más exigentes. Obedeciendo las recomendaciones de sus científicos, la agencia quiere reducir los niveles de smog de 75 a entre 60 y 70 partes por mil millones. El smog, una de las formas de contaminación más tóxicas, proviene de las plantas de combustión de carbón, refinerías y vehículos. Incluso a bajos niveles puede causar una variedad de enfermedades, incluyendo asma, daños permanentes en los pulmones y muerte prematura. Los científicos comparan la exposición al smog con quemaduras de sol en los pulmones.

No es de extrañar entonces que el público norteamericano esté abrumadoramente a favor de que la administración Obama reduzca las emisiones tóxicas y de calentamiento global. Una encuesta nacional patrocinada por la campaña La Energía Limpia Funciona, reveló que el 59% de los norteamericanos está de acuerdo en que la EPA debe regular a los contaminadores de carbono. Además, el estudió develó que el 58% apoya un proyecto de ley energético similar al aprobado por la Cámara de Representantes en junio y que desde entonces lleva estancado en el Senado debido a la oposición del Partido Republicano.

¿Cómo es posible entonces que esta minoría haya tenido tanto éxito en bloquear el progreso hacia una economía de energía limpia y renovable que genere millones de nuevos empleos, hacia nuestra independencia energética y el fin de nuestra adicción petrolera, y hacia un aire más limpio que no envenene a nuestras comunidades? Poderoso caballero es don Dinero.

 

Trucos sucios al carbón

Por Javier Sierra

La vieja industria energética, especialmente la carbonera y la petrolera, son expertos cocineros de algunas de las campañas políticas más sucias de la escena política de Estados Unidos.

Las negras huellas dactilares de estos chefs del engaño político están marcadas por todos lados en esta ciudad de mármol blanco llamada Washington, DC. Y su creación más reciente de tacos de mentiras nos la han servido al carbón, envuelta en tortillas de cinismo y desvergüenza.

Se trata de un escándalo que lleva ya un par de meses asombrando incluso a los observadores más resabiados de la capital, una campaña de mentiras y engaños diseñados para descarrilar el proyecto de reforma energética que se debate en el Congreso.

La cocina de la que provino fue Bonner & Associates, una firma de relaciones públicas dispuesta a jugar tan sucio como sus clientes, en este caso la industria carbonera, se lo pidan. De allí salieron al menos 13 cartas destinadas a miembros de la Cámara de Representantes en las que grupos cívicos se oponían a la nueva ley energética.

Una de las cartas provino de la organización comunitaria Creciendo Juntos, de Charlottesville, VA, de una tal Marisse K. Acevedo. Pero la carta, el nombre y el título eran todos falsos. Un empleado de Bonner & Associates se inventó todo el cuento para influenciar al Rep. Tom Perriello (D-VA).

El grupo carbonero que contrató a Bonner & Associates eventualmente se desmarcó de las cartas falsas diciendo que no tenía nada que ver con ellas. Pero el daño estaba hecho.

Al menos dos representantes más recibieron cartas fraudulentas de este empleado antes que la Cámara Baja votara, y aprobara por los pelos, el proyecto de ley energético. El escándalo provocó que una comisión del Congreso investigara el asunto. Hasta el momento se han identificado 45 cartas similares a las de Bonner & Associates, una firma que instruye a sus empleados a mentir para lograr sus propósitos y los incentiva para producir la mayor cantidad de cartas de este tipo.

Pero el escándalo que más nos duele a los hispanos no es sólo el uso fraudulento de una organización de base dedicada a beneficiar a la comunidad; es una industria carbonera que envenena el aire que respiramos y el pescado que consumimos.

Las plantas energéticas de combustión de carbón producen el 40% de los gases de calentamiento global en nuestro país. Sus emisiones tóxicas causan anualmente 21000 hospitalizaciones, 38000 ataques al corazón y 24000 muertes innecesarias.

Según la Asociación Pulmonar Americana (ALA), el 80% de los latinos vivimos en condados que han violado los estándares federales de contaminación atmosférica.

ALA indica que un niño hispano tiene cerca de tres veces más probabilidades de contraer asma que un niño no hispano. El asma -una enfermedad agravada por las emisiones de carbón- se considera una epidemia en las comunidades de origen mexicano y puertorriqueño, casi dos tercios de la población hispana.

Según un estudio de LULAC, el 39% de los latinos vivimos a menos de 30 millas de una planta de carbón, el radio donde el hollín y otros contaminantes causan más daño.

Las plantas de carbón son también las mayores fuentes de mercurio, una toxina que causa daños cerebrales y hasta retardo mental. El mercurio se precipita a ríos y lagos por medio de la lluvia. Allí se convierte en su forma más tóxica, el metil-mercurio, el cual es absorbido por los peces, y los seres humanos lo ingieren al comer pescado.

Según el estudio de LULAC, las emisiones de mercurio nos impactan desproporcionadamente ya que en Estados Unidos hay 1.3 millones de pescadores de caña hispanos, quienes consumen lo que pescan con mucha más frecuencia que sus contrapartes anglos.

Pero el carbón no es el único cocinero de esta campaña mugrienta.

La industria petrolera sabe que la nueva ley energética sería el principio del fin de su virtual monopolio sobre el combustible del que depende nuestro sistema de transporte. Y ya ha lanzado una campaña nacional de desprestigio contra el proyecto energético comparable con la patrocinada por la industria de seguros médicos contra la reforma de ese sector.

Los carboneros y petroleros quieren taparnos los oídos para que no escuchemos las abrumadoras ventajas del proyecto energético, sobre todo para los hispanos. La iniciativa de energía limpia mejoraría el aire que respiramos, combatiría el calentamiento global, crearía millones de nuevos empleos y reforzaría nuestra seguridad nacional rompiendo nuestra adicción petrolera.

Ellos saben que si escuchamos, sus trucos sucios al carbón se les van a atragantar.

 

 

La Fe mueve montañas

Mariana Chew-Sánchez ha sido el blanco de un bombardeo tóxico que ha durado prácticamente toda su vida. Cuando era muy niña, desde Ciudad Juárez, México, miraba con una mezcla de amargura e impotencia esa nube de humo negro amarillento que día y noche cabalgaba de la chimenea de la fundición de plomo ASARCO en El Paso, Texas, hasta los pulmones de toda su comunidad. "Nunca se me olvidará el mal olor, el humo, el sabor metálico en la boca", recuerda Mariana. "Yo padecía tremendamente de los ojos, siempre los traía irritados".

Por Javier Sierra

Mariana, al igual que cientos de miles de vecinos suyos, arrastra las secuelas de este bombardeo, que según ella le ha causado una grave condición gastrointestinal de la cual se ha tenido que operar ocho veces.

Pero las cicatrices son la armadura de Mariana, una organizadora del Sierra Club en Texas. Y en la batalla por clausurar para siempre la fundición de ASARCO, pocos soldados han podido igualar su heroísmo, su fe y su coraje.

"ASARCO ha sido un tema latente, vivo, tangible, cercano, muy cercano durante toda mi vida", dice. "Era la representación del poder absoluto".

Durante más de un siglo, desde 1887 a 1999, la instalación emitió cientos de miles de toneladas de plomo, arsénico y cadmio -sustancias altamente tóxicas- a la atmósfera y a las comunidades que vivían a su sombra: El Paso, Ciudad Juárez y Sunland Park y Anapra, Nuevo México. De hecho, ASARCO tiene problemas de contaminación en 40 instalaciones en todo Estados Unidos.

Una investigación realizada en 1971 descubrió que en un año la fundición emitía 1,012 toneladas de plomo, 508 toneladas de zinc, 11 toneladas de cadmio y una tonelada de arsénico. Aun así siguió operando. Cientos de niños entre las edades de dos y seis años que viven cerca tienen niveles de plomo en la sangre tan elevados que necesitan inmediata intervención médica.

El plomo es una toxina de enorme potencia. Los niños -debido a su tendencia natural a llevarse objetos a la boca- son los más expuestos y vulnerables a sus devastadores efectos, incluyendo irreparables daños cerebrales, retraso mental y comportamiento agresivo.

Consciente de los terribles daños causados por la fundición, para Mariana, ya residente en Estados Unidos, la batalla se convirtió en una cuestión personal cuando se enteró en 2002 que ASARCO solicitó un permiso para reabrir la instalación.

"Mi mamá me enseñó que las cuestiones de justicia social están íntimamente relacionadas con las cuestiones de justicia medioambiental", dice. "Y así entré de nuevo en la pelea".

Y la pelea iba a ser durísima. ASARCO puso en marcha su poderosa red de apoyo, sobre todo a sus aliados en los gobiernos locales y estatales. Pero esto no amilanó la enorme fe en el triunfo de Mariana y del resto de los activistas que lucharon contra esta injusticia.

Ella comenzó trabajando desde el lado mexicano, al comprender que era un problema binacional, que la contaminación no necesita visado para cruzar la frontera. En enero de 2005, empezó a trabajar en el Sierra Club como organizadora comunitaria, cultivando sus contactos en las burocracias mexicanas, y preparando su ofensiva para que el país entero rechazara la reapertura de la fundición.

En su trabajo de cabildeo usó con frecuencia el arma más poderosa de su arsenal: una investigación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) que sugirió que durante su última década en funcionamiento, la instalación de ASARCO incineró ilegal e impunemente 50,000 toneladas de desechos peligrosos.

Tras años de perseverancia, Mariana consiguió que Ciudad Juárez, el estado de Chihuahua y el Congreso mexicano rechazaran el permiso de reapertura, una victoria épica, si consideramos la complejidad de las burocracias mexicanas.

Además Mariana tuvo que sufrir el acoso de los aliados de ASARCO, como notas amenazadoras en el parabrisas de su carro, detenciones ilegales de varias horas en el paso fronterizo para amedrentarla, y lo que más le dolió, el acoso contra su hija Ximena.

"Ella presentó un trabajo científico en la escuela sobre ASARCO. A la superintendente no le gustó y la acusó injustamente de plagio. Tanto la acosaron que tuve que llevarla a otra escuela", recuerda.

Pero mereció la pena. Tras siete años de batallar, el activismo de Mariana, de varios grupos medioambientales y de cientos de voluntarios lograron que el 11 de febrero ASARCO finalmente retirara su solicitud de reapertura.

"Fue una alegría inmensa", dice. "He arriesgado mi libertad y mi vida para luchar contra esta injusticia. Pero estos tipos corruptos no sabían con quién estaban tratando".

La fe mueve montañas, y tumba chimeneas.

 

Algo apesta en La Gloria

En el reparto de las prometidas bendiciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) en México, al poblado de La Gloria le tocó el infierno. A esa población del estado de Veracruz le cayó encima el hediondo regalo de la multinacional estadounidense Smithfield Farms, la cual se aprovechó de las terribles taras del TLC para establecer allá un criadero industrial de puercos llamado Granjas Carroll.

Por Javier Sierra

La instalación -más bien deberíamos llamarla cámara de los horrores- cada año procesa la carne de unos 800,000 puercos, los cuales producen cientos de miles de toneladas de masa fecal, el equivalente a la generada por una ciudad de tamaño medio. Estos residuos, sin ningún tipo de tratamiento, van a parar a varias fétidas lagunas a cielo abierto, cubiertas de nubes de moscas, que someten a un continuo asedio la salud y el bienestar de los residentes. El mes pasado, este asedio se hizo insostenible.

Factory Farm

Foto cortesía USDA

El 5 de abril, el diario mexicano La Jornada, citando a funcionarios municipales, informó que la contaminación de las lagunas fecales de Granjas Carroll "generó una epidemia de infecciones respiratorias en el poblado de La Gloria". "Ya son 400 las personas atendidas", agregó el diario. "Sin embargo, gripas, neumonías y bronconeumonías afectan a 60% de los 3,000 habitantes de La Gloria".

CNN ha identificado a Edgar Hernández, un niño de cinco años residente de La Gloria que sobrevivió a la enfermedad, como el "paciente cero" de la pandemia de gripe porcina que ya afecta a 46 países. Aun así, todavía no hay evidencias claras de que la gripe porcina provenga exactamente de las Granjas Carroll. Pero lo que sí está claro es que estas tenebrosas instalaciones han sido una amenaza cierta a la salud pública desde que empezaron a funcionar hace más de dos décadas.

Las lagunas fecales que caracterizan a estas instalaciones están cargadas de sustancias de gran toxicidad, como nitritos, amoniaco y compuestos sulfurosos, que contaminan el aire, el agua y la tierra. En un estudio realizado en varias comunidades de Carolina del Norte, los residentes que vivían cerca de un criadero de 6,000 puercos sufrieron dolores de cabeza, irritación nasal, dolor de garganta, tos, diarrea y escozor de ojos. En otro del Departamento de Siquiatría de la Duke University, personas que vivían en un radio de dos millas de otro criadero industrial experimentaron altos niveles de tensión, depresión, enojo y fatiga.

En otra comunidad de Carolina del Norte, el hedor procedente de un criadero cercano era tan intenso, que la pintura se desprendió de las fachadas de las casas.

La lista es interminable, y a nadie le debe extrañar porque esta industria, una de las más sucias del país, genera 130 millones de toneladas de estiércol y orín al año, que en demasiados casos acaban en los ríos y costas del país causando terribles daños ecológicos.

Uno de los casos más escandalosos ocurrió en 1997, cuando la Agencia de Protección Medioambiental impuso a Smithfield Farms una multa de $12.5 millones por haber vertido desechos de matadero sin tratar al río Pagan, parte de la cuenca de la Bahía de Chesapeake.

Pero hay una tercera víctima de estos criaderos industriales: sus trabajadores. El 65% de esta fuerza laboral es hispano, y en la mayoría de los casos, indocumentados dispuestos a trabajar en lo que sea, incluso en estos lugares despreciados por los trabajadores norteamericanos. Esta industria, la cual genera más accidentes laborales que cualquier otra en Estados Unidos, con frecuencia trata a sus empleados incluso peor que a los animales. "Es fácil encontrar reemplazos, y si te lastimas, te despiden", dice Francisco Risso, director del Centro de Trabajadores, un grupo que asiste a los inmigrantes de la industria cárnica en Morgantown, Carolina del Norte. “Y ya que la mayoría son indocumentados, son incluso más vulnerables a los abusos laborales”.

Rossi insiste en que para mejorar las condiciones laborales de esta industria, es esencial que el Congreso apruebe la Ley de Libre Elección Laboral, para que los trabajadores puedan unirse a un sindicato libremente y así tener fuerza a la hora de negociar con los patronos.

Mientras tanto, la gloria de estos trabajadores está tan lejos como el poblado de Veracruz.

 

Una lección tóxica

Al acercarse a cualquiera de las cuatro plantas petroquímicas que rodean la Escuela Secundaria César Chávez, se hace cada vez más claro el tintineo. Y al llegar a cualquiera de ellas, nos damos cuenta que el concierto de campanillas proviene de los cientos de etiquetas de aluminio adjuntas al laberinto de tuberías que forman las instalaciones. Pero ésta música es lúgubre porque cada etiqueta marca un escape de alguna de las sustancias más tóxicas que se conocen. Además, cuanto más nos aproximamos a las plantas petroquímicas, más insoportable se hace el hedor a huevos podridos causado por las emisiones.

Por Javier Sierra

La escuela se encuentra en el barrio de Manchester, el más contaminado de Houston, la ciudad más contaminada de Estados Unidos. Cada año las diez plantas petroquímicas situadas en o cerca de Manchester emiten 1.9 millones de libras de contaminantes atmosféricos, más que en ningún otro lugar de Estados Unidos. Según un informe del Houston Chronicle, allá los niveles de tres reconocidas sustancias cancerígenas -1,3 butadin, benceno y cloroformo- sobrepasan con mucho los niveles máximos permitidos por el gobierno federal.

En la “Capital Mundial de las Fresas”, Watsonville, en la Costa Central de California, existe una escuela elemental predominantemente latina en el fondo de una hondonada prácticamente rodeada de campos de cultivo. Esos campos han fumigado con algunos de los pesticidas más tóxicos que se conocen, como el bromuro metílico, un conocido causante del cáncer. ¿Cómo se llama la escuela? Salsipuedes Elementary School.

Estas y muchas otras escuelas predominantemente latinas del país tienen mucho en común, todas se encuentran en lugares peligrosamente tóxicos que comprometen la salud física y mental de sus estudiantes. Según un estudio del Centro para la Salud, el Medioambiente y la Justicia, en los estados de Massachussets, Michigan, Nueva Jersey y Nueva Cork, hay medio millón de estudiantes en escuelas que están a sólo media milla de basurales tóxicos. Otro estudio en Texas develó que 200,000 estudiantes asisten a escuelas situadas a menos de dos millas de una planta química.

En nuestro país, una escuela puede construirse en cualquier lugar tóxico abandonado, y sólo siete estados prohíben la edificación de centros escolares en lugares tóxicos activos. En otras palabras, hasta hace unas semanas nuestro país parecía no tener remordimiento alguno de mandar a su más valioso recurso, sus niños, a estudiar junto a los desechos tóxicos de nuestra sociedad.

Y digo unas semanas porque fue el 31 de marzo cuando la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), rompiendo con ocho años de total apatía por parte de la administración Bush, finalmente anunció que estudiaría 62 escuelas de 22 estados para medir la toxicidad del aire que respiran sus estudiantes. “Como madre, comprendo que los padres de familia se merecen recibir esta información tan pronto como sea posible”, dijo la Administradora de la EPA, Lisa Jackson, prometiendo que una vez que se sepan los resultados “se actuará de inmediato para proteger a nuestros hijos y sus escuelas”.

La decisión de la EPA se basó en un informe del diario USA Today publicado en diciembre, el cual develó que el aire que se respiraba en 435 escuelas de todo el país pareció ser más tóxico que el de una escuela de Ohio que se clausuró en 2005 debido a la inaceptable calidad del aire.

En más de la mitad de las escuelas investigadas, los estudiantes están en peligro de contraer cáncer y enfermedades respiratorias debido a la existencia de compuestos tóxicos. En siete de esas escuelas, se detectaron niveles muy superiores a lo que el gobierno federal considera seguro de metales pesados como el manganeso y el cromo, y sustancias cancerígenas como el benceno y el naftaleno.

“No basta con insistir en una mejor educación”, dice Juan Parras, un activista texano que lleva años tratando de relocalizar la escuela César Chávez de Houston. “Tenemos que dejar fuera de la ecuación escolar los venenos a los que están expuestos nuestros hijos”.

Y lo menos que todos les debemos en este mes en el que celebramos el Día de la Tierra, es aprender esta lección tóxica.

 

Una industria borracha de ganancias

El Capitán Joseph Hazelwood había tomado unas cuantas copas de más y se retiró a su camarote, dejando a su poco experimentado y agotado contramaestre, Gregory Cousins, al mando de la enorme nave. El Exxon Valdez, cargado con 53 millones de galones de crudo, debía evitar los icebergs que obstaculizaban de la ruta habitual de salida del la Ensenada Prince William, en Alaska. Después de varias maniobras y creyendo que el peligro quedaba atrás, Causins decidió conectar el piloto automático, y a las 12:04 am del 24 de marzo de 1989, el colosal tanquero encalló contra el Arrecife Bligh.

Por Javier Sierra 

El Exxon Valdez empezó a desangrarse por el enorme boquete del que surtirían 11 millones de galones de petróleo. La indecisión de Exxon —la compañía propietaria de la nave— y lo remoto de la zona contribuyeron a agravar lo que se convertiría en una pesadilla medioambiental y económica que todavía perdura.

El terrible derrame cubrió con un manto mortal 1,300 millas de una de las costas más prístinas y fecundas del Hemisferio Occidental, causando la ruina de la floreciente industria pesquera, además de la muerte de hasta 500,000 aves marinas, miles de millones de huevas de pescado y centenares de otros animales mayores, como orcas, focas, nutrias y águilas calvas.

La consiguiente investigación federal concluyó que Exxon y sus empleados cometieron una larga lista de errores que desembocaron en la catástrofe, incluyendo la falta de supervisón de un capitán ebrio, y las excesivas horas de trabajo y el agotamiento de otros oficiales. También se culpó a Exxon por su lamentable falta de reacción ante semejante desastre.

En este 20 aniversario de la peor catástrofe ecológica en la historia de Estados Unidos, ExxonMobil parece haber pasado la página hace casi dos décadas. Pero los residentes de las costas de Alaska, especialmente los pescadores, aún viven esta pesadilla. Según el gobierno federal bajo la superficie de las playas de la zona todavía quedan 26,600 galones de crudo. No es de extrañar, por tanto, que la pesca en Prince William nunca haya recuperado su pasado esplendor. El arenque, por ejemplo, el cual es la base de esta pirámide alimenticia, nunca recobró sus números.

ExxonMobil, por el contrario, se ha convertido en la corporación más rica del mundo. El año pasado, en medio de una recesión, la compañía obtuvo unos asombrosos $45,000 millones en ganancias. Cada minuto de cada día del año 2008, la petrolera ganó más de $75,000. Recordemos que el salario promedio en nuestro país es de poco más de $40,000 al año. Aún así, ExxonMobil sigue negándose a pagar a los 30,000 pescadores de Prince Williams los $5,000 millones que una corte dictaminó que les debía para compensar por los terribles daños económicos que causó el derrame. Mientras tanto, 6,000 de los pescadores han envejecido y muerto sin ver un solo centavo de la compensación que se merecían.

ExxonMobil, asimismo, actúa como si el desastre del Exxon Valdez fue un caso aislado y que no debemos preocuparnos de que se repita el desastre. El Servicio de Gestión de Minerales, sin embargo, informa que las explotaciones petroleras en las costas del país derraman casi 300,000 galones de crudo en el océano. Solo los huracanes Katrina y Rita derramaron unos 9 millones de galones de crudo.

Estas son abrumadoras razones para buscar otras opciones a los combustibles fósiles, a la energía del siglo 19. Sin embargo, ExxonMobil y el resto de la industria petrolera y de gas quieren que continúe la borrachera sin pensar en la inevitable cruda.

El año pasado, esta industria aumentó en un astronómico 64% sus gastos de cabildeo en Washington, de $82 millones en 2007 a $128.6 en 2008. Por supuesto, la que más invirtió en influenciar a los políticos federales fue ExxonMobil, con $29 millones.

Los observadores consideran que este espectacular aumento en los gastos de cabildeo es un síntoma de pánico en una industria que ya no tiene a su mejor aliado en la Casa Blanca, sino a un nuevo Presidente, Barack Obama, empeñado en buscar y establecer fuentes de energía limpia y renovable. También se ha dado cuenta que el Presidente Obama está convencido de que debemos tomar medidas urgentes y efectivas para combatir el calentamiento global.

Veinte años después del desastre del Exxon Valdez, esta industria, borracha de ganancias, quizá también esté a punto de encallar contra un arrecife llamado soberbia y tenga los días contados.

 

Una medicina llamada esperanza

“Ojalá vivas en tiempos interesantes”, dice la maldición china. Y estos tiempos nuestros se pueden llamar cualquier cosa menos aburridos. La peor crisis económica en 80 años, el derretimiento de los mercados financieros y una recesión que asola los mercados laborales de todo el mundo nos han metido el miedo en el cuerpo.

Por Javier Sierra

Contra esa enfermedad llamada miedo, no obstante, existe un antídoto. Se llama esperanza, y en su Discurso al Congreso el Presidente Obama nos dio a todos una enorme dosis de esta medicina.

El mandatario caminó con determinación y confianza sobre una cuerda floja, elevar el espíritu de una nación desmoralizada al tiempo que explicar la verdadera magnitud de nuestra crisis. “Somos una nación que ha visto las promesas en medio del peligro, y que ha sabido extraer oportunidades de las crisis,” dijo el Presidente Obama. “Ahora tenemos que ser esa nación de nuevo”.

Y para salir de éste agujero, delineó un detallado plan sustentado por tres pilares, incluyendo, por primera vez, una clara política de energía limpia y renovable que conduzca a Estados Unidos de nuevo al liderazgo mundial. “Gracias a nuestro plan de recuperación económica, vamos a duplicar el suministro de energía renovable en los próximos tres años”, declaró el Presidente. “Hemos hecho también la mayor inversión en investigaciones básicas en la historia de nuestro país, una inversión que generará nuevos descubrimientos no sólo en energía, sino también en medicina, ciencia y tecnología”.

La comunidad hispana será una importante beneficiaria de estas inversiones. De los $25000 millones destinados a la eficacia energética, más de la mitad serán para hacer más eficientes un millón de hogares de familias de bajos ingresos. Otros $20000 millones serán destinados a fomentar la energía procedente del sol, el viento y otras fuentes renovables. Estas iniciativas ayudarán a crear millones de empleos en industrias de las que dependen los ingresos de una gran parte de los trabajadores latinos del país.

Pero el mandatario insistió en que para “transformar nuestra economía, proteger nuestra seguridad y salvar al planeta de la devastación del cambio climático”, la energía renovable tiene que ser rentable. Y para ello pidió al Congreso que le envíe legislación que ponga precio a las emisiones que causan el calentamiento global. Es decir, los contaminadores ya no podrán ensuciar nuestro aire impunemente, tendrán que buscar otras alternativas, lo cual desatará un torrente de inversiones en energías limpias y renovables de caracteres históricos.

Estos son importantes pasos para que se cumplan dos de mis cuatro deseos al “Otro Santa Claus” que expresé en mi reciente columna: la reducción de los niveles de dióxido de carbono, el principal causante del calentamiento global; y un cambio hacia las fuentes de energía limpia y renovable. Barack Obama ha cumplido plenamente otro de mis deseos. En enero, ordenó a la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) revisar la concesión de una excepción de las leyes que regulan las emisiones de los carros para el estado de California que reducirán sus emisiones de calentamiento global en un 30% para el 2016. Casi veinte estados desean seguir el ejemplo de California. Esto significa que cuando la EPA otorgue la excepción, algo que se da por seguro, más de la mitad del país -donde vive el 80% de los latinos- dará un gigantesco paso en el combate contra la adicción petrolera y el cambio climático.

Para el movimiento medioambiental, el primer mes y medio de la presidencia de Barack Obama ha significado mucho más que una carta a Santa Claus. El New York Times lo califica de “asombroso golpe de timón”. En concreto, el diario se refiere a la labor de la nueva administradora de la EPA, Lisa Jackson, quien además de someter a revisión la excepción de California, ha anulado o revisado tres directrices de la administración Bush diseñadas para retrasar el combate contra el cambio climático.

Pero hay más. La administración Obama:

- Ha abierto el proceso para clasificar el dióxido de carbono como un peligro público que debe ser regulado.

- Ha ordenado reevaluar la decisión de su predecesor de expandir la exploración petrolera en las costas del país.

- Y ha cancelado los permisos de explotación petrolera cercanos a varios parques nacionales y estatales de Utah.

Sí, al mundo entero nos ha tocado vivir en tiempos interesantes. Pero desde el 20 de enero, todos contamos al menos con una medicina llamada esperanza.

 

El carbón es mugre. Punto.

Por Javier Sierra

Lo mismo que una madre obliga a su hijo a lavarse la boca después de mentir, una de las peores catástrofes ecológicas de nuestra historia le está haciendo a la industria del carbón lavarse la cara de hollín.

El año pasado ésta industria se gastó $45 millones en una engañosa campaña nacional de publicidad para vendernos el cuento del “carbón limpio”, de la “Energía de América”, casi diciéndonos que éste mineral negro y sucio es oro en paño.

También el año pasado, las industrias carbonera y eléctrica gastaron la friolera de $125 millones en cabildear al gobierno federal para combatir propuestas legislativas que promocionaban la energía limpia y los límites contra las emisiones de calentamiento global.

Pero este cuento de hadas se vino abajo el 22 de diciembre junto con la represa que contenía mil millones de galones de cenizas y barro de carbón que como un tsunami de escoria sepultaron cientos de acres, muchos de ellos habitados, en el Condado de Roane, en Tennessee. Las cenizas llevaban años acumulándose junto a la Kingston Fossil Plant, propiedad de la Autoridad del Valle del Tennessee (TVA).

La TVA en principio informó que el derrame fue sólo la mitad, ya que ésa era la cantidad máxima que el estanque de almacenamiento podía contener. También informó que la ceniza no constituía peligro alguno a no ser que “se comiera.”

Pero la verdad resultó ser que, según análisis independientes, las cenizas derramadas contenían cantidades hasta 300 veces mayores que el límite legal de arsénico, bario, cadmio, cromo, mercurio, níquel, plomo y talio. Estos son los ingredientes de un cocido de enorme potencial tóxico, causante de cáncer, defectos genéticos, y trastornos en el desarrollo físico y mental del ser humano.

Hay más. Resulta que la TVA, en su afán por abaratar costos, había dejado escapar la oportunidad de reforzar la represa a un costo de $25 millones. Ahora limpiar el derrame podría significar un gasto de cientos de millones de dólares. En 2005, limpiar un derrame de cenizas 63 veces menor costó $37 millones.

La tormenta de indignación desatada por esta lamentable, y evitable, catástrofe está causando lo que el New York Times llama “el colapso del mito del carbón limpio”. El diario especula que finalmente el derrame podría abrir los ojos de los reguladores federales y finalmente poner freno a los excesos de las plantas de combustión de carbón.

“Los recientes problemas de [la TVA] podrían persuadir al público de que el carbón no es ni mucho menos tan ‘limpio’ como nos lo trata de vender una costosa campaña de publicidad”, opina el Times.

En realidad, la catástrofe de la Kingston Fossil Plant es tan sólo la punta de este negro iceberg. El Times cita a la Sen. Barbara Boxer diciendo que la combustión de carbón en este país genera 130 millones de toneladas de cenizas al año, “suficiente como para llenar todos los vagones de un tren de mercancías que se extendiera desde Washington, DC, hasta Australia”.

¿Y a dónde van a parar estos desechos tóxicos? A cualquiera de los 1,300 estanques de almacenamiento esparcidos por todo el país. Lo que más miedo da de esta historia de terror es que ninguno de esos estanques está regulado federalmente, y que los residuos podrían estar filtrando sus venenos al agua potable de las comunidades que tengan la pésima fortuna de encontrarse demasiado cerca.

En su discurso de juramentación, el Presidente Obama proclamó que “no podemos consumir los recursos del mundo sin considerar sus efectos” y que “cada día nos demuestra más claramente que las maneras en las que usamos energía […] amenazan a nuestro planeta”. También nos dijo que lo que necesitamos es “una nueva era de responsabilidad”.

Sin embargo, las industrias carbonera y eléctrica llevan décadas comportándose irresponsablemente. Las emisiones de las plantas de carbón causan anualmente 21,000 hospitalizaciones, 38,000 ataques al corazón y 24,000 muertes innecesarias.

Pero ya existen alternativas. Una se llama ahorro. Cada año, en Estados Unidos desperdiciamos la energía equivalente a toda la producida por las plantas de carbón. El plan de recuperación económica del Presidente Obama apoya decididamente la inversión en fuentes de energía limpia y renovable, como la solar y la de viento. Además haría energéticamente eficaces dos millones de edificios y el 75% de las instalaciones federales.

Y este plan crearía millones de trabajos “verdes” en los sectores que más hispanos emplean. Es por éstas y muchas otras razones que el carbón es mugre. Punto.

 

Mi carta al otro Santa Claus

Por Javier Sierra

Querido Presidente Electo Obama:

Mi hija ya le ha escrito a Santa Claus. Se ha portado muy bien todo el año, así que estamos seguros de que se van a cumplir sus deseos.

Pero Santa sólo viene la noche del 24 de diciembre, y lo que le voy a pedir a usted, lamentablemente, no podrá realizarse hasta el 20 de enero, el último día de la administración Bush.

Pese a nuestros fervientes deseos, usted no es presidente todavía. Pero con el potente equipo energético y medioambiental de su anunciada administración y su récord ya establecido del gabinete más hispano de la historia, aguardamos impacientes pero esperanzados su llegada a Washington.

El legado que le espera en la chimenea de la Casa Blanca, sin embargo, se va a parecer más a un saco de carbón que a un regalo de bienvenida, lo cual me recuerda el primer deseo que le voy a pedir.

En nuestro país hay aproximadamente 500 plantas energéticas de combustión de carbón que emiten 2000 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año, la mayor fuente de contaminación de calentamiento global del país. Esta gigantesca nube tóxica es una fuente inagotable de hollín, smog y mercurio, los cuales causan 25000 muertes prematuras, 38000 ataques cardíacos y 21000 hospitalizaciones al año. Un porcentaje desproporcionado de estas tragedias lo sufre la comunidad latina, la más castigada por la contaminación atmosférica en Estados Unidos.

Actualmente hay planes para construir unas 100 plantas de carbón más en todo el país. Si se completan, generarán unos 480 millones de toneladas de (CO2) anualmente —el equivalente a las emisiones de 100 millones de carros. Por favor, evite su construcción y opte por fuentes alternativas limpias y renovables, como la solar, la de viento o la geotérmica.

Y hablando de calentamiento global, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU ha estimado que para limitar el calentamiento global a 2 grados centígrados, las naciones desarrolladas tienen que reducir sus emisiones entre un 25% y un 40% por debajo de los niveles de 1990, para el año 2020. Esto significa que en nuestro país deberá reducir sus emisiones en un 35% para el año 2020. 

Esto sólo se podrá lograr a través de límites de emisiones de carbono y de otros tipos, acá y en el extranjero. Internacionalmente, estos esfuerzos incluirían limitar la deforestación en zonas tropicales, como el Amazonas, asistencia en planes de desarrollo sustentable y ayudas a los países menos desarrollados a adaptarse a los impactos ya inevitables del cambio climático. Presidente Electo Obama, si cumple mi deseo, yo y la naciones latinoamericanas y  caribeñas se lo agradeceríamos eternamente.

Mientras tanto, acá en casa, el Estado de California ha sido desde hace mucho tiempo el líder nacional en establecer exigentes estándares de emisiones de carros, incluyendo la reducción de emisiones de CO2 en un 30% para el año 2016. Más de 12 estados desean seguir el ejemplo de California, cuyos estándares son más rigurosos que los federales. Pero la administración Bush le ha negado a California la excepción federal para ponerlos en práctica.

Si usted le concede esta excepción, más de la mitad del país podría dar un paso de gigante en el combate contra la contaminación, la adicción petrolera y el calentamiento global.

Y finalmente, durante la campaña nos prometió a todos encargarse de la terrible destrucción causada por el desmorone de cimas de montañas como método de minería del carbón. Las compañías carboneras de Appalachia han desmoronado 475 cimas de montañas que han sepultado 1200 millas de ríos y arroyos a consecuencia de esta devastadora práctica minera.

La administración Bush acaba de hacer incluso más fácil que las carboneras continúen su marabunta particular, pese a que este tipo de extracción cubre sólo el 4% de las necesidades energéticas del país. Este es un pequeño porcentaje que muy bien se podría sustituir con energía procedente de fuentes renovables, limpias y no destructivas, como el sol, el viento o la geotermia.

Le pido pues que restablezca la definición original de material de desecho procedente de minas de acuerdo con la Ley de Agua Limpia, la cual su predecesor ha debilitado a niveles sin precedentes.

Quedo entonces, igual que mi hija, con el corazón lleno de esperanza de que cumpla mis deseos. Después de todo, tras estos terribles ocho años, todos nos lo merecemos.

Feliz Navidad y próspero año nuevo.

 

Vacas flacas y vacas gordas

Al igual que en la Biblia, nuestro país ha tenido un sueño, más bien una pesadilla, en la que ha visto siete vacas flacas comerse a siete vacas gordas. La fábula bíblica que anuncia años de prosperidad bien podría sugerirnos que el final de la pesadilla ya tiene fecha, el 20 de enero de 2009.

Por Javier Sierra

Y a juzgar por el estado en el que se encuentra nuestro país, no podría llegar ni un minuto demasiado pronto. Miramos a nuestro alrededor y vemos las ruinas de lo que hace ocho años era una gran nación, próspera, orgullosa y lista para los retos de un nuevo siglo.

Pero en enero de 2001, las vacas gordas se comieron a las flacas; es decir, la administración Bush llegó al poder, iniciando un largo periodo de declive en todos los sentidos. Hoy las pérdidas de hogares, ahorros y empleos son las peores desde la Gran Depresión. Estamos enredados en dos guerras al parecer interminables. Una gran ciudad americana se ahogó en las aguas de Katrina. Nuestro prestigio mundial yace en el barro de la arena internacional. Y el medio ambiente está cercado.

Cuando los norteamericanos acudieron a las urnas el 4 de noviembre entendieron claramente que había que hacer un cambio de 180 grados. Y el electorado latino respondió más rotundamente que ningún otro grupo poblacional. El Presidente Electo Barack Obama debe su nuevo título no sólo a la mejor campaña presidencial quizá de la historia, sino también al voto hispano. Más de dos tercios votaron por Obama.

Pese a que la participación en general prácticamente igualó a la de 2004, la de los votantes latinos aumentó en un asombroso 25%, de 7.5 millones a 10 millones. Según Federico Peña, Codirector Nacional de la Campaña de Obama, “Sin el voto latino, no hubiéramos ganado” Colorado, Nevada, Nuevo México ni Florida. Y lo que es más preocupante para el Partido Republicano: los futuros votantes, los jóvenes latinos, apoyaron a Obama en un 80%.

La fuerza que más motivó a la comunidad hispana fue la desastrosa situación económica. Días antes de la votación la tasa de desempleo entre hispanos era del 8.8%, 2.3 puntos más que la de la población en general. Asimismo, las remesas que los hispanos enviaron a sus países de origen descendieron éste año por primera vez desde que se mantienen registros.

Los votantes latinos han visto en el plan económico de Obama la luz al final del túnel. Y la clave de éste plan se llama empleos verdes. El Presidente Electo se alista en éste momento para poner en práctica el plan de renovación energética más ambicioso de la historia.

Obama proyecta invertir $150000 millones en los próximos diez años en el desarrollo y despliegue de fuentes de energía limpia y renovable, como la solar, la de viento y la geotérmica. Esta transformación incluye la creación de al menos 5 millones de empleos verdes en industrias como la construcción y la manufactura que emplean a millones de latinos. La iniciativa también incluye instalar aislamiento térmico en un millón de hogares al año, una labor que requerirá de la contratación de decenas de miles de trabajadores en empleos que no se pueden exportar.

Estas medidas ayudarán a que para el año 2012 el 10% de la producción eléctrica provenga de fuentes renovables, y el 25% en el año 2025.

Pero no sólo de pan vive el hombre. También necesitamos aire limpio. Para el año 2015 se pondrán en las carreteras un millón de carros híbridos de abastecimiento eléctrico que rendirán hasta 150 millas por galón. Estas medidas nos permitirán eliminar todas las importaciones de petróleo procedentes del Golfo Pérsico. El plan también reducirá nuestras emisiones de calentamiento global en un 80% para el año 2050, la meta que los científicos nos dicen que debemos alcanzar para evitar los efectos más catastróficos del calentamiento global.

La administración Bush y sus aliados, sin embargo, nos quieren aguar la fiesta. Después de registrar las mayores ganancias de la historia corporativa de Estados Unidos -sólo ExxonMobil ganó casi $15000 millones en el último trimestre- la industria petrolera anunció una campaña nacional multimillonaria para defender sus prebendas y regalías. Y la Casa Blanca en los últimos días ha debilitado aún más las leyes que protegen a las especies en extinción.

Pero algo me dice que después de la incontestable victoria de Obama, las que están en peligro de extinción son las vacas sagradas de Washington.

 

En la Boca del Lobo

¿Se sabe la parábola del lobo y el pastor travieso? Se la pasaba el pastor alertando a la comunidad de que venía el lobo, pero el lobo, entre las risotadas del pastor, nunca aparecía. Hasta que finalmente, el lobo sí vino, y nadie ayudó al pastor a proteger su rebaño. Bueno, pues imagínese a otro pastor que, ronco de tanto gritar, sabe que el lobo está entre nosotros y que el rebaño corre gran peligro.

Por Javier Sierra

Este es el caso de la comunidad latina de Estados Unidos que durante décadas ha tenido al lobo entre sus filas, un lobo llamado degradación medioambiental, que está diezmando la salud y el futuro de millones de sus miembros. Y pese a las advertencias de organizaciones como el Sierra Club y otros grupos cívicos, el gobierno federal, excepto en honrosas excepciones, ha desoído estas advertencias.

Hoy le traigo el grito más claro de que esta realidad no podemos ignorarla más. Se trata de la primera encuesta nacional sobre los latinos y el medio ambiente realizada en Estados Unidos, la cual fue patrocinada por el Sierra Club y realizada por Bendixen & Associates entre 1000 votantes hispanos inscritos.

El sondeo confirmó nuestros temores de que la comunidad latina sufre desproporcionadamente las consecuencias de la degradación medioambiental. El 66% de los encuestados respondió que vive o trabaja cerca de un lugar tóxico, ya sea “una refinería, una planta química, un incinerador, un campo agrícola, una carretera principal o una fábrica”.

A principios de los años 80, según la Agencia de Protección Medioambiental, los latinos afectados por los venenos medioambientales eran tres de cada cinco. Hoy, es dos de cada tres.

No es de extrañar, por tanto, que, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los niños hispanos presenten mayor incidencia de cánceres como leucemia, osteosarcoma y tumores de células germinales que los blancos no hispanos. O que en la mayoría de las comunidades hispanas, sobre todo las de origen mexicano o puertorriqueño, el asma se considere una epidemia.

¿Saben los hispanos que son víctimas de esta injusticia medioambiental? Eso parece indicarnos el sondeo. A la pregunta de “cuánto impacto diría usted que tienen los temas energéticos y medioambientales en la calidad de vida de su familia”, nada menos que el 83% de los encuestados respondió que “mucho” o “algo”.

Tanto, que más del 90% de los participantes dijo sentir “una responsabilidad moral de cuidar de las creaciones de Dios en la Tierra”. Esto incluye los bosques, los océanos, los lagos y los ríos. Esta conexión espiritual con la naturaleza es un reflejo de una característica singular de nuestra comunidad, su devoción por las reuniones familiares y de amigos en los parques y playas del país.

El sondeo también derrumbó la extendida suposición de que los latinos viven al margen de los temas medioambientales, como el calentamiento global. El 77% de los encuestados dijo que el cambio climático hará que se derritan las capas polares y que las consiguientes inundaciones de zonas costeras serán catastróficas.

Durante la presentación del estudio, su autor, Sergio Bendixen, señaló que la razón de esta abrumadora creencia es el fundado temor que tienen los latinos de que ellos serán una de las comunidades más castigadas por el calentamiento global. Recordemos que en su más reciente y más grave advertencia, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU nos dijo que las comunidades que correrán más peligro serán las menos privilegiadas, como los hispanos en Estados Unidos, y los países en desarrollo, como en América Latina.

Los temas energéticos, como el costo de la gasolina y otros combustibles, también tienen un notable impacto en nuestra comunidad. Así lo cree el 80% de los encuestados. Un porcentaje similar piensa que cambiar hacia una economía de energía limpia podría crear millones de empleos, mejoraría el medio ambiente y protegería a sus hijos.

Pero los hispanos no se van a quedar de brazos cruzados frente a estos retos. Según la encuesta, el 73% está dispuesto a tomar medidas para ayudar a mejorar el medio ambiente. Estas incluyen apoyar a líderes que les protejan contra los contaminadores, influenciar a su congresista, asistir a concentraciones o unirse a una organización medioambiental.

Este año, los que ignoren los gritos de la comunidad latina -una comunidad asediada por las injusticias medioambientales- se arriesgan a meterse en la boca del lobo.

 

Juventud, Divino Tesoro

La sabiduría popular nos dice que la juventud es un divino tesoro, y lo que nos está enseñando este año electoral es que decenas de miles de jóvenes votantes están invirtiendo ese tesoro en un futuro prometedor.

Por Javier Sierra

Se están involucrando porque lo que hay en juego en las elecciones de noviembre no es sólo su futuro sino el futuro del planeta. En las manos del próximo presidente de Estados Unidos —el país que más contamina el mundo— recaerá la responsabilidad de finalmente tomar medidas eficaces para confrontar el mayor reto de la historia moderna: el calentamiento global.

“El calentamiento global es una peste que creará un medio ambiente inseguro para futuras generaciones”, dice Daniela Valdés, una estudiante de secundaria en Pittsburgh, PA. “Pero es también una oportunidad para que la humanidad y la naturaleza se unan”.

Esta unión la hemos visto en las elecciones primarias en Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur. En esas votaciones el incremento de votantes jóvenes —entre 18 y 29 años de edad— ha superado todas las expectativas. En Iowa, por ejemplo, el número de votantes jóvenes que participaron en la primaria del Partido Demócrata triplicó el de los comicios de 2004. De hecho, el gran triunfador de esa contienda, el Sen. Barack Obama, lo hizo en gran parte debido a que obtuvo el 57% de los votos de este segmento de la población demócrata.

Y para estos votantes, la prioridad no es sólo la guerra en Irak o el deterioro de la economía, sino también el medio ambiente.

“Me gustaría que el nuevo presidente aceptara el calentamiento global como su prioridad número uno”, dice Carlos Rymer, un estudiante dominicano especializado en desarrollo sostenible en la Universidad de Cornell, Nueva York. “Atacando este problema también se atacaría los de la economía, el cuidado de la salud y la guerra”.

Pero existe otra guerra, una mucho más sutil, declarada contra la aceptación del consenso científico mundial de que la actividad humana es la responsable del calentamiento global. Y su combatiente más audaz es la administración Bush.

Según un estudio de las universidades de Yale y Columbia sobre el cuidado del medio ambiente por parte de 149 países, Estados Unidos ocupa el lugar 39, y concretamente en lo que se refiere a niveles de smog (niebla tóxica), nuestro país ocupa los últimos lugares de la tabla.

Por ésta y muchas otras razones se nos antoja triste, y hasta patético, que George W. Bush, el presidente de la nación más rica y poderosa de la tierra, viajara al Medio Oriente, sombrero en mano, a rogar que los países productores redujeran los precios del petróleo. Este es el mismo presidente que en 2001 eliminó un acuerdo firmado entre la administración Clinton y la industria automotriz de Detroit en 1998 para que todos los carros y camionetas del país rindieran 80 millas por galón. Si el acuerdo se hubiera cumplido, en un par de años Estados Unidos no necesitaría importar ni una sola gota de crudo de esa explosiva región.

Los periodistas televisivos más influyentes del país contribuyen a este comportamiento alevoso. La Liga de Votantes Pro-Conservación condujo un estudio de los cinco programas de debate político más vistos del país, los de las cadenas ABC, CBS, CNN, Fox News y NBC. En 2007, los moderadores de estos programas hicieron 2,679 preguntas a los candidatos presidenciales. ¿Y cuántas fueron sobre el calentamiento global? Tres (3).

“La palabra que me viene a la mente es apocalíptico”, dice Valdés, co-fundadora y co-presidenta de Students for a Greener Pittsburgh (Estudiantes para un Pittsburgh Más Verde) y dedicada a que los edificios de su ciudad sean más eficientes y contaminen menos. “Los líderes de nuestro país no escuchan la voz de la ciencia ni la del pueblo”.

“Si los medios prestaran tanta atención al calentamiento global como a la guerra en Irak, quizá la gente sabría más al respecto”, indica Rymer, un activista que el año entrante estudiará su maestría sobre ciencia y política medioambientales en la Universidad de Columbia. “Si los funcionarios públicos los mencionaran más, también atraerían más atención del público”.

Pero Rymer es optimista y cree que la opinión pública está cambiando. Los hechos le apoyan. En Carolina del Sur, donde recientemente se celebraron las primarias, el 81% de los votantes conservadores exige que el gobierno actúe para reducir las emisiones de calentamiento global.

“La Madre Naturaleza se está haciendo vieja”, advierte Valdés. “¿Y quién mejor que sus hijos para cuidar de ella”.

Juventud, divino tesoro.

 

El Peor Ciego Es el Que No Quiere Ver

Grover Norquist, el ideólogo más influyente del Partido Republicano, hace años proclamó que su meta final era reducir el gobierno federal “lo suficiente como para poder ahogarlo en una tina de baño”. Después de siete años de la administración Bush en el poder, nos hemos dado cuenta que sus inusitados niveles de incompetencia, nepotismo y corrupción no son elementos fortuitos. Son los síntomas inequívocos de una inquebrantable disciplina para cumplir con la profecía de Norquist.

Por Javier Sierra

Edición del 1o de septiembre. El gobierno es el problema, dicen, y la estrategia básica para solucionarlo ha sido asegurarse de que cada gallinero tuviera su zorro como guardián. Y el ejemplo más clamoroso, y también doloroso, de esta estrategia ha sido la respuesta federal al embate del Huracán Katrina, cuyo segundo aniversario se cumple estos días.

Todos recordamos las catastróficas consecuencias de la gestión federal antes y después de la tormenta, las colas interminables de refugiados esperando el autobús que nunca vino a salvarles, las decenas de miles de personas hacinadas en el Superdome, los cadáveres flotando en las áreas inundadas adonde nunca llegaron las cuadrillas de rescate.

Katrina, lamentablemente, resultó ser sólo la consecuencia lógica de la respuesta federal después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 (o 9-11). Un informe secreto de la Agencia de Protección Medioambiental reveló el año pasado que la Casa Blanca y dicha agencia “conspiraron” para tranquilizar falsamente al público sobre la verdadera peligrosidad de los terribles venenos que cubrieron la zona. Seis años después de los ataques, la abrumadora mayoría de los trabajadores de limpieza —casi todos latinos— y de rescate que entraron en la Zona Cero están enfermos o discapacitados, y muchos de ellos han muerto debido a la exposición a sustancias como asbesto, benceno, dioxinas y cristal pulverizado. ¿Y cuál fue la respuesta de la administración Bush a la tormenta de críticas por su actuación? Convertirla en el estándar nacional para catástrofes de esta envergadura.

Pero las secuelas de Katrina siguen punzando nuestras conciencias. Para albergar a parte de los cientos de miles de refugiados, FEMA distribuyó casas-remolque, pero este supuesto remedio resultó ser ratoneras tóxicas impregnadas de un compuesto cancerígeno llamado formaldehído. Después de enterarse de alarmantes reportes de residentes que sufrían nausea y dolores de cabeza, el Sierra Club condujo varias pruebas que concluyeron que la causa de los síntomas era el formaldehído. Hizo falta una audiencia parlamentaria para obligar a FEMA a suspender la distribución de sus ratoneras tóxicas. Allí se develó que la agencia ignoró repetidamente las denuncias de los residentes, varios de los cuales han muerto debido a las inhalaciones tóxicas. ¿Y cuál fue la razón de esta cruel indiferencia? FEMA, a instancias de sus abogados, decidió que investigar las denuncias le hubiera obligado a actuar en consecuencia.

La lista de zorros es interminable. Hace unas semanas el catastrófico derrumbe del puente de la I-35W en Minneapolis, MN, dejó patente el lamentable estado de la infraestructura de Estados Unidos. Uno de cada tres puentes en el país necesita ser reparado. ¿Y a quién elige la Casa Blanca para supervisar la reconstrucción del puente de Minneapolis? A Richard Capka, quien en 2002 fue despedido entre la indignación popular tras su incompetente gestión de una abra pública en Boston.

O ¿qué funcionario público estaba encargado de supervisar el rescate de los mineros atrapados en Utah? Richard Stickler, quien, durante sus años de ejecutivo de la industria minera, antepuso las ganancias de su compañía a la seguridad de sus minas. Debido a su terrible historial, Stickler fue rechazado durante las audiencias de confirmación en el Senado como encargado de la seguridad de las minas del país. El Presidente Bush resolvió el problema de un plumazo confirmándolo durante un receso del Congreso.

Después de Katrina, 9-11, Irak y tantos otros ejemplos del cáncer que corroe el gobierno federal, a la administración Bush se le ha acusado benévolamente de dar palos de ciego. La realidad es que la administración buscaba menos gobierno pero creó un gobierno quebrado. Mientras observamos la fuga de asesores de la Casa Blanca, los que permanecen nos hacen recordar que el peor ciego es el que no quiere ver. Afortunadamente prestamos todos más atención cada día, y todavía recordamos cómo debe funcionar un gobierno eficaz. Mientras buscamos la reforma, tenemos que seguir cuidando de nuestros vecinos hasta que el gobierno se recupere.

 

7-7-07 y nuestra buena ventura

Dicen que ser supersticioso trae mala suerte, pero el sábado, 7 del 7 de 07, fue un día que nos trajo a todos buena ventura. Fue el día en el que cientos de millones de personas de todos los continentes unieron sus corazones para confrontar el mayor reto de la humanidad en la historia moderna, el calentamiento global.

Por Javier Sierra

Y el cemento que unió todos estos corazones se llamó Live Earth, una serie de conciertos, desde Río de Janeiro a Sydney, con 150 artistas como Shakira, Cameron Díaz o Penélope Cruz, y actividades relacionadas en 130 países para concienciar al mundo de la urgente necesidad de atacar esta gran crisis global.

Todavía se está midiendo el verdadero impacto de este festival planetario, pero lo que sí está claro es que la masiva participación vía televisión, radio e internet ya lo han convertido en el mayor evento cultural global de la historia.

Y uno piensa que para la comunidad latina, eventos así tienen especial relevancia porque para la enorme mayoría de nosotros cuidar nuestra Tierra no es sólo un valor familiar, sino también un valor religioso.

Como dijo la autora Cintra Wilson en Salon.com, “Amando nuestro planeta, podemos amarnos a nosotros mismos, amarnos unos a otros y literalmente salvar al mundo”.

El terremoto musical también nos dejó claro que a grandes males, grandes remedios. No olvidemos que lo que nos jugamos en este envite es ni más ni menos que la herencia natural que dejaremos a nuestros hijos y nuestros nietos.

Hay que ponerse manos a la obra, y por fortuna, el 7-7-07 no es la única buena noticia que tengo para usted porque el torrente de cambios y acontecimientos positivos para nuestro legado natural parece incontenible.

Empecemos en los lugares más insospechados. El gigante petrolero ConocoPhillips, uno de los símbolos de la oposición histórica al combate contra el calentamiento global, ha reconocido que se deben imponer límites a la contaminación que genera este fenómeno.

La Kansas City Power & Light ha llegado a un acuerdo con el Sierra Club para dejar de construir instalaciones de combustión de carbón y para reducir sus emisiones de dióxido de carbono en un 20% de aquí al 2020. Estas plantas -la peor fuente de contaminación en nuestro país- ya han sido prohibidas en dos estados, California y Idaho.

En Washington, mientras tanto, el Congreso también parece haberse puesto las pilas al haber aprobado varias brillantes iniciativas. Como parte de un proyecto presupuestario para las agencias que protegen el medio ambiente de $27,600 millones, la Cámara de Representantes ha separado $228 millones destinados al sistema de parques nacionales. Otros $200 millones se van a dedicar a financiar los programas de conservación de espacios naturales. Y además, la Cámara duplicó el presupuesto inicial para que las comunidades y barrios del país disfruten de agua limpia ayudándolas a construir plantas de tratamiento y purificación.

La comunidad latina sería uno de los mayores beneficiarios de esta iniciativa. Ahora sólo falta -y seguimos confiando en la buena fortuna- que el Presidente Bush no cumpla su promesa de vetar este crucial proyecto de ley.

Pero no sólo del gobierno federal vive el país. Las “Ciudades Frescas” -un movimiento de comunidades de todo Estados Unidos que se han comprometido a reducir sus emisiones de calentamiento global para cumplir con las exigencias del Protocolo de Kyoto- ya cuenta con 500 miembros. Y California, Hawai, Nueva Jersey y Washington se han unido a este movimiento a nivel estatal.

Pero no debemos dormirnos en los laureles. El tamaño de esta empresa es monumental. Cada segundo, en Estados Unidos emitimos 50 toneladas de carbono a la atmósfera. Nuestros carros y camiones queman 180,000 millones de galones de combustible cada año. Y nuestro país, con sólo el 5% de la población mundial, consume el 25% de la producción petrolera del planeta.

Si todos reducimos nuestro consumo energético en un 2% anual, para el 2050 habremos vencido este reto llamado calentamiento global.

Ahora nos toca a todos asegurarnos que el 7-7-07 fue sólo el principio de nuestra buena ventura colectiva.

 

Sobre Calcetines y Refritos

Por Javier Sierra

Mientras escuchaba el Discurso del Estado de la Nación del Presidente Bush, varias veces me dio la sensación de que esta película ya la había visto, especialmente cuando habló de sus iniciativas sobre política energética. La Casa Blanca las había anunciado a bombo y platillo como la última superproducción de Hollywood.

 El asesor económico de la Casa Blanca Alan Hubbard había predicho que el mensaje del mandatario iba a dejarnos tan impresionados que “nos sacaría los calcetines” (usando la expresión en inglés). Pero, como respondió Carl Pope, director ejecutivo del Sierra Club, después del discurso, “los calcetines todavía los tenemos puestos”.

Efectivamente, las propuestas de Bush a todo el país nos dejaron con un regusto a refrito de las promesas en papel mojado que hemos oído los últimos seis años.

El presidente nos dijo que su meta es reducir el uso de gasolina en un 20% en los próximos 10 años para acabar con lo que él llama “nuestra dependencia de petróleo extranjero”. Pero la misma Casa Blanca reconoce que ese 20% se refiere a los niveles de gasolina que se espera se consuman en el futuro, no los niveles actuales de uso. Es decir, las emisiones de gases que causan el calentamiento global van a reducirse mínimamente, o incluso aumentarán, en lugar de disminuirse en un muy necesario 80%.

En todos sus discursos a la nación, Bush ha defendido que para la salud de nuestra economía y la seguridad de nuestro país, debemos reducir el consumo de hidrocarburos y optar por fuentes renovables de energía. Sin embargo, en estos seis años, nuestra dependencia de petróleo extranjero ha alcanzado sus niveles más altos en década y media. En 2000, importábamos el 58% de nuestro petróleo. En septiembre de 2006, el 70%.

La aparente pasión de Bush por las fuentes alternativas de energía despierta grandes suspicacias porque a la hora de actuar, las palabras se las lleva el viento. En 2006, después de prometer la financiación para el desarrollo de estas tecnologías, Bush mutiló el presupuesto del Laboratorio Nacional de Energías Renovables, y hoy es menor que cuando llegó a la presidencia.

Bush también nos dijo que quiere aumentar la eficacia de los carros y camiones ligeros que se fabriquen en Estados Unidos. Concretamente defiende que este aumento empiece en los modelos de carro de 2010 y en los de camiones de 2012.

El plan, sin embargo, permite a los constructores aplicar reglas complejas sobre el tamaño y el promedio de consumo. La Unión de Científicos Preocupados, un grupo observador independiente, indica que las reglas “podrían animar a los constructores a vender vehículos más grandes y pesados que consumen más combustible”.

Bush no tiene por qué andarse por las ramas para atacar este problema. La industria automotriz ya tiene a su disposición la tecnología para producir carros y camiones que rindan al menos 40 millas por galón. Si esto empezara a hacerse ahora, no en 2010 ni 2012, en diez años nos ahorraríamos todo el petróleo que importamos del Golfo Pérsico, la región más volátil del mundo, y lo que pudiéramos extraer de las zonas prístinas de Alaska.

Por el contrario, Bush sigue defendiendo que se abran las explotaciones petroleras en el Refugio Nacional Ártico de Vida Silvestre, uno de los pocos ecosistemas completos que quedan en el Hemisferio Occidental. Estudios nos aseguran que la primera gota de petróleo que se extraiga de ese lugar prístino tardaría 10 años en llegar al consumidor y las reservas durarían sólo seis meses.

“El presidente está engañando al país sobre lo que va a solucionar nuestra dependencia petrolera y el calentamiento global”, dijo Pope. “El presidente se está centrando en las soluciones equivocadas mientras las correctas se pueden alcanzar fácilmente y son mejores para toda la nación”.

Por primera vez en sus siete discursos a la nación, Bush reconoció que todos debemos “confrontar los serios retos del cambio climático global”. Pero para enfrentar estos retos, debemos reducir drásticamente las emisiones de gases procedentes de las plantas energéticas que calientan y envenenan nuestra atmósfera. Bush, sin embargo, en su discurso de 6,000 palabras, no hizo mención alguna a este terrible problema.

Las plantas energéticas generan el 40% de las emisiones tóxicas en Estados Unidos. Y este año, la administración Bush tiene planeado permitir a estas plantas regularse a sí mismas. Es decir, dejar que el zorro vigile el gallinero y que nos bombardeen con mayores cantidades de sustancias cancerígenas.

No sólo tenemos los calcetines todavía puestos. También tenemos puestas las máscaras de gas.

 

 

Que Dios Nos Libre de Otro 9-11

Por Javier Sierra

Mientras se desvanecen los ecos del quinto aniversario del 11 de septiembre de 2001, o simplemente 9-11, para Alex Sánchez esa fatídica fecha se repite los 365 días del año. “Yo vi los ataques del 11 de septiembre”, recuerda Alex, un neoyorquino de 38 años y de origen dominicano. “Me sentí obligado a ayudar a la ciudad que me vio nacer. Fue un honor haber estado allí. Pero ahora no sé cuánto tiempo me queda”.

Alex es uno de los miles de trabajadores latinos que acudieron casi de inmediato al Punto Cero para participar en las labores de limpieza de los edificios aledaños a las desaparecidas Torres Gemelas. Hoy, Alex está tan enfermo del polvo tóxico que todo lo cubrió que ha quedado incapacitado, y teme que los nódulos que se han detectado en uno de sus pulmones sean el principio de un cáncer. “No me libro de esta tos, tengo mucha fatiga, un dolor que me revienta la cabeza, y una depresión inmensa”, dice Alex. “Todavía tengo trozos de esos edificios en mi cuerpo, y me están matando”.

Pero Alex también está enfermo de los espectaculares niveles de corrupción gubernamental que les ocultó a él y a otros miles de trabajadores y residentes los terribles peligros a la salud que les esperaban alrededor de las ruinas del World Trade Center. Según documentos de una investigación interna de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), no sólo la Casa Blanca tranquilizó falsamente al público sobre las seguridad medioambiental en el Punto Cero —como ya se había develado— sino que la entonces la administradora de la EPA, Christine Todd Whitman, también participó en estos engañosos esfuerzos.
Los documentos, descubiertos como parte de una investigación del inspector general de la agencia, incluyen una entrevista con la entonces portavoz de Whitman, Tina Kreisher. Al preguntársele si existió una intención deliberada para tranquilizar al público, “La Sta. Kreisher dijo que sí existió tal intención. ‘Este énfasis vino de la administradora [Whitman] y de la Casa Blanca’”, según los documentos.

Hace dos años, el Sierra Club, en un explosivo estudio sobre la negligencia temeraria de la Administración Bush en el Punto Cero, advirtió que en los días, semanas y meses después de los ataques, la EPA debería haber sabido que en el medio ambiente había una gran concentración de sustancias tóxicas, como asbesto, benceno, dioxinas, PCB, y cemento y cristal pulverizados. “Esto es negligencia y un acto criminal poner a la gente en peligro”, dice Alex, quien reconoce que jamás hubiera entrado en el Punto Cero si hubiera sabido los peligros a los que se estaba exponiendo.

Los 25 compañeros de cuadrilla de Alex están enfermos con los mismos síntomas que él. De hecho, según un reciente estudio del Mt. Sinai Medical Center (MSMC) —la institución pionera en el tratamiento de las víctimas de la contaminación del Punto Cero— casi el 70% de los trabajadores está enfermo debido al contacto con el polvo tóxico. Miles de trabajadores latinos son víctimas de esta plaga. “De los 16,000 participantes en nuestro programa de monitoreo de trabajadores del Punto Cero, 3,000 son latinos”, dice el Dr. Rafael de la Hoz, especialista del MSMC. “En nuestro programa de tratamiento a enfermos del Punto Cero, los latinos constituyen un 33% de los pacientes, un poco más de 700”.

La falta de seguro médico entre los latinos agudiza esta crisis. “Un 40% de los participantes en el programa de monitoreo de salud carece de seguro médico”, indica el Dr. de la Hoz. “Entre los latinos el porcentaje es aún más alto, como un 75%, lo que los hace, por esa y muchas otras razones, un grupo particularmente vulnerable”. Alex está en ese 75%. Antes del 9-11, ganaba unos $600 a la semana. Hoy sólo recibe $143 semanales como compensación laboral, aunque en principio se le prometió $243. “Me siento como pidiendo limosna después de haber dado mi salud para ayudar a estabilizar Nueva York”, se lamenta Alex, quien a duras penas mantiene a su madre y a su hijo de cinco años.

Pero el futuro no es halagüeño. Los mismos estándares federales de respuesta a emergencias ecológicas como el 9-11 se pusieron en práctica después del embate del Huracán Katrina con las conocidas catastróficas consecuencias. Y esos estándares siguen hoy vigentes, gracias a la Administración Bush.

Con razón Alex dice, “Que Dios nos libre de otro mal como el 9-11”.

 

Un Remedio Peor Que la Enfermedad

Por Javier Sierra

Los seres humanos, en ocasiones, nos comportamos más como mulas tercas que como seres racionales. Y la aterradora resurgencia de la energía nuclear es un muy buen ejemplo de ello.

Empecemos por dejar claro que no sólo Estados Unidos sino la humanidad entera se enfrenta a un reto histórico: cómo detener el calentamiento global mientras se satisfacen las necesidades energéticas de una población mundial que supera los 6,000 millones de almas.

Con las reservas petroleras mundiales en rápido descenso, los precios del barril de rudo más altos de la historia y la región productora más importante del mundo, el Medio Oriente, en llamas, todos estamos de acuerdo en que tenemos que acabar con nuestra dependencia petrolera. Es decir, debemos encontrar fuentes alternativas de energía.

El problema se hace más agudo cuando el remedio que presenta la administración Bush, entre otros, es peor que la enfermedad. La Casa Blanca, supuestamente para combatir los peligros ecológicos de las plantas generadoras de energía de combustión de carbón, defiende que la solución es construir más centrales nucleares.

“Cambiar de las plantas sucias de carbón a la peligrosa energía nuclear es como dejar los cigarrillos para fumar crack”, dice Dan Becker, Director del Programa sobre Calentamiento Global del Sierra Club.

El potencial de accidentes en estas centrales —y en Estados Unidos tenemos 104 de ellas— es enorme. Y no hace falta limitarnos sólo al ejemplo de Chernobyl, en Ucrania, donde hace más de 20 años ocurrió la peor catástrofe nuclear de la historia. Hace sólo tres años, un reactor nuclear en Ohio, estuvo a sólo un quinto de una pulgada de acero de que ocurriera un escape que podría haber ocasionado un desastre. Asimismo, después del derretimiento parcial en 1974 de uno de los reactores de la central de Three Mile Island, en Pennsylvania, la limpieza de la instalación tardó 14 años y costó cerca de $1,000 millones.

Estas centrales, además, son un tentador objetivo para ataques terroristas. Si, por ejemplo, ocurriera una emergencia en la planta de Indian Point, en Nueva York —sobre la cual sobrevoló uno de los aviones secuestrados el 11 de septiembre de 2001— todas las personas en un radio de 50 millas deberían ser evacuadas; es decir, 20 millones de residentes. Recordemos que activistas de Al Qaeda, antes de los ataques, inspeccionaron plantas nucleares como objetivos potenciales.

Por si fuera poco, las centrales nucleares producen enormes cantidades de residuos radioactivos, una de las sustancias más tóxicas y peligrosas que se conocen. Cada central en Estados Unidos genera 20 toneladas de residuos al año, multiplicadas por las 104 plantas existentes, nos da un total de 2,080 toneladas anuales. En grandes dosis estos residuos pueden causar la muerte, y en pequeñas, cáncer y malformaciones genéticas. Además, conservan su toxicidad durante 200,000 años.

Yucca Mountain, un paraje en el estado de Nevada, fue elegido para depositarse allí unas 77,000 toneladas de residuos nucleares en cámaras subterráneas. Sin embargo, el proyecto está paralizado, entre otras razones, porque el lugar es geológicamente mucho más inestable de que lo que se pensó originalmente. Considere también que a Nevada llegarían envíos de residuos nucleares de 41 estados y cruzarían miles de ciudades y pueblos, quizá su ciudad o su pueblo.

Esta fuente de energía, asimismo, está considerada la más cara del mundo. Su existencia sería imposible sin los extravagantes subsidios del gobierno federal, $66,000 millones desde 1948 a 1998. El año pasado, gracias a la desastrosa Ley de Política Energética, esta industria recibió otros $13,000 millones en subsidios.

Toda esta lista de disparates se hace incluso más inexplicable si consideramos que existen fuentes de energía mucho más limpias, baratas y seguras. Si esos $13,000 millones en subsidios se hubieran destinado a construir turbinas de viento, se podrían haber instalado más de 20,000 en todo el país.

La industria automotriz ya tiene a su disposición la tecnología necesaria para que todos los carros y camionetas ligeras que construya rindan al menos 40 millas por galón. Si esto se pusiera en práctica —con los precios de la gasolina más altos de la historia— en 10 años nos ahorraríamos todo el petróleo que importamos del Golfo Pérsico.

Todas nuestras necesidades de energía eléctrica se verían cumplidas combinando mejores medidas de eficacia energética, con energía solar y de viento, turbinas de gas natural de alta eficacia y plantas de carbón limpias. Además reduciríamos al menos el 70% de las emisiones de gases que causan el calentamiento global.

Los remedios están ahí. Pero antes tenemos que curarnos de una condición llamada terquedad.

 

La Fruta Mortal de las Plantas Energéticas

Por Javier Sierra

Si hubiera un campeonato mundial de resistencia a la contaminación atmosférica, el sur de Chicago sería un serio candidato para convertirse en sede de la competición. Acá, dos barrios abrumadoramente latinos resisten con especial heroísmo este bombardeo diario contra la salud de decenas de miles de personas.

Se trata de Little Village (La Villita) y Pilsen, comunidades que sufren la pésima fortuna de estar especialmente cerca de dos arcaicas plantas de generación de energía, la Crawford —la mayor fuente de contaminación en Illinois— y la Fisk. Son dos de las seis plantas de combustión de carbón en Chicago, y entre todas han cometido más de 7,600 violaciones contra las leyes de aire limpio.

Pero ni la ley ni la limpieza son ideales a los que aspiran estos dos enemigos de la salud pública, especialmente en los meses de julio y agosto, cuando el calor y la humedad hacen del respirar un trabajo forzado para demasiados residentes.

“Estos son días pegajosos, de cielos blancos y aire rancio, cuando sientes la mugre de la polución y el polvo de carbón pegado a la piel ”, dice Kim Wasserman-Nieto, directora de la Organización de Justicia Medioambiental de La Villita (LVEJO), el grupo que a duras penas lidera la resistencia contra los asaltos de la contaminación. “La mayoría de nuestras familias con niños asmáticos tienen que cerrar las ventanas, y muchas de ellas no tienen aire acondicionado”.

Desde que empezaron a operar en la década de 1950, estas plantas prácticamente no han realizado ninguna mejora en las instalaciones ni han aplicado ninguna de las salvaguardas de la Ley de Aire Limpio de 1970.

En el caso particular de la planta Fisk, anualmente, sus chimeneas emiten 4,300 toneladas de dióxido de azufre y más de 2,300 toneladas de dióxidos de nitrógeno, compuestos que contribuyen a la lluvia ácida y actúan como abrasivos en los pulmones. El bombardeo químico también incluye 117 toneladas de partículas nocivas —causantes de enfermedades respiratorias y cardiovasculares— y 26 toneladas de compuestos orgánicos volátiles, conocidos agentes cancerígenos.

Según un estudio realizado por la Universidad de Harvard en 2000, las nueve plantas de combustión de carbón existentes en Illinois anualmente causan 300 muertes y 14,000 ataques de asma. Sólo en las comunidades aledañas a las plantas Crawford y Fisk, cada año la contaminación causa la muerte de 41 personas, 2,800 ataques de asma y 500 visitas a las salas de emergencia.

“Al menos una vez cada tres o cuatro meses las plantas causan emisiones ‘accidentales’ que en un radio de diez cuadras deja una capa de polvo de carbón en carros, casas y otras estructuras”, dice Wasserman-Nieto. “¿Y qué hacen las autoridades para aliviar este problema? Nada”.

Según un estudio del Procurador General de Illinois, ninguna de las nueve plantas de carbón del estado jamás ha recibido una citación a causa de  las violaciones. Las corporaciones dueñas de estas plantas han encontrado en la administración Bush a su mejor aliado.

En 2003, la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) decidió suspender sus investigaciones de 50 plantas energéticas en todo el país por violaciones a la Ley del Aire Limpio. Esto surgió a raíz de la decisión de la administración de “asegurar mejoras en la calidad del aire que sean económicas”.

Crawford y Fisk también se benefician de decisiones federales que permiten a plantas viejas y sucias evitar mejoras en sus instalaciones que reducirían sus niveles de contaminación.

Esta falta de acción nos perjudica especialmente a los latinos. Según estudios, los niños de familias con ingresos inferiores a los $20,000 anuales tienen el doble de probabilidades de contraer asma que los de familias más acomodadas. Asimismo, el 80 por ciento de los latinos vivimos en los condados del país con la peor calidad de aire.

Atacar este problema también tiene sentido económico. Según la EPA, en sus primeros 20 años, la Ley del Aire Limpio le ha costado al país unos $500 mil millones en mejoras, pero le ha ahorrado unos $22 billones en gastos médicos y laborales. Si estas plantas se atuvieran a los estándares de la Ley de Aire Limpio, se evitarían cerca del 70 por ciento de las muertes y ataques de asma.

Mientras tanto, en Little Village, Pilsen y en el resto de las comunidades alrededor de las 500 instalaciones exentas de cumplir con los estándares anticontaminación del siglo 21 en todo el país, cientos de miles de personas siguen recolectando la fruta mortal de estas plantas.

Como dice Wasserman-Nieto, “En La Villita, no hay un momento de respiro”.

 

El Termómetro Humano

Por Javier Sierra

Laura Pugliese, una argentina que vive en Miami, nunca pensó que su cuerpo podría convertirse en un termómetro, un termómetro de toxicidad cuyos niveles se elevarían a niveles insospechados.

Hace dos años, se enteró que el envenenamiento de mercurio es un peligro cierto para ella y millones de mujeres en edad fértil, y se decidió a someterse a una sencilla prueba, dar una muestra de su cabello. El resultado la dejó de piedra ya que su nivel de  mercurio excedía significativamente el máximo saludable adoptado por la Agencia de Protección Medioambiental (EPA). “Estaba planeando tener mi primer hijo y decidí seguir una dieta estricta de vegetales y frutas y la única carne que comía era la de pescado,” recuerda Laura. “¿Quién me iba a decir que lo que estaba haciendo era envenenando mi cuerpo?”

Resulta que el mercurio, en su forma más tóxica, el metil-mercurio, entra en el cuerpo humano a través del pescado. Y Laura, como millones de latinas más, consumía los tipos de pescado que contienen más metil-mercurio, el atún y el salmón.

Este veneno de gran toxicidad afecta el sistema inmunológico, altera los sistemas genético y endocrino, y daña el sistema nervioso. Pero el metil-mercurio es cinco veces más tóxico para el embrión, ya que puede causar graves problemas neurológicos y de aprendizaje, parálisis cerebral y hasta retardo mental. Los recién nacidos y los niños de corta edad son también especialmente vulnerables.

 “Al ver los resultados tuve que hacer un cambio drástico en mi vida”, recuerda Laura. “Decidí que no podía tener hijos. Era un riesgo demasiado grave”.

Un nuevo estudio confirma que el problema de Laura es en realidad una epidemia. El informe  —patrocinado por el Sierra Club y Greenpeace y publicado en febrero por la Universidad de Carolina del Norte— analizó muestras de cabello de más de 2,800 mujeres en edad fértil, de las cuales el 22.5% resultó tener niveles peligrosos de mercurio.

El sondeo confirma un informe previo de la EPA que asegura que hasta 630,000 bebés nacen cada año en Estados Unidos con peligrosos niveles de mercurio en la sangre. Dado que la tasa de natalidad de las latinas es la más alta del país, nuestras familias son especialmente vulnerables a los efectos de este veneno.

¿De dónde viene este mercurio? La mayor fuente son las plantas energéticas de combustión de carbón, las cuales emiten toneladas de este veneno cada año. El mercurio cae en forma de lluvia a arroyos, ríos y lagos, donde se convierte en metil-mercurio y es absorbido por los peces y el marisco.

La situación alcanzó niveles de crisis en 2004 cuando la EPA y la Administración de Alimentos y Medicinas emitieron una alerta de mercurio para aconsejar a las mujeres en edad fértil, las embarazadas y las madres lactantes que no comieran determinados tipos de pescado para evitar el envenenamiento.

Además, 45 estados han emitido advertencias similares; y de los cinco con más contaminación de mercurio, tres de ellos tienen una elevada población latina —Florida, Illinois y Texas.

Irónicamente, ya existe la tecnología necesaria para prácticamente eliminar la contaminación de mercurio. Lo que falta es la voluntad de implementar estándares ya existentes por parte de la administración Bush; y esto, Laura dice, es inaceptable. “Como ciudadana de este país y de este planeta esta actitud del gobierno me enfurece”, dice Laura. “Ya tenemos las soluciones para cortar esta epidemia. Creo que es vergonzoso lo que están haciendo contra el medio ambiente, que es lo que nos mantiene vivos a todos”.

 Hay sistemas que podrían reducir las emisiones de mercurio en un 90% y que a la industria generadora de energía le costaría implementarlos menos de un 1% de sus ingresos.

Sin embargo, esta industria prefiere invertir su dinero en influenciar a la administración para cambiar la ley que, si se dejara en paz, reduciría las emisiones de mercurio en un 90% para el año 2008.

A cambio, la EPA anunció una regla que permite a las plantas de carbón emitir tres veces más mercurio de lo que exige la legislación actual.

Está claro que a esta industria y a la administración Bush no les preocupa que millones de mujeres se conviertan en termómetros de toxicidad. Le recomiendo entonces que si es mujer en edad fértil se haga la prueba del mercurio al igual que Laura. Visite www.sierraclub.org/ecocentro para enterarse de los detalles y de qué pescados se pueden o no comer.

 

"Tufo" de Corrupción

Por Javier Sierra

A todos les habrá llegado el tufo a podrido procedente de Washington, DC. El cabildero republicano Jack Abramoff, quien este mes se declaró culpable de varios crímenes, parece ser sólo la punta del iceberg de una de las peores oleadas de corrupción en la historia del gobierno federal. Parece que de la cúpula del Capitolio se ha colgado un cartel que dice: “Se Vende al Mejor Postor.”

Parte de este hedor proviene de la oficina de uno de los representantes más poderosos de la Cámara Baja, el republicano por California Richard Pombo, uno de los peores enemigos del medio ambiente y de los intereses de la comunidad latina.

Desde su privilegiada posición como presidente de la poderosa Comisión de Recursos, Pombo ha declarado la guerra contra el agua, el aire y los entornos naturales —el patrimonio de todos y la herencia más rica que recibirán nuestros hijos.

Pombo —un descendiente de inmigrantes portugueses, y por tanto, miembro de la comunidad latina— se adhiere al concepto de que la política es el arte de convencer a todos para poder beneficiar a unos pocos. Y su larga lista de atrocidades contra el medio ambiente así lo demuestra.

Este terrateniente del Valle de San Joaquín, California, ha lanzado una ofensiva por acabar con la prohibición del uso de uno de los pesticidas más tóxicos que se conocen, el bromuro metílico. Si Pombo se sale con la suya, decenas de miles de braceros hispanos quedarán expuestos a los mortales efectos de este veneno, incluyendo cáncer y defectos de nacimiento. Además, el bromuro metílico es un devorador de la capa de ozono, la que nos protege contra los rayos nocivos del sol.

En 2005, Pombo intentó poner a la venta 15 parques nacionales —terrenos públicos que a todos nos pertenecen— para “reducir el déficit federal”.

Usando trucos legislativos más propios de un tahúr que de un servidor público, está tratando que las costas del país y el Refugio Artico Nacional de Vida Silvestre —uno de los pocos tesoros naturales prístinos que quedan en nuestro país—  se abran a  devastadoras explotaciones petroleras y de gas.

Por medio de otro apaño, en diciembre Pombo implantó una oscura cláusula en el presupuesto federal que hubiera permitido poner en venta millones de acres de terrenos públicos a precios ridículamente bajos a urbanizadores, compañías mineras y otros intereses industriales.

Desde que llegó al Congreso en 1994, Pombo se ha propuesto desmantelar la Ley de Protección de Especies en Peligro —la misma que ha salvado de la extinción a cientos de especies animales y recuperado otras como el águila calva y el oso grizzli— dejando desprotegido su hábitat natural.

Todas estas iniciativas de Pombo, y varias más, contradicen de plano los valores de la comunidad latina. Según un estudio de la revista Time, el 87% de los latinos cree que el medio ambiente es un tema muy o extremadamente importante. Otra encuesta realizada en el suroeste del país por Bendixen & Associates indica que el 71% de los latinos cree que preservar la naturaleza es un valor no solamente familiar sino también religioso.

Increíblemente, Pombo insiste que sus propuestas legislativas tienen un solo propósito, proteger al débil. Pero si revisamos quiénes son sus donantes y benefactores —compañías petroleras y de gas, conglomerados agrícolas, casinos y empresas de bienes raíces— no es de extrañar que el grupo Ciudadanos por la Responsabilidad y la Etica en Washington lo haya nombrado uno de los políticos más corruptos de la capital.

Según documentos obtenidos por el diario Los Angeles Times, Pombo supo cómo devolver los favores de su protector, Tom Delay, el ex líder de la mayoría republicana de la Cámara Baja, ahora envuelto en un intenso escándalo de corrupción. Usando su poderosa posición, Pombo logró que se suspendiera la investigación federal que le hubiera costado $300 millones en multas a un donante de su campaña y amigo de Delay, el millonario texano Charles Hurwitz.

Pombo resulta ser también un compadre de Abramoff. Después de aceptar contribuciones de este corrupto cabildero, Pombo se negó a que su comisión se uniera a las investigaciones federales de venta de influencias de este criminal confeso.

El poder absoluto corrompe absolutamente. Y a juzgar por el tufo de corrupción  procedente de su oficina del Congreso, este es el caso del Representante Pombo. Tan intenso es el hedor que todo parece indicar que finalmente ha llegado a su distrito electoral.

 

 

Nota: La opinión de los columnistas no necesariamente es la opinión de este medio de comunicación. Las opiniones son de pura y exclusiva responsabilidad del columnista.

 

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